La novela Todas las nubes son relojes fue escrita originalmente en francés y publicada en italiano el año 1991 en la ciudad de Bolonia. Firmada con el pseudónimo Eiryo Waga –acaso un personaje del novelista japonés Seicho Matsumoto–, en ella se despliega una verdadera poética del uso de los objetos en el cine, así como una hermosa teoría de la construcción narrativa y su relación criminal con las imágenes.
Recurriendo a los juegos, ilusiones y desplazamientos a los que nos tiene acostumbrados, Raúl Ruiz revisita con la máxima libertad y maravilla la famosa conferencia de Karl Popper sobre la dicotomía entre los sistemas regulares (los relojes) y los altamente impredecibles (las nubes). Se inclina, por supuesto, por un determinismo muy singular que no teme a combinar el arte, la magia y el azar.
pareciese ser que en el cerebro de ruiz la comprensión de las cosas es solo una herramienta prescindible, ¿qué hay que entender? realmente, yo creo que nada, sino que la importancia recae en seguir una historia que puede tener dos o más historias dentro de si misma.
Leer los diarios de escritores me ha hecho recuperar el cariño por la lengua, por la forma en que una palabra cae redondita en lo que se está tratando de decir, y he aquí el valor de esta obra, nada importa, nada excepto la forma en el que el lenguaje construye un mundo en la cabeza, en donde la casa para cada lector tendrá una forma y color distinto, o como las figuras de sombras adquieren formas de personas que viven en nuestro subconsciente y no en el pequeño libro que estamos leyendo. La media vola, a veces es raro sentirse despersonalizado haciendo cosas,,,
Me gusta la reflexión en torno a lo natural/aleatorio y el arte/organización que hace con su relato “found-footage” Es bueno que te recuerden que el arte es una máquina calculada y no solo inspiración divina. Tiene un prólogo falso a si que diez puntos extra. 3.25
17-06-25 Las reseñas son cero mi onda, este es básicamente mi diario de vida.
¿Será realmente que hay (eco)sistemas que no podemos predecir? O, a caso, ¿tan sólo necesitamos de más información para poder entender mejor lo que está ocurriendo?
Desde mi marginal experiencia como científico social, me llama mucho la atención la imagen del relojero que debe echar a andar una maquinaria (como si “el reloj” no se moviera sin la acción del “técnico”).