No voy a hacer una reseña, solo voy a decir que me encanta que lo cuente con humor.
Y que me parece genial que Ángel Martín se animara a escribir sobre algo tan íntimo, tan duro, tan serio; pero algo que es necesario saber también, y que con gente como él, los que no hemos pasado por eso -o los que también han pasado por ello- podamos saber un poquito sobre lo que es y lo que se siente al volverse loco.
Y voy a poner dos momentos que me han hecho reír, aunque hay muchos, muchos, creedme; aunque quizás sea por haberlo escuchado en audiolibro, que está narrado por él mismo.
"Recapitulemos.
Yo me despierto una mañana, me pongo hasta arriba de hierba que me sienta mal, empiezo a creer que estoy a punto de morir, todo indica que eso es justo lo que va a pasar, se me ocurre preguntar qué pasa si no quiero morir, las voces no entienden nada, les digo que a lo mejor la muerte simplemente fue una frase en plan de broma que caló en el ser humano un pelín más de lo previsto, la muerte viene a decirme que me deje ya de hostias y me muera, yo le digo que no quiero, ella dice es lo que hay y yo le digo a mi cerebro que me ponga con el universo.
Así que ahora en mi cabeza hay un montón de voces a puntito de asistir a una conversación entre la muerte, el universo y un tipo drogado hasta las trancas asegurando que haber descifrado el universo le da derecho a no tener que morir nunca si le sale de los huevos.
Ojito a la fiesta.
Pero la cosa no acaba aquí.
Recordemos que estamos hablando..." (Hay que decir que aquí estaba drogado -marihuana-, pero que todo empezó en un momento en donde no había fumado ni tomado nada, así que él no achaca a la droga el haberse vuelto loco.)
"Además de las voces a las que yo ya estaba acostumbrado, vinieron a ver la reunión entre la muerte, el universo y servidor personajes históricos que habían vivido hace años y personas que actualmente están vivas y que por supuesto no conozco, pero que mi cerebro —por algún motivo que todavía no he conseguido descifrar— decidió traer a mi cabeza para que pudieran ver cómo terminaba todo aquello.
Y me refiero a personajes tan desconcertantes como los Monty Python o James Franco.
De hecho, uno de mis mayores logros hoy en día es tener la sensación de que he hecho reír a todos los componentes de los Monty Python.
Vinieron tanto los que estaban vivos como los que estaban muertos, así que, a parte del privilegio de hacerles reír, también tengo el privilegio de haber vuelto a juntarlos independientemente de su estado vital."