Tras varios años de distancia, Ignacio siente el llamado de su provincia natal. Una tragedia familiar apura el regreso: Ignacio sabe, con el horror que procura la certeza, que este nuevo mal también tiene su causa en la maldición que su abuela arrastró desde Paraguay. Siempre con la protección de la Virgen de Caacupé, de la que es promesero, Ignacio sortea los peligros de un territorio que, aunque lo vio crecer, no deja de sorprenderlo. En La Caacupé, su primera novela, Facundo Giménez construye un mundo donde la nostalgia es un vicio hostil y, entre los yuyos, los muchachos pueden cruzarse con un pombero buscón. Un realismo que resulta mágico porque, ante todo, es un realismo marica.
// A favor: tiene una historia que solo puede contar un tr0lo que vivió en Formosa, ahi radica el principal valor. Por momentos el personaje principal encuentra su voz, que rinde más en los momentos “de ternura” que en los que son innecesariamente turbios. Hay una ternura que no se anima a salir por miedo a parecer débil. // En contra: escritura descriptiva realista tipo “taller literario” (tipo Carver pero mal hecho). Exceso de oraciones cortas que, lejos de alivianar, entorpecen. Momentos sórdidos innecesarios y no es pacatería, podría haber tirado munición gruesa con el Pombero en vez de distribuirlo random por todo el argumento. Demasiados nombres de personajes, parecidos, que no están bien caracterizados (llega un momento que no sabés quién es quien salvo el protagonista y el antagonista). Además de la voz del personaje principal hay un narrador, que tiene una voz casi igual, indiferenciada, entonces se mezclan. La solución del editor fue… cambiarles la tipografía (hay una tipografía con serif cuando habla uno y otra más moderna cuando habla otro). Muy amateur. Podría ser una gran novela si el autor fuera más ambicioso y en vez de querer agradar a las cuatro o cinco locas que conoce, se piense a sí mismo como un escritor profesional y tome menos decisiones de aficionado. El potencial lo tiene pero, como diría Moria, corre el riesgo de ser solo “chiquitaje”.
Tremenda historia. Se lee rapidísimo y es súper envolvente. Crea un estado de realismo mágico creíble, dando detalles, imágenes precisas, un lenguaje crudo y sensible. Es una historia que se siente queer (porque lo es), por el lenguaje que usa, por las vivencias. Nadie más podría escribir esta historia, y eso es lo que le da tanto valor.
En la escritura de Giménez, las fronteras entre lo real, lo místico y lo imaginario se vuelven tan porosas como las que dividen a la Argentina de Paraguay.