Cada lector es un mundo y, si ponemos la atención suficiente, lo es también todo ente que lo el sillón que lo sostiene, la lámpara que alumbra su lectura, el libro que tiene entre sus manos, el nematócero diminuto que sobrevuela su cabeza. Entre cada uno de estos mundos tiene lugar un intercambio incesante, una economía afectiva y material que los transforma. Hay entre ellos, incluso, encuentros de una violencia tal que podemos pensarlos como colisiones, grandes impactos que generan mundos nuevos, con inéditos vínculos y destellos. En Planetas habitables, Elisa Díaz Castelo traza, gracias a una escritura en la que las palabras de la ciencia cobran una sensualidad inesperada y las sutilezas de la vida contagian el placer de la ironía, un minucioso mapa que busca dar cuenta de la intrincada red de conexiones desplegada a nuestro alrededor a cada instante. Si hoy en día hay quienes piensan que, ante el desastre anunciado, la solución es la búsqueda de nuevos mundos, en este poemario se nos propone encontrar en el lenguaje las razones para mantener habitable la singular complejidad que nos conforma y de la que somos parte.
Yo ya no soy yo después de leerlo. No por todo el poemario en sí, sino por el Poema en presente indicativo. Esa madre me rompió algo por dentro, estoy seguro, lo sé porque lo sentí. Nunca un poema me había dicho tanto ni me había durado tanto tiempo. Lo leí y en la última estrofa terminé llorando, literal. La relectura de ese poema me llevó un día entero y el efecto fue mucho más denso que el de cualquier droga que haya probado. Escribo esto dos días después de haber terminado el libro completo y sigo tratando de procesar qué hizo ese poema en mí, además de partirme toda mi cognitiva y emotiva madre.
Por lo demás, me encantan los poemas en los que el/la/lx poeta aborda la ciencia, desde su belleza, desde su magia, desde su maravilla y todo el poemario es un tributo a eso.
Siempre que leo un poema dedicado a Laika lloro y siento ganas de ir a pedirle perdón por lo que le hicieron y el poema que aquí escribe Elisa para ella no fue la excepción.
Se nota claramente el trabajo cuidadoso en la confección de cada poema, Elisa es una poeta muy minuciosa y quisquillosa, y eso se agradece si también te gusta valorar la parte técnica del arte.
A lo mejor este libro es de esos que o lo amas o lo odias. Yo lo amé.