En el principio de los tiempos solo había tiempo, y luz y oscuridad y otras cosas que vinieron después. Pero ya entonces, en esa tiniebla extraña y sin motivo, el edificio esperaba agazapado y prudente. En términos absolutos, podría decirse que el edificio existía antes que el que el universo se creó para que un día pudiera llegar a construirse el edificio.
Conoce y vive a lo largo de 150 microrelatos la vida del edificio más grande del mundo, desde su existencia preexistencial hasta su desaparición y olvido, pasando por su concepción, su construcción, su inauguración, su deterioro y su caída.
A partir de estos relatos, cada lector puede sacar sus propias conclusiones, ver en él una metáfora de la vida, del universo, de Dios o solo 150 relatos sin sentido.
¿Te imaginas un edificio que avanza y se construye hacia el infinito cielo surgiendo desde la absoluta nada? Hace unos meses me contactaron desde Ediciones El Transbordador para saber si me interesaba hacer un prólogo para una obra bastante peculiar que habían adquirido, ya que estaba compuesta por 150 microrrelatos. Por supuesto, como amante siempre cautivado de los experimentos formales y estructurales en la literatura, di como respuesta un inmediato sí. Por supuesto, como habréis adivinado —y si no mirad el título— esa obra era El edificio, de Santi Pérez Isasi. Y lo curioso de todo, lo que podría cerrar el círculo, es que la obra también nació en un blog como este mismo, donde Santi, profesor en la Universidad de Lisboa pero también escritor en sus ratos libres y reseñador a tiempo parcial en la conocida web Un libro al día, publicaba sus microrrelatos.
Imagínate un edificio inmenso y elevado hasta el cielo y más allá. Un lugar donde el dinero no compra una vivienda repleta de lujos ni otorga privilegios a nadie. Un sitio organizado, con recursos para todes e infinito en el firmamento, siempre en constante crecimiento y expansión. Nunca se detiene, siempre va hacia arriba. Una sociedad propiamente dicha, autogobernada y creada desde sus cimientos hasta una altura incalculable. Nadie recuerda muy bien como empezó todo, pero tampoco como terminó. Solo que El edificio siempre estuvo ahí, agazapado, esperando a que el universo lo viera. Por que el mismo universo se creo para que un día pudiera llegar a construirse El edificio.
La mayor particularidad de El edificio es que está contada a través de 150 microrrelatos, pequeñas historias, a veces de pura ciencia ficción, otras de terror e incluso algunas más costumbristas, que nos muestran pequeños fragmentos de lo que es, fue y será El edificio. Algo que ha hecho por ejemplo Los empleados, de Olga Ravn, aunque con muchas menos historias y siendo menos críptico, o hace unos años el Challenger de Guillem López con sus setenta y tres momentos acontecidos un veintiocho de enero de mil novecientos ochenta y seis. Un experimento a la vez curioso para el lector, en el tiene que ir ensamblando las ideas que ocupan apenas un par de párrafos y que con el paso de las páginas se vuelven vitales para reconstruir el recorrido histórico de El edificio. Su concepción, su forma de existencia, como empezó todo y por supuesto, su caída en desgracia. Son vistazos fugaces, que nunca van más allá de una página —a veces, son incluso solo unas líneas— donde nos muestran este lugar que en teoría parece de ensueño, pero que en realidad es casi más cercano, en concepto, a la Neom que existirá en el futuro. Sin embargo, al contrario que está, en El edificio el dinero (en teoría) no importa.
¿Cómo empezó todo? ¿cómo acabó? ¿Por qué fue así? Probablemente no tengas todas las respuestas cuando termines de leer El edificio, por que esto es solo una muestra una vez más de cómo en la vida, una vez que todo cumple su ciclo, vuelve a repetirse con otras circunstancias, pero siendo, básicamente, semejantes. No es solo la historia y sus eventos cíclicos, si no también la misma humanidad. A partir de estos relatos, cada lector puede sacar sus propias conclusiones, ver en él una metáfora de la vida, del universo, de Dios o solo 150 relatos sin sentido dice la sinopsis. Sin embargo, a través de él, estoy seguro de que siempre se vislumbra una reflexión sobre la humanidad. Sobre los estratos sociales, la autodestrucción de nuestro propio entorno y las injusticias sociales. Hasta la mejor de las utopías acaba enfrentándose a problemas. A su forma peculiar, El edificio es un vistazo a nosotros mismos ahora y por supuesto, también a nuestro futuro.
Me ha encantado el formato, la atmósfera que crea con 150 microrelatos, lo inmenso, las contrariedades que plantea, hasta las incongruencias buscadas generan una sensación, al leerlo hay momentos que quiero ser edificitiaria, otros en los que no lo sería nunca. Me ha generado 300 preguntas y las ha contestado todas. Me he imaginado en esos ascensores y me agoté al instante. Ha sido un placer leer algo tan fresco y a la vez antiguo. Querría poder decir algo más sobre el edificio pero tengo ganas de conservar mis ojos y mis falanges. Tiene mis 5 ⭐
Las antologías y, sobre todo, los fixups me gustan ahora mucho más que las novelas, igual que la literatura fragmentaria. Cuando el editor me dijo que este libro era un fixup de microrrelatos no lo dudé ni un segundo y lo compré.
No es un fixup de microrrelatos, porque muchos de los 150 capítulos no son microrrelatos. Hay también fragmentos, aforismos y poemas. De hecho los microrrelatos son minoría. El libro es más bien un poemario experimental, casi todo en prosa, que merece mucho la pena.
En la contraportada dice: [...] ver en él una metáfora de la vida, del universo, de dios [...]. No sé dónde puede verse a dios aquí, supongo que habría que ser creyente para verlo. Personalmente veo una metáfora de nuestra sociedad capitalista y parasitaria occidental, de su alzamiento y caída. Aunque eso no me parece lo mejor.
Lo mejor es cuando los relatos se vuelven canción de exaltación de la hipérbole, cuando juegan con la exageración y recuerdan a las famas y los cronopios de Cortázar. Esos fragmentos son una delicia.
Y para mí lo peor es cuando los relatos coquetean con lo ontológico y lo platónico, pero yo le tengo manía a Platón y su absurdo concepto de Idea con mayúsculas.
“Como especie nunca hemos estado más cerca de lo que siempre quisimos, y debimos ser, que cuando soñábamos que éramos capaces de construir algo tan duradero y tan grandioso como el propio universo. Éramos estúpidos e ingenuos, pero no lo sabíamos, y en esa ignorancia estaba la grandeza y también la capacidad de construir cosas imposibles”
Somos arrogantes. Sabemos que es la Tierra la que gira alrededor del Sol, pero seguimos viviendo como si nosotros, los seres humanos, fuésemos el centro del universo. Somos soberbios e insaciables. Nuestra capacidad para aprender, mejorar y evolucionar tecnológicamente parece no tener límites y a veces, nos empeñamos en demostrarlo a cualquier precio.
Nos obsesiona romper barreras y dejar huella. Individual o colectivamente. Tal vez sea esta nuestra forma de encontrarle un sentido a la vida, lograr la inmortalidad, o estar más cerca de Dios. Durante la edad media, familias enteras se consagraban, generación tras generación, a la construcción de catedrales. Estas, epicentro de la vida económica y espiritual de las ciudades, eran lo más importante para quienes vivían en sus zonas de influencia. ¿Qué ocurriría si alguna vez, cegados por nuestra arrogancia y nuestra soberbia, nos uniésemos todos con el objetivo de construir el más colosal de los edificios posibles, uno insuperable y eterno? ¿Si olvidásemos nuestras diferencias y rencillas, lo lograríamos?
Por supuesto que sí. A nadie le importaría el precio a pagar, ni en vidas ni para el planeta. Paradójicamente, olvidaríamos también ese antropocentrismo, ese exceso de vanidad que nos habría impulsado hacia una meta tan compleja; nos sacrificaríamos hasta lograr el objetivo común, nos convertiríamos en instrumentos. Ya no importarían el pasado ni el futuro. Él estaría en el centro de todo, sería nuestro nuevo dios de acero y cristal. Seríamos hormigas, células creadas para habitar y reparar sus arterias. Y, a cambio, El Edificio (inclemente como cualquier divinidad) nos enjaularía, transformaría y condicionaría hasta hacernos involucionar. Pero recordad que los dioses, como los imperios, no son eternos.
“porque hay catástrofes que son necesarias. Y yo también sigo adelante porque las catástrofes, si no se cuentan, además de necesarias se vuelven inútiles”
Estamos ante una obra original y estimulante. Una composición de 151 textos breves que van horadando la mente del lector y sembrando en ella la idea de un edificio temible e inevitable, capaz de condicionar el espacio y el tiempo. Nada puede entenderse si no es a través suyo. Ni el pasado ni el futuro. Ni la sociedad ni la ciencia. Una construcción tan inconmensurable que es capaz de aplastar y someter incluso a nuestro dios actual: la economía. Cada capítulo, cada relato, diálogo o verso, es un fotograma que nos recuerda nuestra insignificancia y lo efímero de nuestra existencia. Además, nos despoja de esperanza en otra vida porque con Él, dejamos de ansiarla.
La idea de miles de seres humanos viviendo en una construcción colosal no es nueva. Ya la encontramos en obras como El mundo interior (Robert Silverberg, 1971) o, a menor escala y con otro barniz, en la Trilogía del silo de Hugh Howey. Pero Santi Pérez Isasi le confiere una dimensión más metafísica y menos sociológica al subgénero, aunque también hable de estratificación y desigualdad social. Además, introduce en la historia aspectos biológicos y evolutivos (o involutivos) que, hasta ahora, parecían reservados exclusivamente para las novelas sobre naves generacionales. Con todo ello consigue hipnotizar al lector y que este no se plantee si algo así pudiera ser posible o sostenible. Lo capta, lo condiciona y lo arrastra descubriéndole un nuevo credo que le da sentido a todo o que, tal vez, demuestra que nada lo tiene si es a costa de nuestras vidas.
Nada ni nadie pueden oponerse a El Edificio. Es inevitable y necesario. Con Él no importan las leyes, las causas ni las consecuencias. Dota de sentido y, a la vez, resta importancia a nuestras vidas. Es un organismo vivo, la metáfora de una civilización o un imperio. Es un sueño premonitorio y terrible de Santi Pérez Isasi sobre nuestras ambiciones y nuestra naturaleza. Una lección sobre la vanidad y sobre lo absurdo de sacrificar nuestra existencia por alcanzar la trascendencia. Pero para poder comprenderlo, deberemos aguardar hasta que ceda su estructura y los ascensores propaguen las llamas. Solo así asumiremos lo dañina que es nuestra vanidad.
Uat de fak is dat? ¿Novela? ¿Microrrelatos que narran una historia? ¿Un dislate? Un librazo. Pequeñito pero librazo. La loca y/o absurda y/o disfuncional y/o apocalíptica historia de un edificio imposible. La más estúpida creación humana, que ya estaba, que siempre estuvo, que siempre estará antes y después de su construcción. Antes de ser ideado. Un edificio que es mundo, compendio de toda la inventiva y miseria de la que podemos ser capaces. Un edificio que es casi un ente.
Cada capítulo es un microrrelato (si no micro microrrelato). Ciencia ficcion, disparates, humor y muy precisas reflexiones. Filosofía y antropología, imaginación y literatura. Esta estructura de microrrelato, de falta de personajes (aunque qué mejor personaje que un edificio), sé que ha echado para atrás a algunas personas, pero a mí me ha encantado.
"El edificio" fue una de mis compras en la segunda edición del festival Terramur.
Me llamó la atención el hecho de que estuviera narrado en forma de microrrelatos, creía que iba a encontrarme algo parecido a la antología de Spoon River, en la que el autor cuenta la historia de un pueblo a través de pequeños poemas en las lápidas de sus habitantes. Este libro no cuenta la historia de cada uno de los habitantes del edificio (porque sería imposible), pero sí nos cuenta la historia del edificio en sí y no puedes hacer más que sentirte pequeña en cuanto a la magnitud de todo lo que se te narra.
Es una lectura rápida y innovadora, lo recomiendo mucho.
150 microrrelatos en torno al edificio, una gigantesca estructura cuya construcción tardó cientos de años (o no), que llegaba hasta las nubes (o no) y que alojó a millones de habitantes (o no). Su creación, su construcción, su vida cotidiana, su deterioro y su derrumbe. Porque, al fin y al cabo, ¿no es cierto que el universo fue creado para que pudiera albergar el edificio?
Una sorpresa agradable, no pensaba que 150 relatos conformaran una historia llena de detalles y recuerdos. El edificio es el auténtico protagonista de este libro tan especial. He leído 10 relatos diarios durante los últimos 15 días y os aseguro que ha sido una experiencia fascinante. Me ha gustado mucho el experimento y lo recomiendo a todos los amantes de las buenas historias.
El edificio existe, existió y existirá aunque no lo percibamos lo sentimos.
Sorprendente, impactante e impresionante. Un libro diferente, donde el protagonista está pero no hace, casa capítulo es menor de una página y un Micro relato en sí mismo pero no deja de contar y aportar a la historia.
Merece la pena leerlo por la originalidad del planteamiento y reflexión que provoca. Se pueden hacer tantas interpretaciones del edificio que daría para un tratado filosófico. No os dejará indiferentes.
Toda una obra. Este libro es un referente satírico de la condición humana que te hace reír por no llorar. Si buscas una buena lectura que te haga pensar, la has encontrado.