Los búlgaros es un libro original que no renuncia al humor. Una sátira continua sobre el amor y los temores del hombre moderno, la soledad, la incomprensión, el fracaso y las faltas de perspectiva vitales. Una risa continuada que esconde mucho de verdad. Excelente
Todo funciona bien en estos relatos, hasta la idea del título, tan azconiana-berlanguiana. Son ligeros, divertidos, en algún momento melancólicos, imaginativos, tristes. Y están muy bien escritos. Se esfuerza el Sr. Núñez por huir de frases hechas, por encontrar asociaciones nuevas, por construir lenguaje.
Dice que son relatos que ocurren en el Madrid de la segunda década del siglo XXI (c. 2016/2017) y que tratan del amor y sus fracasos (esto es de Ismael Serrano, que ya para entonces debía ser muy viejo y hacer recopilatorios y conciertos acústicos). Debe ser cierto, pero también podría haberle salido una cosa más bien atemporal porque, queda dicho, están muy bien escritos.
He pasado muy buen rato leyendo estos relatos de fino humor. Uno empatiza fácilmente con los protagonistas y recuerda aquellos años de "educación sentimental" durante la juventud en Madrid.
Me quedé boba, de verdad! Al leer Los búlgaros de Gonzalo Núñez, tengo que decir que hubo tantos momentos que no me esperaba para nada. El estilo de escritura me encantó—cómico, satírico, romántico, aterrizao… todo le caía como anillo al dedo a los personajes. Hacía tiempo no leía algo donde los protagonistas fueran hombres, y más aún, ver esa perspectiva tan cruda y honesta de cómo piensan ellos sobre las mujeres. Me fascinó ver que los hombres también se encojonan por las mujeres—por fin! Una historia del Nasti, La mudanza, Las cajas negras… esas me volaron la cabeza. Y honestamente, me encabroné con la tipa del loft.
Pequeño libro de relatos con el tema central del amor donde casi todos los protagonistas son hombres y en los que se vislumbra cierto machismo. Deja entrever también el autor las ganas generacionales de trabajar sin horarios en lo que uno quiere como quiere y cuando quiere y en lo complicado que resulta encontrar, y mantener, una pareja estable. Al ser un libro de relatos debe ser leído por separado y disfrutar uno por uno. Al final sí que parece que todos tengan en común la premisa de “lo que pudo haber sido y lo que es”.
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Los cuentos están muy buen escritos. Tienen su punto de intriga, su qué va pasar. Pero el tema que ha elegido es de historias patéticas de chico que busca chica. Quizá si no fuera una chica esas historias hasta me resultarían divertidas. El caso es que no me gustan y por eso he ido buscando el giro en cada historia para evitar las escenas patéticas. Supongo que no soy el público adecuado para este libro.
Una estupenda colección de cuentos, divertida con tonos profundos y con historias muy ingeniosas y entretenidas que giran en torno a la soledad, el amor y el conflicto de lo ideal con lo real. Me sorprende que una obra tan buena pueda pasar tan desapercibida (si no llega a ser por las columnas de recomendaciones de Alberto Olmos ni me hubiera enterado de su existencia). Le hace a uno pensar sobre las maravillas ocultas que habrá por ahí escritas.
"Los búlgaros" es un libro raro y perfecto en su forma. Gonzalo Núñez ha creado una obra que es un reflejo sincero y profundo de la vida y el amor en la modernidad, ofreciendo una crítica sutil pero poderosa de las expectativas y realidades de nuestras relaciones contemporáneas. Es una lectura recomendada para aquellos que buscan una exploración introspectiva y poética de la condición humana.
Como muchas veces sucede con los libros de cuentos, el título responde a uno de los relatos contenidos en el libro. Sin embargo, en cada relato aparece alguna mención o referencia sin que venga muy al caso (con función de catálisis, creo que lo llamaba Barthes, y con esto me pongo estupendísimo) que justifica el título. Todos parten de un narrador heterodiegético (en tercera persona) -aunque creo que siempre con personaje reflector-, que a primera vista podría invitar a decir que formalmente tiene cierto regusto decimonónico. Pero nada más lejos de la realidad. De hecho, el autor parece jugar de forma manifiesta con ello. Son narradores con una fuerte carga irónica, que introducen continuamente valoraciones breves a lo que sucede. Y es en ese elemento paródico, que subvierte las convenciones del siglo de la gran novela, en las que irrumpe el siglo XXI y la posmodernidad. El primer cuento da buena cuenta de ello, válgame la redundancia. La narración es ligera. Avanza deslizándose entre resúmenes y elipsis. Escenas breves, comprimidas en pocos intercambios en los que el narrador siempre tiene algo que apuntillar. No son cuentos de escena, de instante. Y con esto el autor nos vuelve a retrotraer al XIX, pero con los pies siempre en la hogaño. Otra gran virtud del autor es la capacidad de continuar la idea-germen que ha gestado los cuentos. Los continúa hasta sus últimas consecuencias. Funde literatura y vida, imaginación y realidad, locura, expectativas y los duros hechos del día a día. Todo bajo un contexto o pretexto amoroso. Pero, como digo, con fina ironía y hasta humor. Son cuentos ingeniosos, divertidos y que, sin embargo, ocultan un punto de partida amargo. Con todo, algunos cuentos son más redondos que otros, como suele ocurrir a menudo.