Biografía intelectual, el filósofo narra el viaje político desde su izquierdismo juvenil hasta un constitucionalismo ilustrado de derechas.
Un Fernando Savater más libre e iconoclasta que nunca. Carne gobernada es posiblemente su obra más personal donde a través de un viaje por sus vivencias, reflexiona sobre la política actual, el deseo y la sensualidad en la madurez. Además de explicar cómo los acontecimientos recientes han motivado su cambio ideológico y criticar la clara decadencia política y cultura del Occidente, lanza un dardo al periódico en que siempre ha escrito, El País, y un alegato a favor de la libertad sexual de los mayores.
Con un tono narrativo y un lenguaje cercano lleva al lector por una travesía que agitará conciencias y levantará polémicas.
Born 21 June 1947, Savater is one of Spain's most popular living philosophers, as well as an essayist and celebrated author.
Born in San Sebastián, he was an Ethics professor at the University of the Basque Country for over a decade. Presently he is a Philosophy professor at the Complutense University of Madrid. He has won several accolades for his literary work, which covers issues as diverse as contemporary ethics, politics, cinema and literary studies. In 1990, Savater and columnist and publisher, Javier Pradera, founded the magazine, Claves de Razón Práctica
He defines himself as an agnostic, an anglophile and a defender of the Enlightenment in the Voltaire tradition.
Es magnífico, exquisito. Tres aspectos insuperables: la escrita, los temas de la escrita y el contenido de la escrita. La edad puede ser algo terrible, pero puede también traer liberdad y independencia, dos valores aquí bien aprovechados, en sintonia con una inteligencia y sabiduría excepcionales. Uno verdadero privilegio, una maravilla.
Escrita y referencias.
«Refugiarme en la tentación, lo que siempre he querido y conseguido pocas veces.»
«Pues bien, el regalo de K —bendita sea entre todas las mujeres— consistía en una noche en una soberbia habitación del Londres, con un balcón que regalaba la mejor vista de la Concha que pueda imaginarse, capaz de conmover mi alma ñoñostiarra como si nunca hubiera visto ese paisaje.»
«Cedí, porque lo único más irresistible que una mujer que nos folla es una mujer que nos cuida.»
«Desde luego, el que no tiene nada que enseñar a nadie, ni siquiera a sí mismo es el abstemio, al que Ambrose Bierce, en su imprescindible Diccionario del diablo, definió como «persona de carácter débil que cede a la tentación de privarse de un placer».
«Eso de la inteligencia artificial, que tanto preocupa a quienes deberían estar mucho más inquietos por la estupidez natural, debe de ser algo así y a los viejos nos puede venir bien.»
«Ocurre como con la tortilla de patatas: la buena nos lleva a las puertas del cielo, pero también las peores en bocadillo quitan el hambre…»
«Que yo le guste a una mujer suele parecerme mal síntoma, porque algún defecto tendrá cuando se contenta conmigo.»
«¡Bendito sea lo que queda cuando ya queda poco y quien nos acompaña no aspira al inefable frenesí sino a pasar un buen rato!»
«Son dos chicos de lo más encantador y yo no podría quererlos más si fuesen carnalmente hijos míos. Me tengo por un exilado perpetuo del final de la niñez y tratarlos me acerca al aroma de mi verdadera patria.»
«Borges escribió que quien se enamora funda una religión cuyo dios es falible: pero lo verdaderamente grave es que se trata de un dios mortal, que un día sin más ni más puede imponernos su ausencia como antes nos doblegó con su presencia.»
«Nada más ha fallecido, algo muy corriente, otra rutina. Solo una costumbre más, aunque sea la última y la más irrenunciable de todas.»
«Como el obispo de mi cuento, preferiría el milagro a la explicación racional, que a mi edad es difícil que me sea favorable. Lo malo es que no creo en milagros ni me han servido ninguno a domicilio: le ofrecí a Dios fervorosamente la oportunidad de ganarse un adepto incondicional durante la atroz enfermedad de mi amada, pero no quiso o no pudo aprovecharla. Que luego no se queje.»
«En fin, recuerdo que mi sabio amigo Antonio Escohotado siempre repetía que no hay venenos, solo dosis. En cantidad inadecuada puede ser letal hasta la tortilla de patatas. Me parece una evidencia frecuentemente desatendida por los prohibicionistas que no conocen el uso sino solo el abuso, o los trasgresores a los que afecta el mismo error, pero en sentido opuesto.»
Temas y contenidos y liberdad.
«La parte más importante de mi vida, la mejor, la que hace que valga la pena lo demás, ha sido totalmente imaginaria: transcurrió leyendo relatos de aventuras, viendo inolvidables escenas de películas, gozando las hazañas de los grandes jinetes y sus corceles, disfrutando de los tebeos (ese bendito invento), ilustrando mentalmente los cuentos que me contaba mi madre o los sonoros poemas que me recitaba mi padre, inventando personajes con mis hermanos para transformarnos en héroes de la leyenda de nuestros juegos, refocilándome en fantasías masturbatorias casi preferibles a los coitos reales (que también se estimulaban con fantasías similares), soñando vívida y memorablemente cada noche… soñando.»
«Yo admito que no he conocido muchos sentimientos hermosos y quizá humanamente indispensables, que he padecido atrofia espiritual (ese mar de hielo interior que debe romper el hacha de la gran literatura, según Franz Kafka), pero al menos he estado poseído por el amor romántico. Y por tanto sé para qué puede servir una vida no desperdiciada, una vida no dedicada a conseguir algo visto como clave de lo feliz sino entregada a alguien a quien debemos llevar hasta la felicidad o al menos resguardar de la desdicha. (...) Bien, ya está, tuve mi oportunidad y con peor o mejor tino la aproveché: viví para alguien, o sea, tuve acceso por un tiempo a la vida superior.»
«De hecho, la mayoría de nuestras debilidades prácticas no provienen de la falta de razón sino de su exceso: somos capaces de tanta racionalidad que nos sobra y no sabemos qué hacer con ella.»
«Creo que si la naturaleza, esa madrastra atroz, no hubiera hecho a las mujeres más vitalmente inteligentes que los hombres, la especie humana habría desaparecido hace siglos. Pero como es cruel e implacable, las hizo capaces de compensar el ofuscamiento suicida de los varones y como resultado aquí estamos, mal que nos pese.»
«La culpa es de mi artrosis: si una ola me derriba no soy capaz de levantarme y tengo que esperar a que alguien me ayude, a veces una chavala guapa y compasiva a la que me gustaría levantar en brazos yo y llevarla a donde nadie pudiera vernos. Y es que la vejez no solo es una amenaza, sino sobre todo una humillación. Una humillación constante, que no cesa, que no hace más que agravarse. Por eso, los viejos pedimos respeto y agradecemos (algo avergonzados, eso sí) las muestras de deferencia: para aliviar o disimular un poco la permanente humillación de nuestra edad.»
«La hermosa juventud dicen que es efímera, pero la fea vejez no digamos: además de incómoda y humillante, fugaz. Nadie puede quedarse en ella, se va más deprisa que la infancia. La verdad es que los muchos años convierten la vida en un deporte de riesgo. Hoy yo, a mi jurásica edad, corro más peligro de muerte bajando cautelosamente a comprar el periódico en el quiosco frente a mi casa (sí, aún venden periódicos, entre muñequitos, billetes de lotería, cargadores de móvil y otros mil cachivaches) que un joven de veinte años haciendo parapente. Es indecente y de nada sirve encogerse de hombros de forma hipócrita como si no tuviese importancia.»
«Adorno gracias a que la filosofía no sirve para nada aún debemos ocuparnos de ella. En efecto: cabe decir que la filosofía es vital porque se parece a la vida en que no sirve para nada.»
«Sin embargo, decir de algo que es discutible resulta un formidable elogio. Solo lo que pisa aunque sea inciertamente en la dudosa senda del espíritu es discutible, mientras que la estupidez supina o la franca locura son refractarias a la discusión.»
«No creo en la obligación de la fidelidad y siento disentir de mi querido Oscar Wilde, que dijo: «Cuando tienes veinte años quieres ser fiel y no puedes, y cuando tienes cuarenta quieres ser infiel y tampoco puedes». No, tío Oscar, no siempre es así. No recuerdo haber querido nunca ser fiel, pero con el tiempo he adquirido cierta pericia y tacto en la infidelidad. Eso sí, leal indefectiblemente, leal al amor (no al sexo) hasta el final.»
«Ahora lo que prevalece bajo apodo de feminismo es el erotismo más anticuado y reaccionario que pueda imaginarse, inventado por mujeres que consideran a todos los hombres que las desean como violadores a los que hay que domesticar. No solo tienen una imaginación lesbiana sino morbosamente antimasculina. De hecho, para alguna ideóloga feminista todo coito encierra violencia sexual, idea que solo puede explicarse como psicopatológica.»
«Es evidente que vivimos en plena cruzada contra la heterosexualidad, que ahora siempre resulta algo sospechosa y en el fondo poco digna para la mujer o quien se autodetermine como tal.»
«El mayor mérito de la izquierda resulta ser que impide gobernar a la derecha, lo cual es un gran logro: porque aunque los gobiernos de izquierdas cometan los mismos errores y abusos (¡o más!) que los otros, lo hacen de manera involuntaria, forzados por las circunstancias o engañados por indeseables en sus filas; en cambio, los gobernantes de derechas cometen sus atropellos con deliberación y deleite y si parece que aciertan en algo es porque aún no han revelado sus verdaderas intenciones. La buena voluntad siempre disculpa las estupideces y mangoneos de la izquierda, mientras que el perverso afán de lucro contamina todo lo que la derecha promueve, aunque sea repartir a los niños regalos de Navidad. (…) No hay ideología política más contraria a los valores progresistas que el separatismo que subvierte la igualdad entre los ciudadanos y apoya el descarado egoísmo colectivo de las regiones, además de convertir a los vecinos en extranjeros en su propio país. Pues resulta que la izquierda ha descubierto en el separatismo unos aliados inapreciables. Y desde luego Pedro Sánchez confía en ellos para perpetuarse en el poder que las urnas le regatean, pagando el precio que haga falta por indecente que sea en amnistía y concesiones fragmentadoras.»
«Pero hay un requisito en cuya defensa soy bastante intransigente: la unidad legal y social del país. La principal función del Estado es favorecer a los pobres (no solo los lastimados económicamente sino también los menos despiadados, los que carecen de sentido práctico, los que hasta en el mejor de los mundos se quedarían rezagados) y protegerlos de la desventura. En eso discrepo del liberalismo radical: no creo que cada cual solo deba valerse por sí mismo. El que no pueda más, el que falle, tiene derecho a esperar el apoyo de los demás. Admiro mucho a esos hombres (y mujeres, claro) que como suele decirse «se han hecho a sí mismos», pero los prefiero cuando además han ayudado a que no se deshagan los demás. Esa función de auxilio, apoyo y reparación es humanamente imprescindible porque por muy individualistas que seamos (y yo lo soy, sin duda) vivimos en sociedad, es decir, somos necesaria y no accidentalmente socios de los demás. Pero no puede cumplirse si el Estado no permanece unido y sus ciudadanos no son efectivamente iguales. La democracia contemporánea exige libertad para crear y expresarse, o sea liberalismo, e igualdad de leyes, derechos y deberes, o sea socialdemocracia: pero ninguna de las dos patas del invento —liberalismo y socialdemocracia— es posible si el Estado se fragmenta y se despedaza. O si la ciudadanía se basa en principios identitarios diversos e incompatibles, no en la abstracción de una constitución para todos.»
«No basta con tolerar a los egregios, es decir, a los que se pavonean fuera del rebaño normal (aunque formen el suyo con unanimidad feroz), sino que hay que ponerlos por encima de cualquier norma. Lo anormal no existe, todo tiene derecho a ser considerado dentro de una norma que se inventa para cada ocasión: no solo hay que acoger sin extrañeza ni repudio al ternero de dos cabezas, sino dejar bien claro que los terneros de por sí tienen una, dos o varias cabezas, lo que les pete. Solo un fascista puede invocar la zoología o la biología para señalar cómo debe ser un ternero, y más fascista todavía es el que invoca la autoridad histórica o institucional para deslegitimar la opción nacional que elige según su real gana cualquiera. En este puzle de identidades contrapuestas, cada una alimentada por la hostilidad al mínimo común denominador con los demás, es imposible una educación compartida o una administración basada en la igualdad por principio y no por una superposición de excepcionalidades. En una palabra, el separatismo de un grupo o territorio (que nada tiene que ver con el amor al terruño o las costumbres tradicionales) es el peor enemigo de un estado democrático. Y para quienes consideramos que la democracia es progresista no hay movimientos políticos más intrínsecamente reaccionarios que los separatismos.»
«¿Por qué conserva la izquierda tan buena fama en nuestro país, a pesar de los crueles fracasos históricos que ha sufrido allí donde se ha impuesto de manera imperativa? Por una mirada sesgada que ha establecido la norma de juzgar a la izquierda por sus intenciones y a la derecha por sus resultados. Si uno proclama que quiere acabar con la miseria y la desigualdad, conseguir una educación universal y una sanidad que proteja por igual a todos los ciudadanos, sean cuales fueren sus ingresos económicos, solo cabe aplaudir estos objetivos generosos. ¡Qué diferencia con las propuestas de la derecha, que hablan de prosperidad conseguida por medio del trabajo remunerado, de propiedad privada, de orden social basado en el cumplimiento de las leyes!»
«En el País Vasco lo padecimos primero en la dictadura franquista que compartimos con el resto de los españoles y después durante el despotismo etarra que no ahorraba en sentencias de muerte. Tanto en uno como en otro caso hubo verdugos brutales, pero también esa red de cómplices bien educados, chivatos y correveidiles que pudrían el día a día de los ciudadanos con su vigilancia abyecta. Por cierto, hoy, después de la «cancelación» de ETA, son los que gozan mejores posiciones en el «nuevo tiempo» que vivimos. Con ellos pactan ahora los socialistas de Sánchez la gobernabilidad del país.»
«Al comienzo de su fascinante aunque oscura Fenomenología del espíritu, Hegel propone un ejercicio para comprender la naturaleza mudable de la verdad. Escribamos en un trozo de papel un enunciado que nos parezca incontrovertiblemente verdadero: por ejemplo: «Ahora es de día». Nuestra certeza en la verdad de ese aserto es total, pero pocas horas después volvemos a leer el papel comprometedor y ya expresa una falsedad, de la que estamos tan seguros como antes lo estuvimos de lo contrario. El tiempo arrastra lo que parece mejor fundado y revierte lo que dimos por irrevocable.»
«Después atravieso la franja de arena que me separa del mar. Como no llevo gafas no puedo disfrutar plenamente de las vistas, pero a despecho de la miopía capto imágenes sugestivas que me alegran el trayecto: unos pechos rotundos o respingones ofrecidos voluntariosamente al incierto sol entre nubes propio de mi bendita tierra, las semiesferas casi comestibles de un glorioso trasero propuestas a la admiración del interesado por la gracia del generoso tanga, el invento indumentario del que más celebro haber sido contemporáneo. Sin el cosquilleo de la excitación erótica, por leve que sea, todos los paisajes resultan enseguida aburridos. Solo el deseo alivia la monotonía del mundo, cuyas reiteradas maravillas vegetales, fluviales y geológicas emocionan convencionalmente a los turistas y fastidian hasta el bostezo a quienes no están aquí como de paso.»
Magnífico ensayo. Me encanta encontrarme con autores ya de vuelta, que se la suda lo que puedan decir los indignaditos de turno y huyen de la corrección política, porque pueden, y sobre todo, porque saben. Porque no hay nada más vomitivo que toda esa caterva de ignorancia indignada por cosas que ni entienden pero que asumen como axioma inapelable, partiendo de bases falsas y demostradas. En el caso de Fernando Savater, además, nos encontramos con un autor de los que van encendiendo las bombillas de las neuronas conforme lo vas leyendo. Y esto no requiere estar de acuerdo con todo lo que postule, sino admitir que escribe en una onda que despierta el lado intelectual como nadie. A esto le sumamos que lo que dice se corresponde con lo que uno piensa y vivencia pero no sabría describir tan claramente y es cuando el ensayo se convierte en certero. Muy recomendable. Verdades como puños, explicaciones contundentes y lenguaje comprensible desde la erudición. Estupendo
Leer a Savater sigue siendo un placer esperado. Sus comentarios siempre inteligentes y adobados con humor, política, deseo y sexo en esta mirada que hace a su vejez es más que remarcable. Tanto así que un gusto ha sido subrayarlo. Tomar esas frases precisas de francotirador que dan justo en el corazón del tema y de aquellos a quienes ese tema les resulta más que importante. Dicen que Savater se ha vuelto loco, y no es del todo mentira, pero la verdad es que tan solo se ha hecho viejo, ha pasado a ser parte de ese grupo selector de personas de las que se suele decir que están por encima del bien y del mal. Eso es todo. ¿Se puede seguir disfrutando de un Savater de derechas? ¿Se puede leer a un autor absurdamente incómodo con ciertos feminismos, nacionalismos y comunismos? pues creo que sí. Es más hasta se puede disfrutar como lo hice yo en este corto libro que uno casi quisiera que se extendiera en sus precisiones y también en sus exabruptos.
Debo muy gratos momentos de lectura, jovialidad y reflexión a Fernando Savater. Me atrae siempre su inteligencia y admiro su coraje práctico. Sin embargo, la mayor parte de esta confesión, de cuya sinceridad no dudo, sólo faltaría, me resulta un tanto forzada y no reconozco su voz habitual, alegre e irreverente. Hay temas en los que el dolor eleva una muralla y no puedo llegar a ello y otros en los que una cierta amargura (inevitable, supongo) me apenan.
En ciertos momentos logro conectar con sus pasiones y las infancias recuperadas, lo que hace que el libro merezca la pena. Recojo sugerencias de autores y obras literarias y películas. Me quedo con eso. Y le sigo deseando lo mejor.
El libre se lee muy fácilmente y es entretenido pero el autor, aunque me parece que tiene mucho talento natural, lo encuentro un poco sobrado. Efectivamente es un autor que se puede constatar que ha leído mucho y que ha asimilado lo que ha leído. Y por tanto hay muchas cosas curiosas y originales que enseñan y abren los ojos. Pero no me ha gustado que describa tan gráficamente las relaciones con las dos mujeres que ha compartido su vida en los últimos años y que le han impactado y ayudado tanto en su vida.
Perdón por la ordinariez: no creo que a él le importe mucho que lo diga, pero el Sr. Savater va en este libro con la chorra fuera. Lo dice abiertamente en la introducción: "Cuando era más puntilloso (y presumido) por culpa de la juventud, me habría sonrojado el desaliño de estas páginas" (p. 18). Es verdad, pero a quién le importa. Aunque es un texto escrito rápido, meditado poco y revisado, acaso, después de impreso, es fresco, ligero, irreverente y -espero que al Sr. Savater tampoco le importe que lo diga- tierno. Hay desorden y cachivaches en este paseo por su memoria, incluyendo refritos de textos anteriores, como un par de columnas publicadas en The Objective o El País. Pero hay también esos fogonazos de lucidez marca de la casa, o sea, con humor y retranca ("Yo creo que fueron los censores del franquismo los últimos que se tomaron en serio la cultura en nuestro país", p. 153).
Como dijo esa sabia mujer amiga suya y como repite mi amigo Rafael: "yo, siempre con Savater".
Carne gobernada es una obra fundamental para comprender la filosofía vitalista de Savater, que une cuerpo, razón y placer como partes inseparables de la existencia humana. Es un texto breve pero intenso, que sigue siendo actual en su mensaje:
“Vivir bien no es dominar el cuerpo, sino convivir con él sabiamente.”
El libro más personal que ha escrito, una mini biografía desparpajada, sin pudores. Enseñanzas para la vida. De él siempre aprendo algo..., como saber llegar a la vejez siendo "carne gobernada".