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189 pages, Paperback
Published October 1, 2023
El libro es una especie de autobiografía estructurada como una sucesión de anécdotas, a razón de una por capítulo, que se presentan en un orden cronológico más bien estricto.
El autor es minucioso a la hora de describir los lugares que transita y los rasgos físicos de sus principales compañeros de aventuras, pero en la mayoría de los casos evita precisar fechas, nombres de nacimiento y datos de contexto (un verdadero inconveniente para potenciales lectores extranjeros). Estas imprecisiones pueden llevarnos a dudar sobre la veracidad de algunos de los hechos que narra. Sin embargo, me tomó apenas un minuto verificar que el secuestro que se relata en uno de los últimos capítulos ocurrió de verdad, por lo que elijo creer que las demás historias que componen la obra son igualmente ciertas. Merced a esta falta de detalles, el ritmo narrativo es dinámico y los capítulos son breves, constituyendo un libro absorbente que se lee en cuestión de unas pocas horas.
De todas formas, es claro que El niño resentido no pretende ser una investigación periodística, sino una crónica construida a partir de la propia memoria del autor, que parece muy prodigiosa considerando que buena parte de las experiencias que comparte ocurrieron bajo estados alterados de conciencia.
El libro abarca un período de la vida de González que comienza con su nacimiento en un barrio marginal y termina con su caída en prisión. El hilo que conecta ambos eventos es una profusa carrera delictiva. Son apenas los primeros dieciséis años, pero respiran una intensidad extraordinaria. González los narra por medio de una prosa que no elude la jerga callejera ni la metáfora elegante.
Las historias de pobreza, violencia y drogas constituyen, a esta altura, una especie recurrente y redituable para el cine, la televisión y la literatura argentinos. El niño resentido se inscribe en esa tradición, pero aporta un punto de vista poco habitual: se trata de una historia real narrada en primera persona. Sin embargo, lamentablemente, no escapa de muchos de los vicios del género, como la apelación al morbo y la ausencia casi total de personajes redimibles en su pintura de los márgenes de la sociedad. Rasgos que, curiosamente, llevaron al propio autor a criticar productos como la serie El marginal. Si González se redimió de su pasado delictivo por medio del arte, ese arrepentimiento no se advierte en ninguna de las páginas de El niño resentido, donde reivindica abiertamente su trayectoria criminal y muestra por sus víctimas y sus vecinos honestos una mezcla de indiferencia y sorna. Ojalá aparezca una secuela que aporte una mirada más fresca.