Esta historia también empieza en un lugar de La Mancha. Allí, hace miles de años, surgió la primera sociedad hidráulica de nuestro continente. Mucho tiempo después la sed llenó esas tierras de vides, olivos y cereales. Entre ellos nació Virginia Mendoza, cuya historia personal y familiar está ligada sutil pero irremediablemente a la falta de agua. En este sorprendente libro recoge y conecta viejos y nuevos descubrimientos científicos con un sinfín de relatos heredados insólitos, emocionantes y llenos de vida que hablan de quiénes fuimos y quiénes somos hoy.
La sed nos persigue y nos impulsa, nos enseñó el arraigo y el desarraigo. Empujó a nuestros antepasados más allá de África y, decenas de miles de años más tarde, asentó a sus descendientes junto a los pocos ríos caudalosos que quedaban. Es posible que nos ayudara a inventar el pan, pero también nos hizo conocer el hambre. Asistió al origen de civilizaciones, y también a su colapso. Nos llevó a mirar al cielo, a unir estrellas, a crear dioses de la lluvia y a una curiosa convivencia entre la fe y la ciencia durante la Pequeña Edad de Hielo: mientras unos invocaban la lluvia con danzas y rogativas, otros fundaban disciplinas para predecirla, medirla y retenerla.
Escrito desde uno de los puntos menos lluviosos y más amenazados por la desertización de Europa, este libro nos conduce a un fascinante viaje por el mundo y la historia, así como por los retos a los que nos enfrentamos como especie. La sed nos une, nos divide y no ha dejado ni dejará de acompañarnos, pues somos agua en busca de agua.
Virginia Mendoza es periodista y antropóloga. Ha escrito crónicas y reportajes para revistas como Gatopardo, Papel (El Mundo), Viajes de National Geographic, Jot Down, El Español, Verne (El País) Altaïr, Salvaje y Yorokobu, entre otros. Es columnista en Plaza. Es autora de 'Detendrán mi río' (Libros del K.O., 2021), 'Jane Goodall. Una revolucionaria en la investigación del mundo animal' (RBA, 2019)'Heridas del viento' (La línea del horizonte, 2018) y 'Quién te cerrará los ojos' (Libros del K.O., 2017). Además del de Jane Goodall, ha escrito el libro sobre Alexandra David-Néel de la colección Grandes Mujeres de RBA. Ha participado en los libros 'Cien años del genocidio armenio: Un siglo de silencio' (E-ditarx, 2016) y '(h)amor' (Continta me tienes, 2015).
hay un olor irrepetible y creo que imposible de recrear si no es naturaleza mediante: el olor a tierra mojada. mucho perfume de higuera, de lavanda, de naranjas de positano pero ninguno a tierra mojada o como diría mi querida @vdvelociraptor de petrircor. quizás sea a eso a lo que huele la vida. a esas primeras gotas que mojan el suelo o caen ante nuestra mano extendida antes de abrir el paraguas o empezar a correr para no mojarnos. una vez tras una larga caminata por el campo llegué a casa derecha a beber agua y recuerdo pensar que no había nada como beber con sed (y comer con hambre, si nos ponemos) y de eso va el libro que #virginiamendoza ha escrito con tanto rigor y a la vez humor y amor. de querer llegar a ese lugar en el que poder saciar nuestra sed. de la sed de la humanidad. porque fuimos nómadas porque necesitábamos agua para vivir y nos asentamos porque descubrimos que había agua bajo nosotros. porque aprendimos a leer las señales del cielo que anunciaban la lluvia o la ausencia de la misma y nos acogimos a las deidades desde tiempos ancestrales para pedir por el agua. que le pregunten a San Isidro que pasó de ser un labriego tranquilo y bonachón a convertirse en el santo al que con más devoción se le pide la lluvia, el agua, para los campos. filósofos, astrónomos, científicos han querido dar con la clave del agua, de cómo hacerla aparecer cuando ésta se resiste. así surge la figura del hacedor de lluvia, las canciones populares, el marzo ventoso, abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso . los niños piden agua, los enfermos que se les moje los labios, los médicos recomiendan dos litros al día, Jesús pidió agua en la cruz y padeció la sed en el desierto. dicen polvo eres y en polvo te convertiras, pero nuestro cuerpo es un ochenta por ciento agua y bien es sabido que no podríamos vivir más de tres días sin beber porque nos secariamos como esa tierra agrietada que surca gran parte de la meseta y sur de España. Holden Caulfield se preguntaba donde irian los patos de Central Park si el lago se helase por completo, pero ¿donde iríamos nosotros si el agua dejase de existir, si dejase de llover, si nuestro principal recurso se agotase?. y aunque hemos vivido desde que el mundo es mundo muchos momentos de sequía, y de agua, que nos han hecho evolucionar hasta convertirnos en el homo sapiens sapiens que somos, puede que ahora seamos más que nunca testigos de la propia evolución del agua en la tierra y lo único que tengamos que seguir haciendo es movernos para seguir calmando nuestra sed. #lased de #virginiamendoza es un precioso compendio de ensayo y memorias que se remonta al origen de los tiempos y va brincando a través del calendario siguiendo el cauce milenario del agua para narrar la historia, no sólo de la humanidad, sino la de la vida misma que no habría sido posible si el agua y la sed no fuesen de la mano.
¿Por dónde empezar? Es un libro IMPRESCINDIBLE para entender nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Es increíble como Virginia consigue contar la historia de la humanidad en menos de 300 páginas sin llegar a ser pedante en ningún momento y ni abrumarte con datos y nombres. En resumidas cuentas, leer a Virginia Mendoza siempre es un acierto pero este libro va un paso más allá. El recuerdo y el amor que transmite hacia sus abuelos es simplemente digno de admirar❤️
3.5/5. Un trabajazo de investigación contado con mucha sensibilidad y buenas anécdotas, pero francamente creo que se le ha ido la mano con la amplitud de todo lo que ha querido contar (ha abarcado milenios y continentes, lo lejano y lo cercano, varios tipos de ciencias... Todo a la vez) así que a ratos se hacía pesado.
»Die Suche nach Wasser« ist ein Buch, das die Menschheitsgeschichte erzählt, zentriert um den Zugang zu Wasser oder, wie die Autorin es immer wieder zu einem Thema zurück bringt: Durst. Sie stammt als La Mancha in Spanien, einem der trockensten Orte in Europa, und tatsächlich habe ich mit mehr autobiografischem Bezug in diesem Buch gerechnet, aber stattdessen zieht sie einen vielfältigen Blick über die kulturelle Entwicklung der Menschheit, ihre Ursprünge und Forschungen zu der Entwicklung der Menschheitsgeschichte. Dabei ist das Buch deutlich wissenschaftlicher und als ich angenommen hatte, was das Lesen mühsamer gemacht hat als ich erwartet habe - aber das ist meine eigene Schuld. Die Recherche für das Buch muss sehr tief gegangen sein, denn beim Lesen habe ich unfassbar viel erfahren - beinahe ein bisschen zu viel und eigentlich oft für meinen Geschmack nur so ungefähr in thematischer Nähe zum Titel.
En la tierra de donde procedo, esa extensión manchega llena de olivos llamada Jaén, cuando llueve salimos a la ventana y gritamos «¡agua!», felices ante el raro milagro. También llenamos calabazas secas con el preciado líquido, aprovechamos el de las duchas y nos bañamos en la misma agua que nuestros familiares; interpretamos meteorológicamente el cerco de la luna, tenemos refranes para pedir que llueva y se nos saltan las lágrimas ante el llamado petricor. Últimamente, a nivel nacional, somos más conscientes de lo que podría suponernos vivir sin agua, pero en ciertas tierras llevamos décadas con este miedo.
Virginia Mendoza ha escrito un ensayo sobre cómo la escasez de lluvia nos ha influido, no solo a los centro-peninsulares, sino a toda la humanidad; y le ha quedado precioso y de lectura necesaria. Es un texto con el que aprendes y no dejas de sorprenderte. Está repleto de anécdotas que van desde el uso que hacían de las semillas de granada los supervivientes del genocidio armenio hasta la aparición de las llamadas «Hungerstein», esas piedras con frases talladas que aparecieron siglos después de secarse un embalse. Leyendo «La sed» también realizas un trayecto que rezuma saber antropológico, un viaje desde el origen del hombre hasta nuestros días, y por todo el planeta. Y, lo mejor del libro: logra emocionarte. Los recuerdos de la propia autora conmueven porque están llenos de una belleza muy pura, muy honesta.
El otro día, el periodista Luis Guijarro me dijo que deberíamos aprender a no decir que viene «mal tiempo» cuando anuncian lluvia, que ese cambio de mentalidad nos haría más conscientes de la que se nos viene encima con la sequía. Y coincido con él. Porque, como dice Virginia: «agua es lo que somos, y en su ausencia se ausencia el ser humano», ya que «morir, al fin y al cabo, se parece mucho a secarse».
¡Virginia! ¡Que las fuerzas no nos falten para seguir exaltando la belleza del mundo rural seco! Porque ir al campo con nuestros abuelos calzando unas katiuskas y tomarnos un hornazo junto a él, sentados sobre una estera de esparto y rodeados por olivos salvajes, es un recuerdo tan bonito como el que tendrán los gallegos de ir al bosque de helechos con sus abuelas, y celebro mucho compartir contigo estos bordados en nuestras memorias.
Como hijo de manchegos y habitante de la España árida, este libro apela a mí realidad y plantea la influencia de la sed no sólo como necesidad del individuo sino como hilo conductor de grupos colectivos a lo largo de la Prehistoria e incluso de la Historia. Combina relatos personales que suceden en nuestro país con fragmentos de la Historia Global de la Humanidad. Desde las migraciones de homininos, al destino de las primeras civilizaciones de la Historia, la Pequeña Edad de hielo y nuestra pertinaz sequía.
3,5/5. Das Buch war deutlich wissenschaftlicher, als ich erwartet hatte, und stellenweise empfand ich den Bezug zum Durst als etwas verkrampft. So baut die Autorin mehrfach einen klaren historischen Verlauf auf, nur um am Ende einer Etappe einzuschieben, dass sich nicht widerlegen lasse, dass diese Entwicklungen auch auf den Durst zurückzuführen seien. Das macht die Lektüre mitunter recht anstrengend – was schade ist, denn man merkt deutlich, wie intensiv und gründlich die Autorin für dieses Buch recherchiert hat.
Agradezco esta investigación exhaustiva de Virginia Mendoza sobre un tema tan poco común como la sed, y cómo ésta ha modificado los patrones culturales y migratorios a lo largo de siglos. Es difícil aunar prehistoria con actualidad y ella lo consigue de manera amena y documentada, haciendo de la memoria una enciclopedia. Maravilloso.
Por momentos engancha, porque la idea de la sed es muy buena y la autora la cuenta con un estilo cercano. A veces se dispersa y pierde algo de fuerza, pero aun así deja reflexiones interesantes sobre el agua y lo frágil que es lo que damos por sentado.
Gran literatura: un ensayo que no te deja distraerte. Lo más sobresaliente es la manera de unir historias personales con datos antropológicos o históricos. Virginia Mendoza te lleva y te trae por los vericuetos de su mente, que pasa de historias cercanas a grandes personajes o períodos históricos casi sin enterarte. Maravilloso libro.
La conferencia del libro me pareció bastante interesante. Con el libro no pude. Mucha referencia histórica sin tanto sentido y falta de una mejor prosa me Lal abandono.
Falta un epîlogo con la opinión sobre las ûltima normativa.. Sobre el agua.La autora se queda con las polîticas de 1933 y 45,y desde entonces, ha llovido mucho y la mentalidad de la sociedad,sobre el particular, en principio, ha cambiado
No puedo hacer una buena reseña porque lo he abandonado a la mitad. Muchos datos antropológicos, para mi dificil de seguir un hilo conductor a pesar de que todo gira entorno al mismo tema, la movilización de la humanidad para sobrevivir de la sed.
Se tenía mucha sed sobre la sed, y lo de Mendoza salió a borbotones. Para leer como mejor se bebe cuando aprieta el calor y la sed: a sorbitos, escuchando la temperatura del cuerpo y satisfaciéndolo. El agua comenzó a cotizar en bolsa en 2020. Para especular con ella, para continuar con la agricultura intensiva. Viejo truco del capitalismo: convertir algo vital, abundante y gratuito, en escaso y trabajoso de obtener. Ponerlo en el mercado, ponerle un precio y considerarlo así riqueza. Y además, juzgar a la agricultura de subsistencia como obsoleta y atrasada. La nuestra es una sociedad en la que convertimos lo vital (agua, aire, comunicación cara a cara) en algo escaso para especular con ello. Mercantilizamos la humanidad y decimos "sociedad de mercado", cuando en realidad somos una sociedad de necesitados. El agua es vida.