La obra en cuestión se erige desde sus primeras líneas con una pretensión pedante que permea toda su extensión. Aunque se presenta como una suerte de catarsis, su verdadero propósito se desenmascara como una secuencia de intentos por justificar una personalidad trastornada, víctima de un fracaso editorial. En su conjunto, carece de interés genuino, limitándose a desplegar un discurso gastado y recargante, carente de la profundidad que promete alcanzar.
El lector, en algunos momentos, puede experimentar una atracción inicial impulsada por la empatía, solo para verla desmoronarse al percatarse de que la autora, en última instancia, destruye todo a su paso, guiada por decisiones cada vez más absurdas. El relato revela una espiral de aspiraciones desvanecidas, particularmente centradas en el anhelo de alcanzar el estatus de una autora de renombre, objetivo que la protagonista nunca logra concretar. Es en este punto donde la obra pierde su atractivo por completo.
El intento de enmarcar la novela como un nuevo "Quijote" resulta forzado y contribuye a la percepción de que el texto es un ejercicio vano en busca de grandiosidad literaria. La narrativa, al final, se desvela como un sueño que se desintegra gradualmente, revelando la bipolaridad de la autora, quien confiesa estar vinculada a una ilusoria sensación de grandeza.
En resumen, la lectura de esta obra no se presenta como recomendable, ya que su contenido no logra trascender más allá de una narrativa desconcertante, desprovista de verdadero valor literario.