Llegué a “La última sauna del mundo” con el recuerdo todavía fresco (y tiene mérito después de casi dos años) de “Lodo”, aquella novela que, bajo la apariencia de un thriller veraniego convencional, escondía un texto mucho más psicológico y metaliterario. Algo parecido sucede aquí, aunque Azcona juega otra partida: bajo el disfraz de una pequeña odisea en plena pandemia, con dos hombres que emprenden un viaje improbable desde Navarra hasta Sevilla en busca de la supuesta “última sauna” abierta en la España confinada, se despliega un libro mucho más complejo de lo que podría sugerir su premisa inicial.
De nuevo, el autor demuestra que no le interesa el camino fácil ni la narración lineal. Lo que empieza siendo la historia de una búsqueda casi anecdótica termina diluyéndose en un tapiz de recuerdos, confesiones y relatos intercalados, como si la carretera abriera puertas a otras vidas posibles. Igual que en “Lodo”, el misterio aparente acaba siendo un vehículo para hablar del interior del narrador: de sus inseguridades, sus fantasmas y su necesidad de dotar de sentido a lo que vive. El resultado es una novela breve, pero sorprendentemente densa, que juega con esa frontera entre lo vivido y lo narrado, entre lo que ocurre y lo que la mente decide contarse a sí misma. La novela juega con la tensión entre lo real y lo narrado: no es simplemente lo que ocurre en la carretera, sino lo que cada personaje construye en su cabeza —una vida moldeada por hipótesis, miedo, deseo, omnipresencia del pasado. Esa ambivalencia entre lo cierto y lo supuesto, esa duda existencial sobre quién conoce realmente al otro, produce una atmósfera inquietante y hermosa a la vez.
No es, tampoco, un libro redondo —y lo digo en el mismo sentido en que lo señalé respecto a su debut—. Hay momentos en los que uno desearía que ciertos personajes o pasajes se desarrollaran más, que la voz del narrador se expandiera un poco más allá de sus silencios. Pero, paradójicamente, ese margen de mejora es una buena noticia: confirma que Azcona sigue creciendo, que no ha tocado techo, y que cada novela le sirve para afinar una voz narrativa cada vez más consolidada.
“La última sauna del mundo” viene envuelta en un cuidado que se agradece: se nota la dedicación de Dos Bigotes en la presentación y el mimo editorial. Recomiendo sin dudar este libro: tanto para quien busque una lectura ágil y envolvente, como para quien quiera algo más que una simple historia de carretera. Azcona logra, otra vez, levantar una novela breve pero profunda, con una mirada personal que invita a seguir de cerca su trayectoria.