“Me alegro muchísimo cuando tengo ocasión de llevarle algo de este amplio, limpio y hermoso paisaje a su apartamento para que lo disfrute, y no se me ocurre nada que pueda darme más alegría que llevar el Oeste y sus gentes a quienes, de otro modo, no podrían disfrutar de ellos”. Así empieza Elinore Stewart una de sus cartas a su amiga en la ciudad, la Sra. Coney, y podría estar dirigiéndose a cualquiera de nosotros, 120 años más tarde.
Elinore es esa amiga honesta, resuelta y felicianísima, que te da un poco de rabia porque ella no se come la cabeza, duerme bien y ve siempre el lado positivo de todo, pero con la que, de igual forma, tras tomarte un café juntas te inundas de ganas de vivir y relativizar todos tus problemas.
Sus cartas son una inyección de desaceleración, de belleza, disfrute paciente y sin expectativas. A veces no pasa nada durante páginas, o sí, porque el “pasar algo” puede ser un largo paseo a caballo, el toparse con una cabaña humeante a millas de distancia, un desayuno con bollos y mantequilla, o arreglar una rueda. Pero también sus páginas están llenas de agradecimiento, de generosidad entre vecinos, de humor irónico, de fortaleza ante el trabajo duro.
Un libro para disfrutar en el camino. Te dejará una sonrisa. En sus propias palabras:
“He tenido un viaje estupendo; he experimentado casi todas las emociones humanas. No había esperado conocer tanta gente ni descubrir tantos detalles, pero donde hay seres humanos hay pequeñas historias”.