Tim Probert es un genio contemporáneo.
En mi trabajo como librero tengo mucho contacto con el mundo de la literatura infantil, así como con cómics y literatura fantástica. He podido recomendar Lightfall miles de veces, y con la lectura del tercer volumen, y la relectura del primero y del segundo para disfrutarlo aun más, solo puedo reafirmarme.
No quiero desmerecer al resto de autores infantiles, que hacen un trabajo muy bueno y ponen mucho esfuerzo en sus obras. Sin embargo, Lightfall me resulta, entre aquello que es lo mejor, excepcional. Combinando una infinidad de tropos clásicos de las aventuras de fantasía y un dibujo esmerado, soberbiamente superior al promedio que me encuentro a diario en el entorno del cómic infantil, Tim consigue una narrativa fluida, accesible y sorprendentemente original, demostrando que en ocasiones la materia prima más sencilla puede resultar en obras de lo más únicas, gracias al cariño y al esmero con que se construyen.
Como ocurría en los volúmenes anteriores, los personajes y el mundo de Irpa, personaje en sí mismo, son las fortalezas de la obra. No solo Bea y Cad, los protagonistas, tienen personalidades excelentemente desarrolladas, sino que los roles de personajes secundarios o incluso pasajeros tienen matices que invitan a intuir mucho más de lo que se muestra. Y todo ello, sin perjuicio de su accesibilidad para los lectores más jóvenes.
Sinceramente creo que no puedo dejar mejor opinión que la de mi experiencia con los clientes infantiles, y sus respectivos progenitores, que una vez finalizados los volúmenes 1 y 2 volvían a por la continuación, y solicitaban recomendaciones similares. A pesar de que he aconsejado muchos otros cómics infantiles contemporáneos, me temo que aún no he dado con otro que me haya impactado tanto como este, y he podido comprobar que no soy la única persona que ha recurrido a diferentes foros para solicitar referencias que se asemejen.
Por todo ello, Bea, Cad, Nimm y aquellas personas con las que comparto estas aventuras tienen reservado un huequito especial en mi estantería. Solo me queda esperar al siguiente puerto de esta maravillosa travesía.