Esta novela narra los intentos de Cobra, la más hermosa travesti del Teatro Lírico de Muñecas, por reducir el tamaño de sus pies. Para ello recurre a distintos métodos, pero lejos de dar los resultados esperados, todos estos procedimientos vuelven sus uñas de un color “morado lezamesco”, las plantas se cubren de llagas verdinegras y, finalmente, hacen brotar de ellos una “enana blanca”, la pequeña doble o excrecencia de Cobra.
Cobra es una obra sorprendente y rupturista en muchos sentidos, no sólo porque aborda asuntos que, en los años setenta, cuando fue publicada por primera vez, eran todavía bastante excéntricos al canon literario latinoamericano, como el travestismo, las drag queens, la homosexualidad y hasta el budismo, sino también por su increíble lenguaje, inspirado tanto en el barroco español como en la musicalidad del habla cubana. La prosa de Sarduy mezcla distintos idiomas, es rica en fantásticos neologismos, imágenes hiperbólicas (grotescas o suntuosas), hipnóticas sonoridades esdrújulas, resonancias darianas y herencias lezamescas.
La presente edición de Cobra, novela central en el corpus del neobarroco latinoamericano y marginal respecto al boom, abre a los lectores de hoy la oportunidad de revisitar o descubrir una obra inagotable.
Severo Sarduy was a Cuban poet, author, playwright, and critic of Cuban literature and art.
Sarduy became close friends with Roland Barthes, Philippe Sollers, and other writers connected with journal Tel Quel. His third novel, Cobra (1972), translated by Sollers won the Prix Medicis for a work of foreign literature in translation. In addition to his own writing, Sarduy edited, published and promoted the work of many other Spanish and Latin American authors first at Editions Seuil and then Editions Gallimard.
In Sarduy's 1993 obituary in The Independent, James Kirkup wrote, "Sarduy was a genius with words, one of the great contemporary stylists writing in Spanish. ... Sarduy will be remembered chiefly for his brilliant, unpredictable, iconoclastic and often grimly funny novels, works of a totally liberated imagination composed by a master of disciplined Spanish style. He encompassed the sublime and the ridiculous, mingling oral traditions with literary mannerisms adopted from his baroque masters.
Sobre lezamesca estupa, pagoda dorada de kilates bigger than life, se sentó el Autor y dispuso palabras de un tesauro infinito, de un diccionario tornasolado extraídas. De una fuente que no permanecía oculta pues la citaba, no sin burla, detenido el vómito, apeándose un segundo del sueño, en página exterior, con humildad y una soberbia elefantiásica, además. Otras bibliografías fueron también brevemente mentadas, acompañadas de carcajeo. El clásico popular. Reconoce que eso sí, admítelo. No emprendas el vuelo aún. Las alas sirénidas de popper espolvoreadas no las despliegues. No apliqué los curetajes.
Sobre tan escatológica edificación bendijo el Literato el chorreo, de semen, de sangre diamantina salpicada en el interior apergaminado del viejo formato libro —pues como novela nació con la forma equivocada, por muchos dos actos que tenga—, arremolinado, aleatorio, finalista se llegó a pensar en léxico místico, imparable —el presentarlo maquillado de fragmentos independientes, con brillos del cristal emplastado a mediodía, no se consideró. Físico ardoroso nunca metafísico. Divino. Corre. Versos se escribieron. Pese a todo, títulos de capítulos, emplazamiento publicitario antes de existir, sin solución de continuidad expulsó a quien agitó el pomo, introdujo la planta hasta el alto del tobillo. Prímulas, petunias, hasta mimosas: tomen esto, síganme. A mucha distancia; otra manera no hay. Corre, se va el lenguaje, la ocurrencia, el milagro indiscutible está a punto de llegar.
Postestructuralistas se reunieron. Celebraron congresos franceses, creyeron descifrar la imposibilidad de desencriptar las desbordantes perífrasis barrocas, se apropiaron del hipérbaton perenne. El Literato dispuesto observaba desde arriba, entre ellos, entre el techo de un escenario pintado de cielo y el suelo revuelto, envuelto en vegetaciones siempre en flor; cuando primavera era, digo. Se recomendó silencio. Se calló. Hubo risas. Las suyas las primeras, las últimas. De diversión oxidadas. También dolor, odio, la tragedia del dioniso, de lo dionisíaco que puede o no ser. Se acerca el cambio. Ahí vienen cuatro penes, un perdón —entre paréntesis.
Caza el Autor a Cobra, muñecas fueron emasculadas, figuras recuperaron sus pies de los que se arrancaron búcaros, de los búcaros se sacaron los pies se entiende. Allí viene, con él habla. Sobre la página el Lector, colgante, babea indigencia, observa sus espaldas pustulosas, eróticamente finas. Partes traseras manoseadas. Se eyaculó hacia dentro, desde fuera. Después, desde arriba, se vio cómo el húmedo manjar emergía azul ahora, proyectado contra el desierto rojo del que, en origen, había procedido, intacto. Intacta: la mujer.
No a las palomas concedió Sarduy, tal el nombre del Autor era, besar el intelecto del Lector, pacer sobre su cultura literaria, apaciguarse montado en el breve cerebro humano. Se prefirió la reunión en las altas esferas —lo son todas, darling. Se invitó a Derrida, bebió con Maitreya sin entender de qué iba el asunto del más allá, de los muertos, del embalsamar la muerte. Se escribió, se leyó de corrido, se recitó empleando tres reencarnaciones para entonar, comprender cada uno de los sustantivos. Gautama, Sakiamuni, Siddharta, o lo que es el mismo el Buda metamórfico la propuesta aceptaron. Libaciones se cancelaron, banquetes celebrados culminaron en la visión. Lo surrealista se recuperó, entre bambalinas; el telón dejó ver al caer el truco, el indio, la América. La transformación no se completó; acaso sí el cambio.
EL LECTOR: ¿Y yo? Jodorowsky, ¿qué tomaste? ¿A Burroughs, viejo, llamaste joven? ¿Que de concienzudo barroco, de sinónimo tantas veces justo, tantas pinchudo te empachaste? ¿Escalas la montaña sagrada, bailas sobre tachuelas, vino ya el rock progresivo? ¿Te acuerdas? No estás solo. Sé que me amas.
EL LITERATO: Ven, que te dé. El néctar fue cultivado siete meses y mil noches, hidromiel añadida en la postrera hora. Polvo de loto, rubíes verdes, rosas rosas. El Libro de los Muertos escrito por los vivos. Abre la boca —y se vertió.
Este el libro que me hace sentir vivo. Quizá no podría explicar ni parcialmente todo lo que significa, pero si puedo decir que la lectura de Cobra--sin exagerar--es una corriente eléctrica solo análogable a la producida por ese trap cochino con/sin letra perceptible por culpa de una música que mientras se asoma, asesina y deja manchas intencionalmente. Cobra--pa mi-- es esa neblina que inquieta y da gusto atravesar, a ratos con cuidado, a ratos con desenfreno. Lo que hay detrás no me decepcionó pa na; una larga elegía disfrazada de goce, intento irrestricto por extender el hito breve hasta más allá de cualquier límite conocido. La historia y los personajes conciernen a una historia por el mero hecho de aspirar a lo imposible, que aquí, es posible. Como es posible ser la raíz cuadrada de uno mismo, constelación de uno mismo, la mitad o menos de uno mismo.
No sabría cómo explicar mucho más en verdad, hay que vivirlo y quizá todo suena estrambótico y exagerado, pero es que justamente Sarduy vivió por y para trastocar lo hecho por el boom, sirviéndose a la vez del BOOM o BUM como efecto propio de su escritura explosiva.
Este libro tiene las mejores reseñas que he leído en goodreads.
La primera parte es magistral, graciosa, absurda, interesante. La segunda parte es pura experimentación. Recomiendo leer el libro MUY lento, en el tiempo que sea necesario para poder avanzar.
El libro es una experiencia por sí sola. No importa la trama, lo que seduce es la escritura, es lo absurdo, lo sonoro.
Sarduy se burló de todos, hizo lo que quiso y lo logró.
Cobra by Severo Sarduy is a mesmerizing and intense novel that explores the themes of identity, power, and desire in a surrealist world.
What struck me most about this book was the vivid and imaginative language used by Sarduy. The prose is lyrical and poetic, often blurring the lines between reality and fantasy. The author's use of metaphor and symbolism is particularly impressive, as he creates a rich and layered world that is both dreamlike and visceral.
Cobra is a challenging read, and it demands the reader's full attention. The novel is fragmented, with a nonlinear narrative that jumps back and forth in time. However, the book's nontraditional structure is also what makes it so fascinating, as it allows the reader to experience the story in a way that feels organic and authentic.
"Moronic reader: if even with these clues, thick as posts, you have not understood that we’re dealing with a metamorphosis of the painter of the preceding chapter—if you haven’t, look for yourself how he has retained the gestures of his profession—abandon this novel and devote yourself to screwing or to reading the novels of the Boom, which are much easier."—Severo Sarduy, Cobra
“Tarado lector (…) abandona esta novela y dedícate al templete o a leer las del boom, que son mucho más claras”.
Yo entendí repoco y la abandoné un par de veces. Pero me sedujo cuando empecé a leerla en voz alta. Amo los insultos barrocos ("¿Qué choteo barroco te traes, culicagada, o qué blasfemia?"), las palabras esdrújulas, los ecos rubendarianos y el ritmo verborreico que cobra Cobra. Para mí es sobre todo una novela sonora, que entra por la oreja. Es además una novela chistosa. No es un bodrio teórico/experiemntal como otras obras de la onda neobarrroca o neoexperimental que envejecieron mal o que solo interesan a la academia. Toda la primera parte tiene un sentido del humor grotesco que funciona muy bien. En cuanto a la historia, se trata de los esfuerzos de Cobra, la travesti más hermosa del Teatro Lírico de Muñecas, por achicar sus pies (metonimia de "la que cuelga"). Para ello recurre a diversos mecanismos: aparatos ortopédicos, brebajes misteriosos, sortilegios, intervenciones médicas/esotéricas, etc. Pero nada resulta y los pies de Cobra se vuelven cada vez más asquerosos: les salen ronchas, escurren pus, se hinchan, cambian de color y, finalmente, brota de ellos una enana, que es el mini doble de Cobra.
No enganché con la temática budista de la segunda parte. Vishnú me perdone.
a neobaroque maze of a masterpiece of experimental fiction, following the fragmented metamorphoses of its titular tranny, written by a cuban-born genius with a penchant for linguistic decadence and french philosophy. roland barthes says "cobra is the pledge of continuous jubilation, the moment when by its very excess verbal pleasure chokes and reels into bliss." he's not kidding; it's really that good!!
La primera parte, aunque cuesta trabajo, es una delicia absurda y graciosa. La segunda cuesta sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor —y, porque estamos hablando de Sarduy, seguramente muchos otros fluidos corporales— pero, aunque tiene sus cosas, es inentendible. Aprecio al artista que sólo quiere pasarla bueno, pero hay un punto en que, entre seguir la anédota, descifrar quién habla, paladear el lenguaje y, sobre todo, tener que consultar el diccionario cada dos palabras (si llego a perder la siguiente partida de scrabble, vuelvo y le quito una estrella), uno se queda por fuera del juego. Igual, las ideas de fondo sobre el género y el tránsito son como para ponerse a leer todos los papers que haya sobre este libro, además de que tiene unas partes que son poemas plenos, quise aprenderme páginas enteras de memoria.
Qué libro. Reseñarlo es un poco mutilarlo, porque los adjetivos son incompletos, sobran y a la vez no son suficientes. De forma muy burda, se puede decir que hay (al menos) dos partes. En la primera tenemos a Cobra, protagonista y doliente de la maldición de tener los pies demasiado grandes. Belleza. Es una mitad exuberante en forma y fondo, como lo es el mundo Drag quizás, donde nunca son suficientes los brillos y la locura, y el dolor se mezcla con el humor de forma muy rica. Desde ya uno puede oler, saborear los espacios, escuchar los tacones. En fin, riquísima escritura. Si ya es así la primera parte aquí es donde me quedo corta para la segunda.
La segunda es caos, es budismo, reencarnación, voces que se repiten, los sentidos llevados a la sexosensualidad en extremo. Todo críptico, completamente. Parece casi escrito en clave, hecho para no ser comprendido, para burlarse, pero también con mucha seriedad. Quizás lo más cercano a un viaje de drogas alucinógenas en pleno carnaval budista, donde todo es posible.
Me costó infinito el cambio de estas dos partes, hasta que uno se entrega y deja de pelear y tratar de entenderlo todo. Dejo un pie de página que amé, a modo de cita:
"Tarado lector: si aún con estas pistas, groseras como postes, no has comprendido que se trata de una metamorfosis del pintor del capítulo anterior (...) abandona esta novela y dedícate al templete o a leer las del Boom, que son mucho más claras."
"Cobra" is definitely a Joycean, go-with-the-flow, turn off your analytical brain kind of book. Pinning down anything is like putting your thumb on mercury. Metamorphosis, identity games and a baroque over-determined almost humid closeness to the prose makes a heady experience. A clue to what is happening is that the novel begins with the protagonist (or an avatar of them) obsessing over their doll collection. Which brings to mind how the transvestite (to use the novel's contemporary term) can view their alter-ego in this book, as a doll to play identity games with.
But the doll metamorphosis is only a starting point where Sarduy just goes gonzo on constructing a weird trip through Spain, Paris and India. It would take some serious study to really grok what Sarduy has got going on in this book - my guess is it has something to do with constructing identity.
Cobra es una novela experimental - es decir, un esfuerzo deliberado por someter el lenguaje a condiciones extremas (en este caso, la multiplicación de los pliegues de la escritura) para estudiar el resultado.
En una primera parte la narración está centrada en la búsqueda de autotransformación de Cobra y en sus consecuencias sobre Pup, su exceso y residuo sufriente. La segunda parte nos presenta los ritos de iniciación de una cofradía de chongos leather. Incidentalmente se tratan algunos temas interesantes, como la crueldad inherente en la búsqueda de belleza y la diferencia entre los regímenes de violencia ocultos en la feminidad y en la masculinidad.
El problema (y también el objetivo) de Cobra es que el exceso termina convirtiéndose en su propio objeto. Está muy bien para le lecture al que le interpele su promesa de un poder fetichista de la palabra, pero para el resto es una advertencia sobre los riesgos de perseguir un estilo de forma demasiado programática.
Nunca había leído nada como esto. Neobarroco en su mejor expresión. Ha sido una experiencia de éxtasis total. Llegué a un punto en el que la historia ya no era lo que más me ataba, sino los juegos con el lenguaje, la belleza del texto. Las notas al pie me dejaron loca. Como el autor habla con el lector a través de las notas al pie. Fascinación con Severos Sarduy.
"La escritura es el arte de la elipsis (...) La escritura es el arte de la digresión (...) La escritura es el arte de recrear la realidad (...) No. La escritura es el arte de restituir la Historia (...) La escritura es el arte de descomponer un orden y componer un desorden (...) La escritura es el arte del remiendo"
De belles choses sont cachées sous la surface de ce roman expérimental, mais y accéder n'est pas trivial. Poétique et onirique, confus et trouble, il faut s'armer de patience et de courage pour en trouver les clés. Il me semble qu'une familiarité des cercles littéraires de l'époque à laquelle il a été écrit aiderait grandement.
¡Qué hijueputa despiche! Sarduy se voló, la voló, sus personajes vuelan demasiado lejos para poder alcanzarlos, su lenguaje vuela casi a velocidad lumínica y yo quedo totalmente cegada ante tanto color. Too much.