Un ensayo imprescindible sobre la apropiación cultural gastronómica que demuestra que el mapa del mundo también se traza a través de la conquista del estómago.
«La descolonización de nuestra manera de pensar, actuar y cocinar es algo que hemos comenzado a trabajar como sociedad hace demasiado poco». La periodista mexicana Ana Luisa Islas, colaboradora de medios como ABC, Hule y Mantel, Cuina, Reforma o la ya desaparecida Munchies, mete el dedo en la llaga —que no es otra que una herida que comparten millones de personas— en esta lúcida y franca reflexión sobre la apropiación culinaria.
La autora, migrante, hija, nieta y bisnieta de migrantes, se expone sin reservas en una serie de ensayos que abordan el viaje, tanto de las personas como de los ingredientes que llevan bajo el brazo, en su dimensión física, emocional y, sobre todo, identitaria. Mejor oler a mar es, además, un recetario que dialoga con los recuerdos y que tiende puentes entre un pasado, un presente y un futuro que todos compartimos. Al igual que la muerte.
Me encanta este librito que dice tanto y comparte y enseña y se abre íntimamente ante uno Desde la portada, simpática, hasta la presentación, donde luego de decirnos todo lo que hace la autora, nos cuenta que es viuda, desde las incógnitas que no resuelve (si nos dijo que es viuda, por qué no nos lo cuenta?) hasta las recetas y los mensaje sobre la apropiación cultural y gastronómica que hacemos. Me encantan sus historias, su forma de escribir. No me encanta que sea un libro por encargo (o que lo diga) porque eso me hizo disfrutar menos de su penúltimo capítulo. Me fascina el último, que se llama como su marido, Manerl, y que expectantes creemos que vamos a leer una cosa y nada que ver. Me gusta que hable sobre cosas importantes: la comida, que en mi familia viene siendo un punto de encuentro, de expresión, de amor; migración, que como pueblo judío (del que soy) lo entiendo bien; apropiación cultural y descolonización gastronómica (cada día se aprende algo nuevo) y sobre la familia y las historias personales y lo mexicano. Me gusta mucho esta lectura, a mí.
Ojalá fuera de verdad un ensayo sobre la apropiación cultural gastronómica y no un batiburrillo de ideas sin orden ni concierto de lo malos que son unos y lo buenos que son otros. Bastante perspectivista y una crítica que se queda en la superficie sin llegar a la cuestión de clase y privilegios. El tema recetas: bien (de ahí la segunda estrella)
Me gustó el tejido de ideas y la forma en que la autora referencia proyectos, personas y así, como que no nos perdemos de nada y eso aporta mucho a la lectura. Tiene reflexiones muy interesantes y con bastante sentimiento, me gustaría regalarlo o leerselo a muchas personas
Si la columna vertebral de la memoria de una persona migrante está compuesta por las recetas que le han alimentado a ella y a su comunidad, Ana Luisa logra revelarnos la suya con soltura y cercanía. Un libro clave para reflexionar críticamente sobre las prácticas de cuidado a través de la comida.
Un libro franco y abierto, como la sonrisa de Ana, a la que tuve oportunidad de conocer. Puedo entender porqué a ciertas personas no les fue grato que hablara de invasión, apropiación y colonia; pone el dedo en la llaga de temas que muchos siguen sin querer ver, reconocer o resolver. Pero la magia de sus letras, además de tener una narración que te atrapa, está en el equilibrio: una crítica dura acompañada con un generoso mensaje de comunidad, amor y unión, de una invitación a borrar las fronteras imaginarias y reconocernos como humanos que estamos siempre migrando.
Plus: imperdibles las recetas que te mantienen con el antojo despierto.
4,6 Es un libro interesante que gira en torno a la migración y la alimentación, las recetas y la apropiación cultural, el intercambio de sabores y la colonización (y descolonización). Es interesante, aún así a veces me resultó desordenado y con referencias demasiado específicas para un público general. También es super mexicano, así que supongo que para quien tenga esas referencias mexicanas/catalanas será otra experiencia de lectura.
Tiene reflexiones muy bellas y contundentes respecto a la migración y la decolonialidad sobre las que vale la pena pensar.
Un sabroso viaje de ida y vuelta de ingredientes y recetas desde la lucidez de la mirada decolonial de Ana y desde los afectos del estómago. No pontifica, sugiere, se desnuda a través de su cultura y experiencia gastronómica. Un viaje literario, gastronómico, afectivo y cultural altamente recomendable.
“El lenguaje es tan rico como las recetas, siempre dispuestas a ser modificadas para poder adaptarse a paladares , existencia de ingredientes o altitud”
Así también como la adaptación de ser migrante. Bello libro de ensayos. Muy personal. Muy cozy.