Después de la ruptura, Siena solo quería regresar a casa y descansar, pero su organismo tenía una idea muy distinta. Ardía en deseo, su cuerpo palpitaba necesitando el cobijo de un macho que la dominara como tanto quiso durante mucho tiempo.
Estaba caliente como nunca lo estuvo, y todo gracias a querer complacer a su expareja y… ¿Para qué?
Creyó que se incendiaría sola, necesitando unas manos masculinas que satisficieran su concupiscencia, hasta que su hermanastro se apropió de su cuerpo para someterla.