«Cuando alguien menciona un sitio que conocemos, sentimos que dicen nuestro nombre también». Sí, sí y sí.
Me parece acertado iniciar el año con esta lectura que no sólo alimenta mi ilusión de viajar, sino que le da sentido a todo eso que no he sabido nombrar de mi último viaje al otro lado del mundo. Entre la nostalgia y los picos de dopamina, este libro me ayudó a aterrizar todos esos sentimientos que surgen de viajar.
La lectura es amena y coloquial; se disfruta mucho leer sobre las anécdotas de viaje de Alan, pues las describe con un enorme cuidado al detalle que prácticamente te hacen sentirte ahí en la India con él.
En ocasiones, puede llegar a ser redundante sobre las ideas en cada capítulo, pero fuera de eso, me parece un gran ejercicio de reflexión sobre los paralelismos entre los viajes y la vida misma.
Gracias a mi pequeñita Zu por prestármelo. ❤️