Cada lector es un mundo y, si ponemos la atención suficiente, lo es también todo ente que lo rodea: el sillón que lo sostiene, la lámpara que alumbra su lectura, el libro que tiene entre sus manos, el nematócero diminuto que sobrevuela su cabeza. Entre cada uno de estos mundos tiene lugar un intercambio incesante, una economía afectiva y material que los transforma. Hay entre ellos, incluso, encuentros de una violencia tal que podemos pensarlos como colisiones, grandes impactos que generan mundos nuevos, con inéditos vínculos y destellos. En Planetas habitables, Elisa Díaz Castelo traza, gracias a una escritura en la que las palabras de la ciencia cobran una sensualidad inesperada y las sutilezas de la vida contagian el placer de la ironía, un minucioso mapa que busca dar cuenta de la intrincada red de conexiones desplegada a nuestro alrededor a cada instante. Si hoy en día hay quienes piensan que, ante el desastre anunciado, la solución es la búsqueda de nuevos mundos, en este poemario se nos propone encontrar en el lenguaje las razones para mantener habitable la singular complejidad que nos conforma y de la que somos parte.
Planetas habitables, cuarto libro de poesía de la increíble Elisa Díaz Castelo, me confundió bastante. Se trata de su poemario más libre. En él, explora registros ya apropiados por la autora, como esas analogías que realiza mágicamente entre la ciencia y las cosas de la vida. También se encuentra su sentido del humor, fino, irónico. Hay además un poema en black-out, varias cartas y relatos en prosa. Y, para mi sorpresa, escribe un ensayo muy bello sobre la sal. Para mí la propuesta más destacable del libro. Asimismo, el libro cierra con "Se descubre una grabación de Eurídice en la web", que nos expone la pervivencia mitológica en nuestra conciencia moderna. Dicho texto fue publicado con anterioridad en una edición de lujo por la editorial Diéresis. Siento que ese formato de libro-objeto beneficiaba ampliamente al poema. Ahora bien, según mi impresión lectora, Planetas habitables se antoja un libro un tanto frankenstein, pues parece que la autora decidió reunir varios poemarios inconclusos o textos sueltos para componerlo, cosa que puede comprobarse con el ejemplificado poema sobre Eurídice o algunos que fueron publicados en distintos medios. Y siento que eso conforma un libro que a veces nos muestra a una autora en sus mejores momentos y otras a una poeta que sigue experimentando con su voz. Por ello sentí que había un poco de relleno y me pareció un libro largo (cuando realmente no lo es). Asimismo, la autora toma decisiones rítmicas muy extrañas y la respiración de los poemas suele ser confusa por su uso de las comas: "de esa misma abuela que años antes / casi se desangró en la tina, en la infancia / de mi madre o salió en coche y dijo / que nunca volvería, quiero decir / que me oscurezco a veces como ella" (p. 15). Ah, pero cuando Elisa Díaz logra cristalizar su voz, escribe joyitas: "Cada quien / ha delineado sin saberlo / su propia ruta, / sus lugares sin remedio, / sus trazos invisibles, devorados / por la ciudad insomne" (p. 78); "Tal vez las cosas llegan a sí mismas / sólo cuando están rotas, no existen de veras / más que a la mitad de su propia destrucción" (p. 36); "dos cuerpos que fueron uno solo / no pueden tener un origen pacífico" (p. 19). En resumen, quizá porque tenía altísimas expectativas terminé un tanto decepcionado.
Lo que más me gusta de la escritura de Elisa es que con ella siempre el cuerpo como materia memorable. Acá también hay mucho eco, mucho adiós, mucho dolor y, afortunadamente, muchísima esperanza en que podemos habitar estos desastres cotidianos por/con la palabra. Es tremenda esta confluencia entre poesía y ciencia, esta manera de celebrar al lenguaje, esta _narración_ de los microcosmos que no son tan aislados como podemos llegar a pensar.
Un poemario que retoma y expande esa poética científica que atraviesa toda la obra de Eliza Díaz Castelo hasta ahora. Versos que parecieran no gravitar del todo, sino tratar de desprenderse de lo predecible, en constante anulación.
Mi primer acercamiento a Díaz Castelo, un poemario corto y reflexivo sobre el universo y la ciencia. Como es normal, hay unos mejores que otros, aunque he de decir que no pude conectar con la mayoría. Quiero seguir leyendo a la autora, sin duda.
me sentí la más stalker xq varios poemas ya los había leído en una antología, pero no le quita lo increíble. siempre pienso en darle una transfusión al cielo y en un vaso roto.
Este poemario lo leí dos veces hoy, una en la mañana y otra antes de dormir. En la mañana me agradó y en la noche decidí que se volvió quizás, de mis top 10 poemarios favoritos. Las palabras de Elisa convergen y hacen q cada verso orbite alrededor de la intimidad humana y la vastedad del cosmos, son preciosas!! D vdd un viaje poético que entrelaza lo infinito con lo cotidiano, con lenguaje evocador, lleno de metáforas y palabras técnicas científicas que convierten lo desconocido (y conocido tmb) en algo cálido y habitable. Aparte su poema q habla de su mamá 😯 me dejó gaggeada Mis favs Laika o el Regreso y Poema en presente Indicativo
«Tal vez amar es darle al otro algo que no podemos dar: esto: este presente exiguo: la palabra aquí, que ya está en otro sitio y significa nunca.»
La increíble Elisa Díaz Castelo cautiva con esta colección un tanto experimental, quizás incluso con poemas medio sobrantes (el último no me gustó nadita), pero la gran mayoría con ese tinte tan característico con el que agarra las palabras y las envuelve en un significado único y brillante. No ha sido mi favorito de ella, pero se disfruta aún así.
Admiraré para siempre la capacidad de Elisa Díaz Castelo de transformar la cotidianidad en un eje poética singular y majestuoso. Estos poemas deben ser considerados —en el sentido etimológico de la palabra— una pieza de antimateria en órbita, esas líneas imaginarias que nos unen los unos a los otros y que determinan una existencia más llevadera. Gracias infinitas a Elisa por permitirnos asistir a la vastedad de sus reflexiones y la belleza de sus imágenes.
Hay cierta continuidad entre ciencia y poesía en algunos de los poemas dentro de este libro. Explora otros temas y otros tonos. El poema de la sal, el de las moscas y el de Laika fueron mis favoritos.
Tiene información factualmente incorrecta. Me gustó menos que principia, pero más que sus historias. Mención honorífica de sus poemas en orden de aparición: Herencia electiva, Laika o del regreso, Sola dosis facit venenum, y Gravedad estándar.
Interesante, muy interesante. Si lo definiera de alguna manera, diría que aquí Elisa se expande y se estira en su propia poética. Muy marcado de su huella, de su estilo, de sus temas, pero respira con mucha más libertad que en proyecto manhattan o en principia, por ejemplo. La cohesión temática viene muy definida por el titulo. Ya solo me falta el libro de las costumbres rojas para cerrar la pentalogía (hasta la fecha) y estoy ansiosa
“Al revés que la vida. La muerte no termina nunca.”
Elisa Díaz Castelo nos da versos que perseveran y horadan en las llagas y preguntas más profundas de nuestra existencia. Es un poemario de ciencia, fantasmas, leyendas, vida, muerte , remembranza, soledad, insignificancia, memoria y hasta pandemia. Es la poesía en español que desmenuza lo que es el siglo XXI para el espíritu humano.
Hermoso de inicio a fin. Compré este poemario sin saber nada de la autora y me sorprendió. Me encanta que toca temas como los sueños, el espacio y la existencia. Quiero leer más de su trabajo 🩵
Este libro de poesía fue mi primer acercamiento a la autora, y desde sus primeras páginas resulta evidente la originalidad de su voz. Lo que más llama la atención es la manera en que aborda temas universales como la vida y la muerte, pero lo hace incorporando términos y conceptos propios de la ciencia, lo que genera un contraste interesante entre lo racional y lo emocional, entre lo concreto y lo metafísico.
La autora no se limita a describir sentimientos o experiencias; construye reflexiones complejas que invitan al lector a cuestionar su propia existencia y la manera en que entendemos los fenómenos naturales que nos rodean. Este enfoque combina una sensibilidad poética con un rigor conceptual que no es común en la poesía contemporánea.
Sin embargo, en algunos momentos, la densidad del lenguaje técnico puede resultar desafiante y exige al lector una atención especial para captar la totalidad de sus ideas. Aun así, esta complejidad no resta valor a la obra; al contrario, la convierte en un libro que se puede releer, descubriendo nuevas capas y significados en cada lectura.
En conjunto, se trata de un libro sólido y valioso, que ofrece una experiencia poética diferente, capaz de provocar reflexión y, al mismo tiempo, admiración por la manera en que la autora logra integrar ciencia y poesía sin que ninguno de los dos elementos pierda su fuerza.
Me encantó este poemario. Cómo se le ocurren tantas cosas a la autora de algo tan simple hace un buen poema. Y mezcla la ciencia también. Tiene un problema con las placentas aunque se ve la relación de estos poemas con sus cuentos. Tiene un estímulo peculiar que llega a ser innovador, denso, entretenido, te pone a pensar y a filosofar.
Me encantó las constelaciones, la portada y que se pueda abrir el centro para ver lo de adentro. Lo descubrí leyéndolo y ni cuenta cuando lo compré 😬🤩✨✨🫶🏻
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Esta reunión poética de Elisa Díaz Castelo abarca temas tan diversos y voces tan únicas que la lectura se lleva de manera muy sutil y continua. Lo más destacable es el lenguaje poético que para Elisa parece su lengua materna, no sabe expresarse sin caer en el ritmo y los giros poéticos, y no es queja. ""Qué ganas de permanecer, tan quieta, así como un vaso de vidrio contiene su caída, las muchas formas en las que puede romperse"
Elisa Díaz Castelo parece hacer con este poemario rápido un repaso de lo vivido en la pandemia desde su perspectiva más íntima, interrelaciona su duelo por la muerte de su abuela y lo mucho que le cuesta soportar y superar su ausencia mientras que debate contra ella misma y sus ideas sobre el amor romántico en su propia relación.
Me gustaron mucho varios poemas, sin duda el que me sacó lágrimas fue el de Laika, me gustó mucho este poemario, es el primero que leí de ella. Espero seguir leyendo más de sus poemas, me encanta que sean difíciles y tenga que releer para entender. Está temática de cotidianidad y nostalgia mezclado con el espacio y planetas, me fascinó.
Una poética hermosa, actual, que no teme experimentar con imágenes nuevas, elementos disonantes, métricas arriesgadas. Un temario que no se queda en lo común sino que hace preguntas, cuestiona, indaga por el yo y el espacio que ocupamos.
La poesía de Elisa Díaz Castelo es muy interesante, va desde una cotidianidad casi obvia a pequeños instantes llenos de poesía. No es necesariamente una poesía profunda en lo simple, sino que más bien todo lo trata con mucha seriedad poética, nada le es ajeno a su poesía.
Soy muy lenta con la poesía, y la poesía a esquema libre no suele cubrir mis necesidades poéticas. Este no ha sido mi estilo favorito de libro, ni mi estilo favorito de escritura, pero aún así reconozco que lo que hace Castelo lo hace bien, y no dudo que a mucha gente su poesía le llegue al alma.
Mi primera vez leyendo poesía, estoy de acuerdo con la escritora, porque a veces no entiendo lo que quiere decir, tiene una profundidad muy personalizada pero muchas veces sentí mucho lo que quiere contar o sentir. 8/10
¿Sabes que no hay sonido en el espacio? No hay partículas que puedan transmitirlo, está tan hueco. Imagínate eso: explosiones colosales en silencio. La incongruencia del mundo a gran escala.