Hace poco menos de un siglo, Paul Valéry advertía de que los sueños no son poesía, pues las figuras que se forman al azar no son necesariamente armónicas, pero también afirmaba que la invasión de la conciencia por las imágenes inesperadas del sueño o de la inspiración repentina sí puede ser la mecha, el impulso hacia la poesía. Es a partir de esa invasión desde donde José Ovejero construye los poemas de Caminar con los ojos vendados.
Una imagen o una sucesión de palabras que surgen inesperadamente en la duermevela son el núcleo desde el que empieza a escribir, reelaborando lo informe para encontrarle una forma pensada. Después de poemarios como Mujer lenta y de Nueva guía del Museo del Prado, en los que Ovejero construía sus poemas a partir de la experiencia ajena —de historias contadas en los cuadros o de una mujer que supuestamente escribe Mujer lenta—, ahora regresa a esa que en principio es la fuente principal de la poesía contemporánea: la expresión del yo. Pero no se trata aquí solo de bucear en el inconsciente para extraer contenidos íntimos, sino que la experiencia subjetiva se pone en el contexto del mundo que la rodea. No hay un yo que comunicar si no hay un nosotros, no es posible la emoción duradera si no es compartida.
Caminar con los ojos vendados nace de esas dos tensiones: entre lo inconsciente y lo premeditado, y entre lo íntimo y lo común. Por eso sus imágenes, por oníricas que puedan parecer a veces, no son el monólogo de un autor ensimismado, sino una forma de conversación: contigo, lector, lectora.
Nacido en Madrid en 1958. Licenciado en Geografía e Historia. Ha vivido varios años en Alemania y Bruselas y vive en la actualidad en Madrid.
Ha publicado novelas, libros de cuentos, poesía, teatro y libros de viajes. Ha recibido los premios Ciudad de Irún de poesía, Grandes Viajeros de libros de viajes y Primavera de novela.
Sus artículos y relatos han aparecido en diferentes periódicos y revistas, tanto en España como en el extranjero.
Ha dado conferencias en universidades e instituciones culturales en España, Italia, Estados Unidos, Bélgica, Francia, Argentina, Ecuador, México y otros países.
Es miembro de la Asociación Internacional de Literatura y Cine Españoles Siglo XXI (Alces XXI)
Esta es mi primera lectura de Ovejero, que tiene más fama como novelista y cuentista, y quizás no sea el libro más adecuado para conocerlo. No quiero decir que sea malo, pero se nota que es un escritor más acostumbrado a la prosa y, por lo mismo, quizás convendría empezar a leerlo por ese lado.
Las ideas de sus poemas, y algunas de sus imágenes, son interesantes. La forma en que están escritos, un poco como sueños, un poco como poesía narrativizada, hace que sea fácil adentrarse en ellos, como si fueran historias más grandes. Pero hay algo en su estilo que me hace ruido. Quizás la forma de plantearlos es un poco redundante, como si le faltara confianza en el lector. Quizás por eso algunos se sienten largos o se luce en los más breves. De todos modos, le daría otra oportunidad, pero esta vez por el lado de su narrativa.
Mi primer libro de Ovejero y quedé muy satisfecha. Me gustaron sus metáforas y su estilo profundo, pero fresco. El último poema me pareció muy interesante.
Tocar fondo tiene su encanto. Y además es seguro el fondo existe, es una ley de la física y de los enamoramientos Mientas que la cúspide es una de aún por demostrar.