Roberta Iannamico vuelve de los paseos con sus colectas diarias para avivar el fuego, corazón del hogar: amistad, alimento, visiones, flores, conocimiento. Se raspa en el intercambio asombroso con los seres que comparten su hábitat, donde todo lo viviente tiene algo que enseñar. Andando los cerros, arroyos, montañas, ríos, llanuras, mares y bosques, los poemas abren caminos de justicia y belleza.
Poemas que son Glimpses of Beauty como decía Mekas. Lo pequeño cotidiano primero conmociona, después despierta una furiosa voz dionisíaca, a veces. Es una niña de moñito rosa y es una walkiria punk. El lirismo desborda sereno. En una hormiga, en el pasto, en una planta, en una birome sin tinta que escribe poemas de aire, en el cielo azul. En el sol supremo. Las cosas siempre son mucho más. Alcanza con detenerse un momento / corre el agua fluye / si diluvia su energía / es descomunal // p. 60. / veo / las gotitas de rocío / colgando de las ramas / p. 51. Y despierta Hyde. O Jekyll que es lo mismo / meo en la calle / vomito en la calle / soy medio salvaje a veces / medio rockera / medio loca del hospicio / medio cualquiera // p. 68. No se trata de descubrir la belleza. Se trata de poder tratarla. Gestionar lo infinito desde lo finito. El arte de escribir al sol.