"Culmina el giro iniciado..." decía yo en el minicomentario del tomo anterior. Once tomos deberían haberme hecho aprender que la culminación puede estar todavía por delante y manifestarse tres o cuatro veces más. Lo menos.
La sima de aniquilación de Seiichi no conoce fondo. Y la manera en que asume la culpa de su madre hace más daño, si cabe. Por cierto, a pesar del abuso de primeros planos, y cómo Shuzo Oshimi juega con ellos para detener el tiempo o acelerar la lectura, ¡qué bien funciona el desenfoque de las últimas páginas! La forma en que el dibujo asienta y profundiza en el paisaje psicológico del joven es tan sencilla que parece trivial. ¿Alguien más lo habrá enfatizado así?