Una excelente explicación interpretativa pero con un tono empírico, marcado por el trabajo de campo, sobre el reciente surgimiento exponencial de la extrema derecha en la Argentina. Atraviesa todo el sistema político y pone énfasis en los procesos históricos nacionales - tanto políticos, culturales y sociales como económicos - que fueron moldeando la conducta política de las élites, la clase media y la clase trabajadora hasta llegar al presente: un descontento popular masivo debido al estado del Estado y al fracaso de las políticas de reconstrucción llevadas a cabo desde el 2001 por los partidos “tradicionales”, que desembocaron en la elección de un presidente de ultra derecha en el país del “nunca más”.
Realiza una breve y concisa explicación sobre la convergencia de las derechas en Argentina desde 1880 en adelante, y describe detalladamente como se fueron dando esas alianzas - e implícitamente sus quiebres - entre la derecha nacionalista reaccionaria y la derecha conservadora liberal.
Además, tiene una descripción muy original e interesante sobre la dicotomía individualismo/comunitarismo: explicándola a partir de las entrevistas a los distintos seguidores de Milei, destacando el rol central que juega el mercado en la sociedad. No se trata de demonizar al individualismo ni de romantizar al comunitarismo, sino de explicar como estos conviven y chocan en épocas de crisis económicas y sociales.
Sin embargo, pensé que se iba a enfocar más en lo
que fue la masificación de la imagen de Milei y sus ideales en las redes sociales - especialmente TikTok y Twitter - debido a la importancia que tuvo en la militancia juvenil: “la rebeldía se volvio de derecha”. Aunque tiene un enfoque intersante en esta cuestión: la convergencia entre la experiencia personal de los sectores populares e inclusive la clase media, ligada a la desesperanza y la angustia ocasionada por la situación económica; y el discurso mediático de Milei que supo canalizar todas esas experiencias y sentimientos para ofrecer un rumbo mesiánico y alentador.
En cuanto a la “batalla cultural”, describe perfectamente, a través de los ojos de los libertarios, citando muchas veces al conservador liberal Agustín Laje, cual es el camino a seguir: derrumbar los pilares del progresismo que “mancha” a los jovenes con los “discursos abortistas”, la “ideología de género” y la cultura “woke” que vienen a terminar con los valores de la familia tradicional occidental y cristiana. Además de combatir el comunitarismo deficitario que nos “llevará al socialismo”. Debo admitir que este capítulo me generó un desprecio aún mayor hacia su persona y sus ideales, lo repudiable que es Laje no tiene nombre.
Es un tanto “tibio” con la descripción del odio y el descontento popular que supo encarnar a la perfección el presidente electo. Siento que se le debería dar más importancia a este tópico debido al nivel de violencia política actual en Argentina y en el mundo, donde el que opina distinto es directamente un enemigo: esta violencia y desprecio hacia el otro, sumado al hambre que pasan los sectores más marginados, ocasionará un estallido social inevitable.