En 1535, en el corazón de una Europa convulsa tras el cisma de Lutero, se suceden las rebeliones contra la Iglesia católica y el Papa. En la ciudad alemana de Münster un orador particularmente preparado, Bernd Rothmann, se convierte en el guía espiritual que encabeza la revuelta contra la corrupta jerarquía católica. Dentro de la ciudad se declara la libertad religiosa, acuden centenares de peregrinos y, con ellos, profetas y predicadores de toda laya. Extramuros, sin embargo, los ejércitos católicos se aprestan para el escarmiento más despiadado. Dieciocho años después, cuando la sublevación de Münster es sólo un recuerdo y la Inquisición persigue cualquier indicio de herejía, el inquisidor general de Lyon tiene que identificar con urgencia al autor de un manuscrito anónimo, especialmente venenoso, e impedir su difusión. Es obra de un brillante filólogo, de un teólogo singular, con suficientes conocimientos de medicina como para sostener las teorías más heterodoxas sobre el funcionamiento del cuerpo. Y para seguir su rastro, el inquisidor acude a Joachim Pfister, un culto grabador de tipos de imprenta que trata con varios talleres de Francia.
Antonio Orejudo nació en Madrid en 1963. Doctor en filología hispánica, durante siete años fue profesor de literatura española en diferentes universidades de Estados Unidos y ha pasado un año como investigador invitado en la Universidad de Amsterdam. En la actualidad es profesor titular en la Universidad de Almería. Es autor de cuatro novelas: Fabulosas narraciones por historias (1996), Ventajas de viajar en tren (2000), Reconstrucción (2005) y Un momento de descanso (2011). Todas ellas, muy distintas entre sí, componen el corpus coherente de uno de los narradores más brillantes en lengua española. Autor de numerosos artículos de crítica publicados en Babelia, ABC Cultural, o Letras Libres entre otros medios de prensa.
Quién mejor que un autor herodoxo y poco convencional para hablar de los años turbulentos en que la ortodoxia de la Iglesia Católica se enfrentaba - con la ayuda de la Inquisición - a una corriente que recorría Europa: el ansia por reconstruir la esencia del cristianismo mediante la interpretación directa de la Biblia. Y aquí entra la imprenta, con la revolución que suponía el que el conocimiento se expandiera como nunca antes. Como dice un personaje:
Simplemente constato un hecho: hay demasiada gente leyendo, opinando y extrayendo sus propias consecuencias. Demasiada gente buscando documentos y vestigios antiguos.
En muchos casos no son sesudos clérigos los que discuten de teología, sino jóvenes airados y bastante desgreñados que frecuentan las tabernas y algunos de los cuales están un poco majaras. Es muy interesante cómo se narra la rebelión anabaptista de Münster, que durante más de un año intentó instaurar un orden social y político basado en las nuevas creencias religiosas.
Entre todos estos pensadores /activistas /reformadores /predicadores que conforman un magma que cambiará nuestra cultura, aparece Miguel Servet, que busca el alma en la circulación de la sangre, pero acierta en muchas cosas.
No es propiamente una novela histórica, porque tiene toques filosóficos, pero es una historia apasionante narrada con mucha fuerza por un autor extraordinario. 4,5*
Ficción de hechos históricos de forma novelada y totalmente libre, como no podía ser de otra forma tratándose de A. Orejudo. Digo esto porque referirse a este autor siempre es sinónimo de fantasía, es un elemento importante y que valoro mucho. Aunque lo cierto es que en esta obra está más contenido que en lo que le he leído anteriormente, lo cual no sé si es bueno o malo.
Entrando en materia diría que el tema que trata me ha sorprendido muy gratamente por lo que supone de arriesgado: los focos de resistencia y rebelión al catolicismo imperante en Europa en el S. XVI, los anabaptistas y el nacimiento del luteranismo, el calvinismo. Me gusta además como lo despoja de misterio y arremete el tema desde un punto de vista personal que coincide bastante con mi punto de vista, totalmente alejado de la fascinación mística por las religiones (por ninguna).
Parece bastante bien documentado el autor y resulta interesante como trata la irrupción de la imprenta en Europa y lo que supuso para dar a conocer y extender rápidamente las nuevas ideas y la reforma católica; también la lucha despiadada de la Inquisición frente a esas las nuevas ideas y la lucha por el poder político que todo ello supuso derivado de la influencia del cristianismo en los distintos estados. Calvino, Lutero, Servet, etc, se hacen presentes en este libro. Ciertos apuntes teológicos y filosóficos hacen la novela interesante y para nada aburrida.
Cuando Jose Carlos Rodrigo recomendó Ventajas de viajar en tren de Orejudo, no dudé en leerlo. Después, este otro título salió a colación, y también me animé a leerlo. Estoy de acuerdo con él en que es un gran libro. El tema es inusual -el conflicto entre católicos, luteranos, y diferentes vertientes del protestantismo- y el libro y me ha parecido una buena mezcla de una historia que se desarrolla en el Renacimiento y que, aunque se siente muy moderno y fresco, no contiene anacronismos, -al menos yo no los he encontrado. Es un poco al estilo El nombre de la rosa, o quizá menciono este libro porque es de los pocos con tema de misterio y religión que conozco, pero mucho más breve y compacto, con un buen número de páginas. Esta edición es muy agradable de leer. Aun así, comparando por comparar, y eso que no hace mucho que leí Ventajas de viajar en tren, me quedo con muchas ganas de volver a leerlo. Me sorprendió mucho, me encantan estos libros que tienen dentro otros libros al estilo de Calvino o Herve Le Tellier.
He cogido como costumbre desayunar y pasear cada domingo por el mercado de Sant Antoni. Pareciera que no hubiera un día en el que me fuera sin encontrar una joya y a muy buen precio. La semana pasada no iba a ser diferente y a quien me encontré fue al escritor Antonio Orejudo,no muy conocido entre mis compañeros lectores contemporáneos, no saben que se pierden a uno de los mejores autores de la actualidad, con una prosa deliciosa que hace los ojos se deslicen de una línea a otra y que entres en la historia como entra el cuchillo en la mantequilla. Antonio debutó con Fabulosas narraciones por historias. Una novela graciosa, inteligente y con una gran carga de conocimientos históricos de la cultura española; la cual, el verano pasado tuve el placer de leer en un viaje a Madrid. Podría acostumbrarme a leerlo cada verano porque lo que es realmente magnífico es la capacidad de narrar que posee, podría engancharme a su prosa escribiendo un libro sobre la plantación y desarrollo de la lechuga y lo leería encantado; es lo que ocurre en esta obra Reconstrucción, la cual tiene como pretexto una historia que transcurre sobre el año 1500 d.C., acerca de la construcción del relato como control y disidencia, pero que a su vez es un pretexto para hablar de otras cosas, me recuerda a la teoría de Hemingway del iceberg. Se presupone que el valor del texto no está en lo que se dice, sino en lo que no se dice. En esta historia lo que no se dice es el valor de la lectura como condición para el desarrollo de un pensamiento crítico, no como poseedor de una nueva verdad infalible, sino, como la libertad de permitirnos dudar acerca de aquello que creemos, a su vez, tiene también como pilar central la creación de la narración desde nuestra propia vivencia, acentuando el valor de nuestra subjetividad al compartirla y someterla al juicio de un otro que nos escucha o lee que, además es la única herramienta que poseemos para enfrentarnos a los poderosos. En definitiva, una cita del texto puede esclarecer lo que aquí se está exponiendo. “No es que el verbo se haga carne; es que el verbo es la única carne. (...) Aquellos hechos que conserva la memoria son semillas que han germinado con el tiempo gracias a la imaginación. Son sucesos que se enriquecen solo por el hecho de contarlos, de someterlos al juicio de otra persona.”
Reconstrucción, novela de Antonio Orejudo, es, para mi gusto, una de las mejores novelas españolas escritas en el primer decenio de los años 2000.
Ambientada en la Europa del XVI, mal llamada “novela histórica” por algún sector de la crítica, ya que en cuanto a reflexión metaliteraria y constructo artificioso alcanza mucho más lejos de esa etiqueta, llegando a un cierto tipo, incluso, de autoficción. La primera parte del texto muestra un ambiente medieval con personajes ad hoc… pero las siguientes partes se tornan más detectivescas, tratando la narración de encontrar al autor de un libro publicado bajo las siglas MSV, que serán las del aragonés Miguel Servet de Villanueva. Debido a este libro, prohibido en esos momentos, la novela de Orejudo cede protagonismo a lo histórico y, mediante un recurso dialogado, nos cuenta parte de la vida de Servet hasta que fue condenado por Calvino a morir quemado en la hoguera por hereje, tras un polémico proceso eclesiástico.
En Orejudo, nos encontramos con una preocupación por la novela y por los mecanismos y resortes a la hora de narrar. No en vano, Orejudo es filólogo. La literatura se convierte así en materia de creación y de estudio. Por ello, resulta tan fascinante la estructura de Reconstrucción. El peso de la reflexión literaria lo atraviesa todo, y en cualquier lugar de la novela nos asalta una carga que invita a volverse sobre la literatura. Un buen ejemplo son los títulos de los capítulos: Conversación, que hace referencia a la oralidad que obsesiona a Orejudo; Tipos, referente a los tipos de imprenta con los que se construyen los textos; Teoría, expone toda una reflexión sobre la autoría; Expediente, aborda los recursos de narraciones en el interior de otras narraciones; Reconstrucción o la función de la ficción literaria y la forma de generar historias… Así es la novela, repleta de claves por todas partes, y con la, reconocida por el autor, alusión en el titulo a Derrida, por supuesto, todo un estudio sobre la forma de contar, de narrar, de literaturizar.
Así, la obra se trata de una reflexión acerca de las funciones de la literatura. ¿Cuántas novelas hay en las novelas de Orejudo? En sus textos encontramos un híbrido, una mezcla de géneros, salpicados de la herencia cervantina: novelas insertadas en la trama principal. Al existir tantos relatos, muchos de ellos se colocan en líneas detectivescas, eróticas, humorísticas, picarescos, de aventuras… Con Reconstrucción, es como si el lector fuera inventado a montar, varias veces y de diferentes maneras, un monumental lego literario.
Curiosamente, y después de sendos premios a sus novelas anteriores, de forma significativa, Reconstrucción no obtuvo ningún galardón. Eso puede dar que pensar acerca de lo que se nos plantea y la forma en que se nos plantea en la obra, quizás la más literaria y compleja de su autor y, por ello, alejada de los premios y, tal vez, la más desconocida y poco apreciada de sus novelas. ¿Por qué? En primer lugar, podría sorprender -de no conocer el espíritu de Orejudo y su carácter innovador- que el autor se oponga en diferentes entrevistas a que Reconstrucción sea encasillada como una novela histórica. Mantiene que no habla de historia pasada, sino de su mundo, de ahí se desprenderían la multitud de claves encontradas en ella. Y también repite en algunas declaraciones una afirmación contundente: el que cuenta las cosas en la novela es Antonio Orejudo, no un narrador, con las opiniones y visiones de Antonio Orejudo. Y el motor del texto es la lectura de Castelo contra Calvino, de Zweig, que le fascinó, no por lo que aparecía en primer plano, sino por la descomunal figura de Miguel Servet que atisbaba al fondo.
Con mucha diferencia respecto a las demás obras de Orejudo, Reconstrucción es su obra maestra. Son tan ricos, tan profundos los guiños metaliterarios y ficcionales que la atraviesan, con una estructura tan compleja y redonda que se cierra a la perfección, cuando muy fácil hubiera resultado un cierre en falso, que resulta prodigioso el desfile de personajes y la acumulación de información desperdigada que el lector va recogiendo para recomponer su propio puzzle literario en donde ningún personaje es quien dice ser ni lo que parece ser.
El resultado final es el de una pieza compuesta con un aspecto brillante, de gran aliento y calado, que concluye con grandes reflexiones e incide en los caracteres humanos y personales de la literatura como forma de subsistir en el mundo, pero también aboga por su independencia y entidad como materia inherente a los saberes humanos. Y es definitorio el primer capítulo, el que recrea la herejía de Münster con un desfile de tipos, de personajes, un pulso histórico a la narración en donde se escribe con dobleces y no se nos dice lo que se está contando, sino que se reflexiona sobre la prospección de la literatura en las almas, su poder a la hora de crear historias. Esta es una primera parte deslumbrante por su riqueza, por su ritmo narrativo, por su estructura dialogada y por esa vuelta de tuerca que representa: nos muestra un libro con voluntad de innovar, un texto que de inmediato se diferenciará de lo escrito hasta ahora en un ejercicio de originalidad arriesgada y muy contundente.
Y que no debería pasar desapercibido ante la tristeza del panorama literario actual.
La novela está cuidada en cada mínimo detalle y las piezas solo pueden encajar de una manera, de haberlas colocado de otra manera habrían arruinado el conjunto final. Las historias y los personajes se desdoblan, el multiperspectivismo narrativo, el polinarrador, los sucesos presentados desde diferentes prismas cuánticos, como deconstruidos en un cuadro cubista, para poder volver a ser montados y reconstruidos y así dotar de un sentido literario a la historia del fanatismo religioso europeo del XVI, junto a una galería de personajes con muchísima mayor entidad que los esperpentos que habían poblado las anteriores páginas de las primeras novelas del autor y que, resultando y funcionando en el hecho literario, ni de lejos adquirían el relieve que consiguen en Reconstrucción, donde no se supeditan al mero acto de narrar, contribuyendo con sus construcciones a un texto de relieve que se convierte en una fiesta de la narración. Un lego de la narrativa perfectamente ensamblado.
Historias deslavazadas, y excelentemente ambientadas históricamente, que terminan convergiendo de manera sorprendente. Aprovecho para recomendar también "Ventajas de viajar en tren" del mismo autor.
Tengo que reconocer que se está ganando un lugar destacado en mi top ten de novelistas estando ya entre mis articulistas favoritos.
Una novela ambientada en uno de mis periodos favoritos y que trata temas religiosos que también me encantan. El estilo me recordaba en ocasiones al de Sapkwoski (pero sin el componente fantástico) y el argumento engancha en todo momento, deseando conocer la identidad del autor del manuscrito. La descripción de la rebelión anabaptista de Münster es fenomenal.
Ha sido una relectura muy accidentada. Caí enfermo. Perdí el hilo. No me concentraba. Menos mal que recordaba algo de mi primera lectura hace ya veinte años. El libro es bueno. Y quizá su mayor mérito consista en tratar un tema histórico desde la modernidad y sin caer en grandes contradicciones. Este autor merece mayor reconocimiento.
A los españoles, sobre todo a los de Castilla, les costaba admitir que ellos también podían ser contaminados por la herejía. Se consideraban de otra casta. Y se tomaban lo de la herejía como un asunto de reputación nacional. La religión para ellos siempre ha sido un lazo más fuerte que la sangre; y el honor de España, algo mucho más importante que el parentesco. Nunca he visto fanatismo semejante al español.
Hacía ya muchísimo tiempo que un libro tan breve y tan modesto en sus aspiraciones no lograba divertirme e instruirme con tanta intensidad. He disfrutado y releído todas y cada una de sus páginas, deseando que no terminara nunca. Es mordaz, es inteligentísimo, es riguroso en su precisión histórica y en su descripción de las ideas que forjaron aquel siglo y, por encima de todo lo demás, está escrito con una prosa excepcional.
Lo volveré a leer varias veces a lo largo de mi vida, no tengo dudas.
E’ la storia di Bernd Rothmann, giovane predicatore anabattista vissuto nel XVI secolo a Munch, poi diventato incisore a Lione, che per via indiretta e indipendente dalla sua volontà, si intreccia con quella di Michele Serveto, fatto bruciare al rogo come eretico da Calvino in quegli stessi anni. Mi sono sempre piaciuti i romanzi ambientati durante la Riforma protestante e la Controriforma cattolica ed inevitabilmente finisco sempre per sceglierne uno di nuovo ogni volta che mi accingo ad acquistare un libro. Sono attirata prima di tutto dalla veridicità storica di fatti e personaggi, e ogni volta mi ritrovo a pensare a quanto sono stata fortunata a nascere in questa epoca, mai e poi mai avrei voluto ritrovarmi, donna, in quegli anni fatti di fanatismi religiosi spinti fino all’eccesso della violenza, della crudeltà, dell’amoralità e dell’abiezione; per non parlare poi dell’ignoranza più nera anche e soprattutto nelle scienze accademiche ancora troppo mischiate con la religione e di certe elucubrazioni mentali di tanti “riformisti” su singoli termini o passi della Bibbia che hanno portato a tante guerre di religione e a tanti morti sul rogo per eresia o stregoneria. Questo romanzo infatti mette in evidenza con un linguaggio duro e diretto tutto il putridume morale di quel tempo e bisogna avere lo stomaco forte per affrontarlo, ma va benissimo così, anzi edulcorare con belle parole o con il sottinteso ciò che è stata la realtà di quei tempi finirebbe per renderla poco credibile e quasi favolistica. Nonostante ciò, do solo quattro stelle su cinque, perché quello che non ho affatto apprezzato è lo stile di scrittura utilizzato dall’autore, ossia una narrazione condotta per lo più al presente e in terza persona come fosse una cronaca giornalistica, anche se non mancano inserti narrativi in prima persona o dialoghi di cui non sempre si capisce chi sia l’interlocutore: per me niente di più inadeguato e vero guazzabuglio, dove si fatica a immedesimarsi nel protagonista per capirne storia e punto di vista, mentre una narrazione in prima persona e al passato lo avrebbe sicuramente reso possibile. Infine non mi è piaciuto come è stato tradotto il titolo originale che è “Reconstruccion”: cosa c’entra l’incisore di Lione, quando il tema a cui ruota attorno tutto il romanzo e le figure di Rothmann e Serveto è il desiderio di “ricostruzione”, appunto, di una Chiesa delle origini, quella dei primi cristiani? Ancora una volta sono convinta che certe traduzioni siano più questioni di mercato (e purtroppo devo dire che nel mio caso ha funzionato proprio così), che di volontà di adesione al testo. Comunque sia sono contenta di aver letto questo romanzo e lo consiglio agli appassionati di questo genere e periodo storico come me.
Un romanzo storico ambientato nell'Europa del XVI secolo,quando divampavano i conflitti religiosi e pensare con la propria testa poteva facilmente costare la vita. L'autore pur avendo pesantemente romanzato gli avvenimenti ed i personaggi è stato bravo a immergerci nelle atmosfere di quei tempi. In particolare nella prima parte, dove si parla della rivolta di Munster, siamo catapultati in un ambiente pieno di fermento, in cui il fanatismo va a braccetto con la corruzione e la vanità e gli ideali più nobili degenerano a causa della debolezza degli uomini che li predicano. La seconda parte si svolge vent'anni dopo, in piena controriforma: la lunga mano dell'inquisizione ormai arriva ovunque, creando un clima opprimente di sospetto e incertezza. Il ritmo della narrazione si adegua e si fa più lento, diventando un po' troppo discorsivo ed astratto; le teorie esposte sono interessanti e scritte in uno stile scorrevole, ma la storia si appesantisce e perde mordente. E' interessante anche notare come i personaggi, benchè siano per la maggiorparte illustri teologi e uomini coltissimi, siano tutt'altro che idealizzati; anzi sono tutti profondamente terreni, legati alle esigenze più basse e materiali del corpo, che l'autore non si fa scrupolo a descriverci minuziosamente (pratiche sessuali, malattie...) Questo è un buon romanzo, che coniuga in maniera originale realtà storica e vicende romanzate tenendo desto l'interesse del lettore e non perdendo mai in credibilità.
Lo cierto es que este libro me ha descolocado bastante. Su ambientación, la Europa de la Reforma, me fascina. La historia en sí parece muy entretenida pero creo que su problema es que mezcla muchas cosas en poco tiempo/páginas, y no termina, en mi humilde opinión, de centrar la narración. Aunque no me ha llegado a enganchar de la manera que esperaba, tiene momentos muy entretenidos e interesantes. Para mi la mejor parte ha sido la final, y su principio, totalmente eliminable, si bien es cierto que éste le da algo de ambiente a uno de los personajes. Otra cosa que me ha gustado, es que pinta el panorama general de la época de la Reforma: discusiones sobre un tema hasta entonces indiscutible, mostrándonos la grandeza del Renacimiento y el poder que en la historia del conocimiento han tenido esos grupos de personas exponiendo sus ideas y teorías.
Definitivamente no soy muy de Orejudo. Después de "Ventajas de viajar en tren", que no me convenció,"Reconstrucción" me ha dejado un poco frío. El tema de las discusiones reformistas del XVI me parece apasionante y este libro me ha despertado el interés por seguir leyendo sobre ello. (Stefan Zweig puede ser interesante.) Me ha gustado mucho el relato de los anabaptistas de Munster y su destino final con esas tres jaulas colgadas de la torre de San Lamberto. ¡Que todavía siguen allí! Pero luego todo el cambio del relato, aunque al final se cierra el círculo, las salidas de tono, el inventario de corrientes reformistas, la minuciosidad en le descripción de la tarea tipográfica de Pfister, me han sacado un poco de la novela.
Orejudo es Orejudo, así que el libro es divertido, fluido y, a veces, muy loco. Pero no es ni todo lo divertido, ni todo lo fluido, ni todo lo loco que Orejudo puede hacer que un libro sea. Es una recreación (perdón, reconstrucción) histórica de algunos episodios conocidos de las luchas entre católicos, protestantes y anabaptistas que sucedieron en Francia y Alemania en el s. XVI y que aquí no se pueden contar. Hay un misterio que resolver, hay identidades secretas, hay debates teológicos, hay un sabio intento de extraer consecuencias aplicables a la actualidad. Hay un maravilloso olor a "El nombre de la rosa", en fin.
Esta novela de Orejudo es extraordinaria. Una mezcla de varios géneros: histórica, policiaca, picaresca, religiosa, filosófica... De una escritura impecable y compleja que gana mucho en su brevedad. Muy recomendable.
Leer a Antonio Orejudo es siempre una garantía. En primer lugar, porque se trata de un escritor solvente, de escritura brillante, dotado con ese estilo tan poco afectado propio de los grandes narradores, en apariencia tan natural pero que resulta tan complicado de lograr. Y en segundo lugar porque afronta todas sus novelas con el rigor necesario y el temple preciso pero sin abandonar nunca la distancia suficiente para imprimir en ellas un humor personal e impagable. “Reconstrucción” es una novela que, a pesar de situar su argumento en el siglo XVI —un hombre sabio aunque con un pasado turbulento recibe por parte de la Inquisición el encargo de encontrar al autor de un libro herético—, aborda temas rabiosamente contemporáneos: el fanatismo religioso, el poder, la crueldad, la inevitable mutabilidad de las ideas o la locura que a veces acompaña a la razón, y siempre con ese estilo desenfadado pero eficaz que Orejudo imprime en sus novelas. Empezar el año con “Reconstrucción” ha sido sin duda un acierto.
A pesar se que se deja lucir como un escalón superior a la simple novela histórica, el afán de innovar en el estilo, haciendolo directo y desbarrado, se carga la suspensión de la credulidad.