Hambre Voraz, así se titula el último libro de Bruno Darío para la editorial Gato Mojado. Y es un título que no podría estar mejor elegido, porque es exactamente lo que uno siente cada vez que da la vuelta a una hoja para leer una página tras otra.
«Un planeta esquilmado hasta niveles casi irreversibles. Un país gobernado por un partido ultraconservador que no solo se niega a ceder ante las medidas europeas, que pretenden paliar los daños y proteger los recursos, sino que también busca restaurar los “valores tradicionales”. Una élite con planes propios para sortear las restricciones impuestas a las masas».
«En este mundo yermo, lóbrego, violento y divisorio será por el que tendrán que navegar Raúl, Ángel y sus dos hijos mientras tratan de recuperar la vida que les han arrebatado».
Esta es la sinopsis y desde esta premisa es de la que parte una historia que se devora en un abrir y cerrar de ojos y de la que quieres saber más sobre el mundo en el que viven la familia de Raúl y Ángel. Un mundo distópico que por cercano, y probable, asusta todavía más. Un lugar en el que nadie es como aparenta y en el que, precisamente, guardar las apariencias se convierte en un factor de vital importancia. Una historia que sigue la estela de otras como Years and years o Dejar el mundo atrás, de la que aparece un guiño en el propio libro.
Con un lenguaje sencillo pero elegante, el autor nos va sumergiendo poco a poco en los entresijos de lo que es vivir en un lugar hostil para ciertos colectivos cuyos derechos desaparecen de la noche a la mañana. Un lugar en el que lo que se daba por sentado cambia y el orden no se invierte a años atrás, sino que empeora por momentos. Lo hace de la mano de uno de tantos partidos antisistema de ultraderecha, surgidos en Europa por las actuales crisis y que lo cuestionan todo, pero que cuyas medidas y leyes promulgadas no están para ser cumplidas por la clase gobernante y las élites, sino por el común de los mortales. Todo salpicado por las crisis climática y de recursos que tocan ya con sus nudillos fríos a la puerta de la casa de todos y que, por cercanas, funcionan como contexto ideal. Entiéndase ideal como perfecto para generar miedos muy reales. Los personajes principales a los que acompañamos están muy bien definidos y sus arcos, se despliegan poco a poco, llevándonos ellos, y no solo la narración, hasta el final que... Bueno, para saberlo tendréis que leerla. Porque es una historia muy fresca, a pesar de su oscuridad. Porque es reconfortante ver cómo personajes LGTBQ+ trascienden la típica historia de descubrimiento y aceptación de la sexualidad. Y porque es una historia muy bien escrita que, simplemente, de la manera que arranca, te deja enganchado:
«Lo primero que percibe es el olor, un olor que lo impregna todo, penetrante, acre, metálico, que repta tras los ojos y casi le hace llorar, un olor con ciertas notas dulces, pero de un dulzor empalagoso, más intenso que el de la fruta podrida, vomitivo».
Y esto es tan solo el principio de lo que encontrarás en las poco más de ciento cincuenta páginas, pues el clima de miedo, cinismo, vigilancia constante, agobio... no te deja bajar la guardia. Cada personaje que aparece te genera dudas, no por poco creíble sino, al contrario, por ser demasiado reales y por no saber quién está del lado de quién.
En definitiva, Hambre voraz es una más que excelente historia para pasar un buen mal rato.