¿Conoces las reglas de la nomenclatura binomial para conformar los nombres científicos de las criaturas que habitan la Tierra y cuándo y por qué se dictaron? ¿Sabías que el protozoo Pentadinium galileoi tiene una forma que recuerda al planeta Saturno con sus anillos y por eso se apellida Galileo? ¿O que Syracosphaera azureaplaneta es el nombre de un protoctista dedicado al documental Planeta azul del celebérrimo David Attenborough? ¿Y que hay una tortuga fósil llamada Psephophorus terrypratchetti, debido a la fascinación por los quelonios del creador de la saga Mundodisco, Terry Pratchett? ¡Sumérgete en un viaje alucinante a través del maravilloso mundo de la nomenclatura científica! En El arte de nombrar la vida, Carlos Lobato te invita a descubrir las asombrosas historias que esconden las denominaciones de las especies que pueblan o han poblado nuestro planeta, por medio de un relato divulgativo y esclarecedor que revela la enorme trascendencia de un acto tan potencialmente creativo como el de poner nombre. Con casi dos millones de especies descritas, y quizás con millones más por encontrar, nombrar se convierte en una responsabilidad capital tras el descubrimiento de una nueva especie. De la mano de las palabras que las designan, percibimos y entendemos la complejidad y diversidad de la naturaleza que nos rodea. Esta obra nos adentra en el proceso de la denominación científica con ejemplos, anécdotas y un fenomenal elenco de personajes históricos, mitológicos y literarios como protagonistas. A lo largo estas páginas viajarás por rincones, grietas y cajones de viejos museos de historia natural; visitarás mundos extintos habitados por fabulosas criaturas; observarás el hilo que conecta familias, géneros y especies y sus diferentes nombres; y constatarás de qué modo el mundo ha tomado forma ante nuestros ojos y nuestras mentes gracias a la taxonomía científica. Lobato explora y nos presenta cada faceta de este apasionante y desconocido arte, el arte de nombrar la vida. «El arte de nombrar la vida es el libro definitivo de la historia de la taxonomía». Eugenio Manuel Fernández «Solo alguien con el superpoder didáctico de Carlos Lobato podría afrontar una aventura como la que tienen en sus manos. El arte de nombrar la vida es un libro de libros, un huracán de profundo conocimiento de la naturaleza mezclado con decenas de referencias de la cultura popular. Original e imprescindible». Daniel Torregrosa
Voy a ser sincero con todos vosotros. Este libro merece las estrellas que le coloco, pero no se lo recomendaría a casi nadie. La frase café para los muy cafeteros es de las más asquerosas que ha concebido el imaginario humano, si al menos rimara mejoraría, como las películas erótico-festivas de los años setenta, pero describe a la perfección lo que es este libro. Hay mentes humanas que adolecen de lo que se llama el síndrome de Lou Ferrigno, esto es, no recordar que comiste el día anterior pero sabes quien es Lou Ferrigno. Yo soy una de esas mentes, y esta clase de configuración cerebral anómala, esta afección que te desconecta de tus semejantes, es una característica habitual, más bien necesaria, para el zoólogo o biólogo evolutivo. Porque, siendo honestos, si una persona es capaz de pasar horas enteras observando al microscopio la curvatura de las patas de una mosca, o aprendiendo polisílabas mezcla de latín y griego macarrónico que hacen referencia a dinosaurios de más de 20 toneladas y las chinches de los libros, es por vocación absoluta y un puntito de locura; y si amas tu trabajo de manera tan obsesiva y metódica cómo no vas a amar de igual forma el resto de aficiones que configuran tu personalidad, y cómo no van a ser estas aficiones tan concretas, específicas y ajenas al común de los mortales como el reducido campo al que estas dedicando tu vida.
Con esto quiero decir que no os extrañe que todos, TODOS, los científicos seamos unos putos frikis: si la ciencia es nuestra pasión.
Este libro trata de eso, de cómo el ser humano, desde la época de Carlos Linneo, el naturalista sueco que inventó la nomenclatura binomial gracias a la cual damos nombre a los seres vivos de nuestro planeta, y lo tercero mejor que ha dado Suecia al mundo despues del Billy del IKEA y ABBA, ha asignado a cada animal, planta, hongo, paramecio, bacteria y virus un nombre único e intransferible según el criterio personal del científico de turno, que, dado a lo que expuesto en el primer párrafo, puede ir desde lo convencional, a saber, un rasgo característico y observable del ser en cuestión, a lo más extravagante, como tu actor de drama coreano favorito.
El titánico esfuerzo que Carlos Lobato ha llevado a cabo para recoger todos los nombres científicos con alguna referencia oculta e interesante es digno del más sonoro y prolongado de los aplausos, y todo nuestro gremio debería premiar su labor dándole su nombre específico a la siguiente avispa que se descubra en lo alto de un chopo endémico de la sierra de Guanaquero, Chile.
Eso sí, solo por ser quisquilloso, defecto derivado de esta naturaleza obsesiva inherente al científico, comentaría algún que otro gazapo que ha aparecido a lo largo del libro con la esperanza de que sean más fáciles de corregir de cara a futuras ediciones. Benedetti es un escritor uruguayo, no chileno, y Lovecraft en absoluto tuvo como pretensión crear una mitología para sus creaciones terroríficas, esa fue labor de sus colegas juntaletras. Y la princesa Mononoke es una película de 1997, no 1987. Estas son las únicas chominaditas que he logrado detectar yo, lo que no significa que no haya más. Con esto no quiero demeritar el trabajo del autor, en absoluto, porque he disfrutado enormemente de la lectura.
Es cierto que puede llegar a saturar porque tiene muchísima información, pero leerlo poco a poco ha sido la mejor decisión que he tomado. He aprendido historia, cine, literatura, mitología y mil cosas más a través de mi gran pasión: la biología. Gracias a esta lectura, ahora puedo ver mucho más allá cuando leo el nombre de cualquier ser vivo, cosa que me ha servido tanto personalmente como me servirá profesionalmente, cuando sea profe de Biología y Geología... Por ello, se merece cada estrella que le doy👏🏻✨
Ha sido un libro que he tardado en leer, porque llegaba a saturar por un poco. Pero quitando esto, es un gran ejercicio el que ha hecho el autor, creando un libro más que de ciencia, de divulgación sobre cualquier tema. Al final la taxonomía es lo de menos, son todos los secretos que guardan los nombres. Y es acojonante el trabajo que se ha hecho para recoger todos estos nombres y encadenarlos entre ellos y dar pie a contar el porque de ellos.