«Entiendo que para que se comprenda mejor mi carreta debo explicar de una buena vez que desde que era un pelaíto yo entendí que mi rollo era con los hombres y, por lo tanto, sería la oveja rosada de la familia. Y supe además para entonces que la vida es dura y la gente es mala. Imagínense: si hasta le quemaron la casa a Scarlett, ¿qué podría esperar yo? Así que a muy tierna edad me acostumbré a que todo el mundo me sacara el cuerpo, me rechazara, me evitara. Desdichadamente para mí, en esa época mi cuerpo era débil y enclenque, sin muchas fuerzas físicas para responder con golpes a quienes me criticaban, como es lo usual. Pero sabía que no era la típica linda boba sino que más bien tenía cacumen, así que comencé a defenderme con la lengua, que es mucho mejor que hacerlo con los puños…»
Éste es Edwin Rodríguez Buelvas, el protagonista de esta satírica novela, quien se convierte en la más despampanante de todas las mujeres: es una drag queen. Y a través de su relato el lector visitará una Bogotá oculta, frívola, espectacular y marginal a la vez: la Bogotá gay.
Una novela que no se puede dejar de leer, de la primera a la última página.
Alonso Sánchez Baute, abogado de la Universidad Externado de Colombia de Bogotá, desde sus inicios se ha dedicado a trabajar en ámbitos afines a su profesión en el campo de la cultura. Aunque comenzó a escribir en sus ratos libres, su pasión por la literatura pronto se convirtió en una disciplina diaria que lo ha llevado a producir, hasta el momento, tres novelas y una compilación de cuentos cortos, todos inéditos. Al diablo la maldita primavera, obra ganadora del Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2002, es su ópera prima.
Para la fecha de publicación (2002) debió impactar bastante (el nacimiento de Chapinero Hills, de Gayrulla de la 63, del Body Gay en frente), pero hoy en día ya no tiene fuerza, la historia cae en todos los clichés de los homosexuales y nunca profundiza en su protagonista, el personaje resulta tan superficial como sus historias, Edwin poco o nada ofrece, solo una sarta de chismes de loca arpía, como se define a si misma. Un tanto entretenido, pero nada más.
Ahora es uno de mis libros favoritos 💜 . Que complicado es realizar una reseña de un libro que ahora hace parte de las mejores lecturas que he hecho; una parte de mí quiere reflejar toda esa emocionalidad que me trasmitió y la intensidad con la que fue plasmada la historia de un personaje tan entrañable como lo es Edwin Rodriguez Buelvas, un costeño viviendo en la linda ciudad de Bogotá más exactamente en Chapigay, quien con toda honestidad habla de los temas que lo rodean mientras trata de conquistar el sueño de ser la Drag Queen más famosa (porque linda ya es) de Colombia. . En este camino encontramos un hombre que con mucho desparpajo nos hablará de su historia de vida que resulta peculiar ya que siempre encuentra una salida a las adversidades que se le van presentando, la historia de una familia ficticiamente adinerada, su entorno personal en cuanto a amistades y el amor que termina siendo esa búsqueda personal. La búsqueda de un Simbita con el cual ser muy feliz y olvidarse de los dolores del corazón. . La genialidad de este libro radica en que recorreremos el mundo gay de esta gran ciudad donde se habla con total libertad de sexo, after parties, drogas, los dramas de todo tipo, y se plantea una crítica social donde se expone la hipocresía frente a la homosexualidad y los prejuicios sociales que al final de cuentas se libran a punta de aceptación y mucho amor propio. Aunque fue publicado en el 2002, quienes vivimos o conocemos esta ciudad tendremos la facilidad de conectarnos con los lugares que se mencionan. Los escenarios los sentí muy cercanos como Gayrulla, el Barbie Gym, la ley zanahoria de aquellos tiempos, los narcopaseos a la finca de Carmen de Apicalá etc… . Y aunque el final me partió el 💔 lo ame⚡️ . Un libro que recomiendo 100% • Debo decir que me hizo reír y cuestionarme al mismo tiempo .
Esta es una novela sobre la dura vida de un homosexual en Bogotá. Me gustó porque describe mi ciudad tal y como yo la conocía en el momento en que leí el libro. Habla el lenguaje de la ciudad, y menciona lugares que me son muy familiares. También porque retrata la vida de las personas con esas preferencias sexuales de manera tan sincera, que uno empieza a comprender cosas que para los heterosexuales como yo, permanecen siendo un misterio por gran parte de la vida.
«El problema no es sólo que nuestros pueblos sean machistas, como piensan muchos, sino que nuestras sociedades manejan criterios ambiguos, y prefieren, por tanto, que la gente sea hipócrita, y haga lo que les dé la gana con tal de que no se haga público» (…) «somos tan fatalistas que preferimos vivir vidas prestadas incapaces de alejarnos de modelos prediseñados, y cobardes cual avestruces, siempre con las cabezas metidas bajo tierra con tal de no enfrentar las realidades de la vida».
«Al diablo la maldita primavera», del escritor colombiano Alonso Sánchez Baute, ganador del Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2002, es uno de los pocos libros que he releído. En esta oportunidad volví a entrar en la vida de Edwin Rodríguez Buelvas y a conocer sus experiencias, unas cargadas de drama y otras de humor, al convertirse en una reconocida drag queen en Bogotá en la que «ser gay no es nada fácil», «ser gay es un acto de fe».
Pues bien, gracias a la historia del protagonista, el lector conoce a la sociedad de la capital colombiana, hipócrita, llena de prejuicios, qué discrimina la diferencia muchas veces desde la ignorancia, donde reina la doble moral y en la que las iglesias y las religiones siguen dictando normas de conducta.
En este contexto, no me queda más que admirar a la población LGBTIQ+, su lucha diaria por el reconocimiento de sus derechos y por poder llevar una vida tranquila, en paz. Personas como Edwin deben afrontar la pérdida de sus familias y amigos, la soledad, la dificultad por encontrar el amor, la culpa por ser quienes son. Muchas veces sus historias llevan a los excesos -drogas, rumba, sexo-, quizás por llenar tantos vacíos, y los finales, generalmente, están lejos de ser felices. Por otro lado, no deja de sorprender que un libro publicado en el 2002 siga siendo el reflejo de la actualidad.
Me encanta el estilo narrativo del autor, esa mezcla de sufrimiento y sátira para abordar una realidad dolorosa e incomprendida.
¡Super recomendado!
Ahora sigo con su más reciente obra «La mirada de Humilda». Pronto les compartiré la reseña.
¿Ya lo leyeron?
* Más reseñas en mi blog de instagram @luzangelalectora
Una novela que me deja muchísimos sentimientos encontrados. No pude con su superficialidad y mal gusto. No niego que la realidad que narra me motivó a terminarla, así como muchas reflexiones profundas, en especial en cuanto a la soledad. Si bien la apuesta por el lenguaje urbano la hace digerible, creo que con esta novela se quería decir mucho pero la propuesta narrativa la hace confusa y vacía. Un libro que no repetiría y no recomendaría.
En Al diablo la maldita primavera, Alonso Sánchez Baute nos sumerge en la Bogotá de finales de los noventa e inicios de los dos mil, vista desde la mirada desbordante y sin filtros de Edwin Rodríguez Buelvas, un joven costeño que, al llegar a la capital, busca transformarse en la drag queen más famosa de la escena nocturna bogotana. A través de su voz irónica, sensual y llena de humor, la novela retrata el mundo gay capitalino, describe las discotecas, las fiestas, las amistades efímeras y las luchas diarias por la aceptación y el amor en una sociedad mojigata aún marcada por el prejuicio. El autor logra construir un relato vibrante y sincero que combina una voz vibrante con la vulnerabilidad de quien busca un lugar propio en una ciudad hostil pero fascinante, así como compartir con alguien sus alegrías.
Al diablo la maldita primavera nos lleva a conocer una Bogotá gay desde la óptica de Edwin Rodríguez Buelvas, un treintañero homosexual cuyo sueño es convertirse en la mejor drag queen de Colombia y, por supuesto, encontrar su verdadero amor en forma de príncipe azul.
Fue una lectura muy fluida y que se devora en un pestañeo, pues una vez comienzas, no puedes detenerte hasta llegar al final; sin embargo, aunque fue una lectura entretenida y llevadera, sentí que no llevaba a ningún lado. Fue un cúmulo de recuerdos medianamente unidos por un hilo que refiere cierta continuidad en los hechos, pero que no llevan a un norte y eso fue lo que me desinfló un poco.
Todo narrado en primera persona como de un diario se tratase y, sin necesidad de diálogos, Edwin nos lleva a conocer la ciudad a comienzos de los dos mil, con una crítica social que nos muestra una Bogotá diferente, esa donde reina: la rumba, el alcohol, la música, los amigos, las drogas, el sexo y esa búsqueda del hombre de tus sueños. Me llenó de nostalgia, pues muchos lugares los conocí al cumplir los dieciocho años. Algunos siguen existiendo y otros ya no. Con muchas referencias a la política de la época, celebridades colombianas, al mundo pop global, entre otras cosas.
“Al diablo la maldita primavera” es narrado por una pintoresca drag queen que nos abre las puertas de su corazón para revelarnos su historia de amor online con José Mario, un hombre al que solo conoce a través de chats y de correos, pero al que nunca ha visto en persona. Este romance es la excusa perfecta para que la protagonista nos acerque, de manera bastante coloquial y venenosa, a la realidad colombiana de finales de la década de los 90s y, sobre todo, la situación de la población LGBTQI+ en una Bogotá que empezaba a aceptar que la heterosexualidad no era la única opción viable. Todas las reflexiones que se construyen alrededor de este análisis sin un verdadero regalo.
El texto es bastante entretenido, en parte, gracias a la personalidad que el autor le brinda a la narradora; sin embargo, hay un serio problema a nivel narrativo: parece no apuntar a ningún lado. Si bien, como ya mencioné, la historia es una excusa para contextualizarnos en una realidad y una época determinadas, no termina de quedar claro qué es lo que nos están contando. Todas las subtramas parecen quedar inconclusas, como si el autor se hubiera olvidado de ellas. Y eso me dejó un gran sinsabor.
Aunque odie al personaje principal, quise entenderlo a la vez, me gustó como está escrito a forma de chismes e historia contadas de manera enredada. Así mismo me gustaron algunas frases demasiado críticas a la sociedad (aunque parecen más del autor que del personaje)
Me queda el sinsabor de una historia que no dice mucho, con un personaje principal que nunca deja ver un poco de su humanidad y no se quita esa máscara de arpía. Y tiene un desenlace que ni sorprende ni deja ninguna enseñanza.
Esperaba bastante de este libro, pero solo me encontré con una historia superficial, que se queda dando vueltas en los mismos clichés anticuados y nunca termina de profundizar en nada.
Librazo. Escrito es una prosa espectacular, con buen sentido del humor, directo y real. También tiene algo de esa parte social tan complicada para la comunidad gay.
“Al diablo la maldita primavera” quizás fue un libro rompedor en su época, pero hoy, en 2025, se siente algo envejecido. Si bien en su lanzamiento, tocando temas como la homosexualidad y la rebeldía, pudo haber sido una obra disruptiva, hoy en día la fuerza de esos elementos ha disminuido, especialmente con la evolución de las actitudes sociales hacia la comunidad LGBTI.
A pesar de esto, la historia sigue siendo agradable y, en ocasiones, hasta simpática. El relato está lleno de referencias a la cultura pop, que van desde el cine y la música (un aspecto que resalta mucho en la narrativa) hasta la moda y la realeza, lo cual lo hace entretenido en ciertos momentos. Sin embargo, el autor recurre a ciertos clichés y modismos de la comunidad LGBTI que pueden sentirse algo repetitivos y los personajes muy estereotipados.
Una lectura rápida y agradable pero que hoy día no destaca mucho dentro de todas las propuestas en el género literario que se mueve.
Una descripción de la realidad, el relato de un secreto a voces del que todos somos partícipes pero ninguno quiere saber. me gustó las historia en general, las viviencias y muchas de las descripciones en la linea de tiempo. Se puede sentir la realidad, aun asi sea un poco de ficción; se puede decir que el autor hizo bien su trabajo, demasiado bien. y si, "Demasiado", con su conotación negativa, por que lo único que no me gusto de toda la prosa es qie sigue ese estereotipo de "gay=mujER". El que entendio, entendio.
Disfruté mucho la lectura de este libro. Ya que más que una novela, se siente como si alguien te estuviera contando un chisme. 😯☕ Al se un libro que transcurre en los 90s, pensé que sería una historia super trágica y pues al final no fue así. Además, los monólogos de este libro me encantan y hacen que te leas varias páginas páginas de corrido. Mi único problema sería el final, ya que no me terminó de convencer, pero creo que es más por gustos personales que otra cosa.
“Si ya está visto por todos los antropólogos de la historia que la homosexualidad es más natural que la naturaleza misma, porque todo lo que nace en forma natural no puede tenerse por innatural solo porque unos cuantos no son capaces de aceptarse sus propios temores o sus perjuicios o lo que sea”
Siento que es un libro en el que se puede pasar un rato, si bien no es el mejor libro, es un libro que muestra las luchas que puede tener una persona homosexual, las recriminaciones y las dificultades de llevar una relación sana.
Puff! Como explicarlo?... Pocas veces me enganche con la historia pero en realidad fueron muuuuy pocas. A pesar de que es un libro muy pequeño tarde mucho para terminarlo de leer.
Hay mucha discriminación y aversión a la comunidad, esto ayuda a que la gente refuerce estereotipos de homosexuales con mente de diva, vacíos y egoístas.
Tacones rotos y plumas en el asfalto sobre el arcoíris de concreto de Bogotá y Al diablo la maldita primavera.
Cuando se publicó la novela (2003), Colombia aún estaba “enclosetada”, vivía una etapa de transición entre la clandestinidad y la visibilidad, marcada por avances legales tímidos, una creciente organización comunitaria y una vida nocturna que funcionaba como refugio, resistencia y celebración, era como una mariposa en plena metamorfosis.
Esta novela irrumpió en un panorama literario que ignoraba las voces LGBTIQ+, y lo hizo con escándalo y elegancia. Sánchez Baute, vallenato de nacimiento y cosmopolita por vocación, usó su experiencia como cronista y columnista para construir un universo donde la marginalidad se vuelve protagonista. El título, inspirado en la canción de Yuri, es una ironía: la primavera aquí no es renovación, sino caos, deseo y exilio.
Alonso lanzó una bomba de purpurina en medio de una Bogotá que apenas comenzaba a reconocer su diversidad sexual, lo que la convirtió en un manifiesto queer disfrazado de tragicomedia vallenata, donde el humor, la irreverencia y la nostalgia se entrelazan para narrar la vida de Edwin Rodríguez Buelvas, una drag queen costeña que se reinventa en la capital colombiana, su voz es desparpajada, afilada y profundamente inteligente. Desde niño, supo que su “rollo era con los hombres” y que sería “la oveja rosada de la familia”. Sin fuerza física para defenderse, aprendió a usar la lengua como puño verbal, convirtiéndose en una cronista de la noche bogotana. Su relato, aun atrapado en el capullo de la discriminación, vibra con los colores de la resistencia. Cada bar, cada marcha, cada performance era una escama que se desprendía del miedo y aunque el vuelo aún no era libre, el aleteo ya se sentía en sus páginas, en los juzgados y en las letras lleno de referencias pop, sarcasmo y sabiduría callejera.
La novela retrata una Bogotá en transformación, donde el Caribe invade la capital con música, color y deseo. El barrio Chapinero se convierte en “ChapiGay”, epicentro de la rumba y la libertad sexual. Esta glocalidad —concepto que mezcla lo global con lo local— permite que Edwin, como muchos provincianos, se libere de las restricciones culturales de su tierra natal. Bogotá es el trampolín hacia Nueva York, pero también el lugar donde se cristaliza el amor imposible, ese “felino elusivo” que Edwin persigue como si fuera un león heráldico.
La novela ganó el Premio Nacional de Novela en 2002, antes de su publicación oficial.
Al diablo la maldita primavera es una pasarela donde las plumas se mezclan con el asfalto, y los tacones resuenan como tambores de guerra en una ciudad que apenas despierta. Edwin no es solo un personaje: es una metáfora del país que quiere florecer, pero teme sus propios colores. La primavera, en esta novela, no es estación ni esperanza: es un carnaval de identidades que se niegan a marchitarse. Y así, como un desfile nocturno bajo luces de neón, la novela nos recuerda que a veces, para florecer, hay que mandar al diablo la maldita primavera.
Este libro está narrado de una forma fácil, bastante divertida, con un humor ácido que engancha desde sus primeras paginas y que es dentro de todas las cosas, una de las que más llama la atención en esta novela. Nos encontramos frente a la mirada de Edwin, un chico costeño que vive en Bogotá y es gay, y a quien también le gusta vestirse en drag y dar shows, y ser reconocido. En su narración en primera persona conocemos los rasgos de su personalidad, alguien que se encuentra constantemente a la defensiva (precisamente por su sexualidad y la discriminación que a vivido con base a ella durante toda su vida), pero que también es en el fondo de corazón muy sensible, y que como todos los seres humanos está en busca de su identidad, y que la misma sea reconocida y respetada en todas sus diversas formas. Claro que el hecho de que sea una narración en primera persona termina limitandonos a una perspectiva, y muchas veces durante este libro pensé bastante en hasta qué punto la voz de Edwin sólo me permitía conocer cómo era que él pensaba, y me dejaba varias veces pensativa de si realmente sí lo amaban, admiraban, temían, y tantas cosas que él mismo narraba. Es muy interesante siempre conocer nuevos autores de mi país y que hablen de cosas que no son usuales tocar pero que socialmente siempre han estado ahí, y lo haga con humor, pero al tiempo sin restarle importancia que merecen. Porque Edwin, a pesar de ser alguien que parece ser muy fuerte, en realidad sólo desea ser amado, y reconocido por su valor, y compartir esa felicidad con un hombre que este dispuesto a amarlo. Me gustan mucho las referencias que hay en este libro a la cultura pop, Edwin es sobre cualquier cosa alguien muy inteligente y lleno de datos que resultan interesantes, y es bueno siempre encontrarse con libros que no resultan lejanos porque se siente como estar en una constante conversación (o chisme) con un amigo con el que se hablan de estas cosas. Me queda por decir que me alegro bastante que no sea la típica historia en que el personaje homosexual tiene un final trágico (casi siempre referente a enfermedades de transmisión sexual, o la muerte por odio) sino que más bien es una historia de constante resistencia y de verle lo bueno a las cosas aún cuando parezca muy difícil. Por eso a pesar de todo llevo siempre en mi corazón a Edwin, a pesar de nuestras diferencias me sentí cercana a él en muchos de sus cuestionamientos sobre su identidad, su forma de amar, y sobre todo, la constante incógnita de si se puede ser completamente feliz en esta sociedad.
Libro 7️⃣9️⃣ de 2025 🇨🇴🏳️🌈. Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute, es el retrato literario más vital de la comunidad gay de Bogotá en los años noventa, una época en la que la noche, los bares y las fiestas tejieron la resistencia de una comunidad marginada. El protagonista, Edwin Rodríguez Buelvas, se presenta con una voz ácida y llena de humor, en la que la oralidad de la comunidad gay bogotana y las referencias pop articulan relatos de placer, vulnerabilidad y exuberancia. Las escenas son tan crudas como festivas y la narración nos guía por la geografía oculta de las discotecas y los encuentros homosexuales, donde la exclusión se convierte en espectáculo y en defensa propia.
Mi única crítica es que la novela refuerza varios de los estereotipos tradicionales sobre la homosexualidad masculina. Edwin es el arquetipo del homosexual extravagante, preocupado por el lujo, la vanidad y el drama emocional, sumado a la promiscuidad, así como a rasgos como la feminización exacerbada, el humor autodefensivo y la marginación familiar, que se replican con ironía, pero sin ser completamente subvertidos. La obra es tan crítica como cómplice de los códigos internos y externos de la cultura LGBT, y consolida las imágenes normativas que la literatura y la sociedad han perpetuado sobre el sujeto gay urbano.
La obra no solo refleja, sino que también denuncia: expone la homofobia, la ley del silencio y la doble moral de una sociedad que margina y, a la vez, consume la estética gay. Edwin, como drag queen, desafía tanto las reglas externas como los prejuicios internos de la propia comunidad, y promueve una autoconsciencia crítica y el cuestionamiento de la homonormatividad. Así, la novela logra abrir un debate y una reflexión sobre los derechos, la identidad y la resiliencia, convirtiéndose en crónica y manifiesto de los márgenes urbanos de una época irrepetible.
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A pesar de ser escrito en 2003, la obra de Alonso Sánchez se acomoda aún a la realidad actual de muchos/as miembros de la comunidad LGBTI, e inclusive heterosexuales, teniendo en cuenta la crítica que se hace a la gente clasista y privilegiada de la ciudad. Logré conectarme con sus historias, imaginarla, ponerme en sus tacones, y darme cuenta que, sin importar sus experiencias, siempre fue una mujer/hombre inteligente, que sabía lo que hacía y el por qué lo hacía.
"...y prefiero pensar que ser gay es un lujo, (...). ¿O es que alguien puede creer que es muy fácil eso de que a uno le toque soportar la inquina universal, y le murmuren a sus espaldas, y se burlen, y le griten maricona cuando se camina tranquilo por la calle, y le chiflen, y le griten groserías? No, claro que a nadie le gustan esas cosas" Pos. 2791.
3.5. En realidad, es como leer a un Dorian Gray, salvo que este al final no aprende nada (esto me decepcionó un poco). Más bien, nuestro protagonista ya tiene claro su pensar y simplemente viene a hablarnos y expresarnos sus pensamientos, vivencias, deseos.
Quizás se disfrute más releyéndolo y teniendo en claro desde la primera página que el protagonista es, en realidad, un antagonista. No sé si era la intención del autor que, a través de él, entendiéramos el actuar o, más bien, la actitud o personalidad dura que tomaban y aún hoy en día toman algunas personas del colectivo en respuesta a una sociedad que ataca y amenaza su identidad constantemente, yo lo entendí así y de esa forma llegué a empatizar con el prota, aunque no deja de ser un protagonista difícil de leer, aun y todo con el humor en que narra su vida y de forma no tan directa se burla de si mismo y no solo de los demás.
Bueno, "Al diablo la maldita primavera", una novela sobre drag queens, la noche, las drogas, el sexo desordenado, qué podría hacer de esta novela algo único.
Aunque su temática sobre la comunidad drag Queen hace que la lectura sea más llamativa, la verdad es que de drag se queda en un solo capítulo.
Es una novela que es más una constante (pésima y cambiante) reflexión de situaciones cotidianas en la vida de Edwin, el personaje principal.
No hay una trama, no hay un hilo, solo ideas sueltas de un hombre que hace drag en Bogotá.
Una novela no fácil de tragar, no para cualquiera y que perfectamente se puede saltar.
Cabe recalcar la nueva edición con Miss Lesley Wolf en la portada, "Iconic".