4,5 ⭐️
Wharton es como si tuviera dos estilos de escritura, uno costumbrista, más denso y, el otro, ágil, misterioso y, para mi gusto, más ameno. Hay que tener en cuenta que donde desplegó su habilidad fue en los relatos. Según Henry James, su mentor, en ellos se distinguía su mejor prosa y, según Lawson, fue una de las más brillantes escritoras de cuentos de la literatura norteamericana. Tiene auténtica destreza en crear ambientes rígidos y monótonos de la alta burguesía de Nueva York. Hace una crítica mordaz a esa vieja sociedad neoyorquina a la que ella pertenecía, así que, no había nadie más apropiado para describirla, lo hace con ironía, porque no la soportaba. También describe personajes sensibles, encadenados a las convenciones sociales o a alguna relación destructiva, reflejo de su fallido matrimonio y una posterior relación ilícita clandestina.
Este libro contiene cinco relatos: El primero, “Las fiebres romanas”, fue absolutamente gráfico, sencillo y con un giro final fascinante, una historia sobre una antigua amistad rota por un pasado tumultuoso. Los siguientes, las opiniones han sido muy dispares, en el tercero, “El último recurso”, empecé a notar que la lectura se me estaba haciendo más pesada, pero al final mejoró bastante. A partir de ahí fueron “in crescendo”. “El grano de la granada”, el último y el mejor, es ágil, intrigante, con un suspense tremendo y un toque de misterio que no puedes ni levantar la vista. Aunque todas tienen como nexo común una carta, aquí la carta es la trama central, el misterio está en su remitente.