Tras Lo demás (2016) y Tener (2019), publicados ambos por Kriller71, Poquita fe tal vez sea el libro más personal de Robin Myers. Sin embargo, el adjetivo “personal” no es aquí el típico cliché del discurso editorial, sino la indicación de un proceso: el de una voz que va aceptando un cuerpo y una vida, aunque ninguno de ellos le pertenezca del todo, ni de manera excluyente. Porque a esa nueva necesidad de hablar desde sí misma, desde una vivencia, se le sigue anudando la voluntad de hablar por cualquiera, central para la poesía de Myers. Donde la costumbre impone silencio, ella pone oído y voz: un animal huérfano, una madre soltera, un vecino incívico, alguien a punto de dar a luz, alguien que se automedica y sufre. En esa tensión entre lo uno y lo múltiple —que lo es también entre dos tradiciones poéticas: la impersonalidad estadounidense y la prodigalidad latinoamericana— se construye un libro que anuda lo político y lo íntimo, los paisajes y los interiores. Tengo miedo de ser un mal huésped en el mundo, dice uno de sus versos, pero al leerla entendemos que pocos huéspedes albergan tanto mundo como ella.
"Tengo miedo de ser un mal huésped de este mundo" y otras miles de palabras, frases, enunciados, poemas que me recordaban que está bien mirar el mundo como lo miro porque hay poetas como Robin Myers que lo pondrán en los libros.
Gran poesía de lo cotidiano. Me encanta la ligereza que se percibe en su escritura, entra en el pecho sin tomárselo demasiado en serio. “Los detalles deciden cuales están dispuestos al olvido”.
La cotidianidad justo frente a nosotros: el árbol genealógico que nos sostiene, los gestos mínimos que nos permiten mantenernos de pie, la memoria como una forma de compañía, incluso cuando las personas que amamos ya no están. Sus poemas revelan la intensidad de lo que ya habita nuestra vida. Mientras leía, pensé en cómo la maternidad deseada implica también un cambio de decisión íntimo: la pregunta silenciosa sobre si seremos capaces de cuidar, de criar, de estar a la altura. Esa “poquita fe” se expande y se transforma en muchas cosas: temor, esperanza, responsabilidad, amor; hasta volverse una fuerza que sostiene. El cierre del poema de cumpleaños me dejó perpleja: ese gesto de regalarle al cuerpo la oportunidad biológica que necesita no se siente como concesión, sino como un acto radical de cuidado y aceptación. Lo que más amo de Robin es que sus versos, siempre son profundamente personales y se sienten colectivos. Al leerla me reconozco y por eso vuelvo a ella (Conflations, Having) sabe nombrar lo íntimo y no lo encierra , lo lleva a todos los espacios que comparte y eso sostiene todas las cosas.
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