Para rendir sus mejores frutos, la filosofía ha de surgir de la experiencia viva y constituirse como un discurso coherente y lúcido. En esta convicción fundaron sus esfuerzos intelectuales los integrantes del grupo Hiperión, que apareció en la escena cultural de México alrededor de 1947; entre ellos destacaba, por su clara inteligencia y sus dones como expositor, el pensador Jorge Portilla (1918-1963). Las reflexiones en torno a las peculiaridades de la realidad mexicana, llevadas a cabo por este audaz filósofo, alcanzaron una suerte de culminación en el texto ensayístico que abre estas páginas.
Cuando conocí a Volpi y le mostré este libro me dijo que era una lástima que no se leyera ya. Lástima por México y Latinoamérica porque se están perdiendo de mucho: del relajo, que es lo que en Colombia llamamos parchar, en este caso como asunto del pensamiento.
En esta época (si, siempre hay alguien, muchos, que hablan mal de su época) en esta que me tocó precisamente a mí, llena de solemnes pendejos y esta deriva de la cursilería (véase el 80% de la narrativa colombiana que es lo mismo que hay en las vallas publicitarias: cursilerías de perros amaestrados, pelos dizque rebeldes, cuerpos flacuchos cómo el de Timothée chalamet, versitos eslógan). Cosas no relajadas, cosas no parchables, cosas apretadas (revisese la etimología de ansiedad, esa cosa que agobia a tantos y nos los culpo); entonces este libro es suelto y puro relajo que es reírse en parche en medio de situaciones ceremoniosas y afectadas, cómo yo me reí mucho con una amiga del contenido falsamente dramático de unos muchachos llorando por un corte de cabello en medio de un evento astrológico equivocado: una luna nueva muy bonita.