La destreza narrativa con la que Jesus Gardea (1939) describe escenarios y personajes -reflejo del rigor de un escritor comprometido-asi como el ingenio para jugar con los tiempos llevan al lector de Tropa de sombras, por un camino tan real como onirico, poblado de sombras que atormentan al tiempo que dan paz.
Comprendo que es un texto altamente poético, pero no lo pude seguir por el exceso de imágenes que dificultan la lectura. Quizás haya sido la intención del autor meternos en este no lugar lleno de sombras que son y a la vez no son, para acorralarnos como a Santini y a Monasterio, puede ser. Sin embargo, salir de esta lectura fue lo mejor de ella.
"Pero Santini luego, una mano como antifaz en los ojos. Pasajero el ademán; porque, en seguida, huesudo catalejo el parche, ojo potente. Me enfoca Santini. (...) Santini afina la puntería; el objetivo del catalejo, desnudo como un ojo insomne, en uno de los míos. Círculo de poder que, sin saber yo cómo, atrapa a mi pupila. Cogida al vuelo, la cautiva no ve al ojo que le está mirando."
Jesús Gardea nos sumerge de lleno en un océano poético, aunque se vuelve tan espeso que resulta agobiante. Con una fuerte dosis de hipérbaton, el poder distinguir hilos de trama termina siendo difícil. Quizá haya sido intención del autor el empaparnos de ubicuidad en su prosa y andar a gatas por ella…entre sombras, pues.
Leer a Gardea es, definitivamente, una experiencia única. Tiene un estilo inigualable, pero francamente, muchas veces es insoportable también. Personajes que hablan como Kevin de The Office, o como Yoda, distrae. La novela tiene algunos destellos de prosa poética, pero nada más.