La hija del delta es una aventura distópica protagonizada por una niña en el Delta del Paraná. Julia es una adolescente que sobrevive en las islas del Tigre después de una catástrofe y que encuentra claves para cambiar su presente y el de la humanidad.
De vuelta a Venecia, nuevamente en Venecia. El tópico del desastre ecológico se ha vuelto, lamentablemente, cada vez más frecuente en la literatura. No porque se escriban malos libros, sino porque estamos oliendo el incendio final cada vez más cerca. Venecia, entonces, ha sido representada en La Sequía, de Ballard, La Carretera, de McCarthy, y ahora, en La hija del Delta, de Bruno.
¿Cuál es la novedad que trae esta novela? Bien, es una novela mesurada, con una trama muy hermosa. Si bien el mundo está hermanado con el espíritu de fracaso de la civilización que exhuman las otras dos novelas mencionadas, hay algo en la escritura de Alejandra Bruno que se distancia de ambos, y creo entender qué es: Alejandra es mujer y es argentina.
Hay en la visión de humanidad inglesa y norteamericana una concepción inherente a sus sociedades de que el hombre es un lobo para el hombre y de que Dios elige solo a los victoriosos. Eso configura sociedades muy individualistas y para nada solidarias. Argentina tiene una población que, si bien convive con mentalidades cipayas que comparten esa visión, aplica otra normativa de la visión de humanidad. La idea de solidaridad y justicia social, que sectores horrendos quieren eliminar desde siempre, perdura. Y acá hay una muestra de ponerle fe a la comunidad y no a lo individual. Cada uno es valioso porque puede ayudar a otra persona, que a su vez, también puede ayudarle a uno mismo.
Por otro lado, Alejandra es mujer y la concepción femenina de mundo es mucho menos agresiva que la que pueda tener un varón. Esto, lejos de parecer una apreciación naif sobre ella (o la escritura femenina), creo que es cada vez más necesario para sobrellevar la angustia y los tiempos cada vez más duros que se nos presentan. Hesse, en Narciso y Goldmundo, plantea la idea de fracaso de Europa por haber perdido a la madre, por quedar huérfano de madre. Esto no es menor para entender la conexión con la Tierra y la sociedad.
La hija del Delta es una niña en los límites de la adultez que busca una conexión con lo que aún pueda salvarse, fecundarse de un mundo que fracasó en su lógica. Si las lógicas del pasado no sirven, bien, hay que dar varios pasos atrás y barajar de nuevo. Y en ese barajar de nuevo, Alejandra nos advierte sobre la importancia de que las mujeres tengan un papel capital en un mundo por fuera del capitalismo.
¿Hacia dónde vamos? Imposible saberlo, pero rescato la idea de que no debemos perder esa esperanza que brilla tanto en el libro de Bruno, a diferencia de los otros dos citados.
Uno de los mejores libros que leí este año. Verdadera delicia. Una defensa de la solidaridad y el valor de la comunidad frente a la distopía que nos engulle. Trata temas tan pertinentes como la crisis climática, la memoria individual y colectiva, y la disidencia frente a la necropolítica. Muy, muy recomendada su lectura para jóvenes y adultos.
Es la primera vez (creo) que leo un libro de este estilo y realmente me encantó. Lo recomiendo mucho. Inclusive están hacienda un videojuego de esta historia no tan distópica.
Escribir otros mundos, escenarios distintos, tiempos imaginarios. Parafraseando a Toti y Pipina, la literatura y la creatividad como vehículo para decir lo que no podemos decir de forma expresa. La memoria, la vida, la muerte, la fiereza y las pulsiones más vitales en el marco de un escenario distópico en el que uno llega a sentirse tan incómodo como, por momentos, a gusto. Si Hobbes y Rousseau hubieran optado por la poesía, quizá Julia podría haber sido una niña en medio de esos “estados de naturaleza”. Pero no, por suerte esa niña viene de la cabeza de Alejandra Bruno y es muy argentina, con todo lo que eso implica. Se cuestiona, cuestiona y no se conforma con su identidad ni con su entorno.
En síntesis, me encantó. Me puso muy feliz no solo leer literatura de altísima calidad, si no saber que hay aún en la creatividad de nuestras/os artistas formas de pensar el mundo donde priman el humanismo y el sentido de comunidad.
Brutal, hermoso, muy bien escrito. Se inscribe en la tradicion de apocalipsis y destruccion, con el foco en relaciones humanas, esperanza, desconfianza y choques.
En esa linea de "La Carretera" y "Cualquier lugar es bueno para morir" (perdon el autobombo), y muy atrapante