El problema siempre es el mismo: las ideas son buenas y la verdad es imposible, dice Diego Geddes al comienzo de este libro. Sin enfasis falsos, con ingenio y ternura, el autor mira (y muestra) la vida cotidiana como nadie. No puede dejar de ver lo que a los demas se les escapa. Y siempre lo hace con humor y profundidad. Indaga en aquellos rincones que el resto elude y esquiva las respuestas faciles: Esto lo puedo estar inventando es un tratado de preguntas inusuales e incomodas. Es, tambien, un diario sin fechas, desarmado, quebrado, que lucha contra la inercia del detenimiento, del no escribir, un diario que hace recordar a Levrero, otro insondable ensayista de la nada. La enfermedad y la muerte de la madre, Bahia Blanca, la construccion de la familia, la crianza de los hijos (la manera de ayudarlos a construir su mirada del mundo), el trabajo, la procrastinacion, la busqueda contra la obstinacion perdida, el tenis, las alegrias, los dolores que rompen el corazon… Mientras vemos al autor lidiar con lo cotidiano, se construyen otros libros: un diario del duelo, una cronica sobre el estado del periodismo y, por supuesto, el fascinante Atlas Universal de la gente que conoci. Diego Geddes ve este mundo con ojos unicos.
Un libro que te hace sentir acompañado. "A veces estamos demasiado tiempo buscando la felicidad y la felicidad aparece de modos muy extraños. Por ejemplo, en la autopista Buenos Aires – La Plata, con el sol en el espejo retrovisor, avanzo a una velocidad media y veo que voy a la misma velocidad que el tren que corre parelelo a la autopista. Algo en el haz de luz que me cruza por el capó y que va hacia el tren y se mantiene constante, además de la canción que voy escuchando, me provoca una sensación de bienestar impensada." Es lindo saber que todos experimentamos esos momentos de felicidad cotidiana y sencilla.
Pensando en cómo empezar este breve comentario sobre Esto lo puedo estar inventando de Diego Geddes, se me vino a la cabeza la cara de Zygmunt Bauman y el concepto de “modernidad líquida”. El hambre de instantaneidad que nos generan las redes sociales; la capacidad de concentración en pozos históricos; la inseguridad para elegir y actuar ante tantos estímulos (¿cómo saber qué me conviene, que no me equivoco?). Hay muchas ideas, pero la verdad es imposible.
Algo así piensa Geddes. Es pesimismo, es un neurótico perdido. ¿Quién se atreve a pensar que con lo larga que es la vida la verdad sea imposible?
Lo cierto (sin osadía de decirlo) es que crecer es inevitable, y que cada cana nueva es nada menos que una pregunta más. La vida es un constante hamaqueo entre perderse y encontrarse, con la seguridad de que nunca vamos a estar del todo seguros ni totalmente errantes en la incertidumbre. Nadamos en una laguna eterna con flota-flotas en los brazos. Esa laguna es la cotidianeidad, la vida misma. En ella vamos a encontrar los problemas más crudos y las ideas más maravillosas. Pero lo más importante –y abundante– son esos puntos de conciencia absoluta, de abstracción. Están por todos lados, y mientras más los identifiquemos más vivos nos sentimos.
Geddes extiende regularmente el título de este diario partido, quebrado. “Atlas Universal de las Personas”; “y de la Procrastinación”; “Y del Duelo, de la Muerte, de la Paternidad”. No es otra cosa que el “Atlas de la Cotidianeidad”. Un texto para sentirse más vivos entre los intersticios de la realidad, donde algo llama la atención.
Cortázar define “lo fantástico” con el fenómeno del extrañamiento: “...en cualquier momento les puede suceder a ustedes, les habrá sucedido, a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico”.
Diego Geddes lo hace bien, pero debemos hacerlo todos: que la realidad nos extrañe.
Varios hilos narrativos se van trenzando para contar un proceso de duelo, de paternidad, de trabajo, de vida urbana y de ciudad de provincia. Me encontré riendo a carcajadas, llorando, rumiando ideas profundas o en estado de gracia x los comentarios de Diego Geddes. Un libro inclasificable, hermoso, de narrativa cercana y fácil de leer.
Calificacion pura y absolutamente subjetiva (como todas) pero el goce de leer a personas que estas acostumbrada a escuchar es dificil de describir. Muchas gracias gatita. A veces rei con ruido y otras veces se me cerro el pecho de la angustia entre bocinas del subte A.