Vuelvo a Bob Pop, después de haber leído Mansos hace un par de años, después, a su vez, de haber visto su serie Maricón Perdido, que resultó mucho más trágica de lo que, por su título, me había imaginado.
Vuelvo a Bob Pop, decía, me leo este ensayo en un día y me despierto la mañana siguiente con la noticia de que la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, en una pirueta con triple salto mortal hacia atrás, ha denegado el registro del título de la serie por su capacidad de ofensa a los consumidores, supongo (eso no lo dicen) que justamente a aquellos que no sean “maricones perdidos”.
Vuelvo también, después de la historia de superación del alcoholismo y la adicción a la cocaína de Javier Giner, a las cosas del beber, un beber que aquí es siempre en compañía, desde otra perspectiva absolutamente distinta: un ensayo brevísimo que, a través de la propia experiencia del autor, de conversaciones con amigos y parejas y de canciones, poemas y otros fragmentos literarios, clásicos y no tanto, ahonda (poquito, que mucho tampoco daba tiempo) en los motivos por los que buscamos esa intoxicación que puede ayudar a pertenecer, a anclarnos al presente, a llenar el vacío.
Un beber que, a lo largo de los años, por la enfermedad, la dependencia y supongo que también por el simple paso del tiempo se va dejando atrás, aparentemente sin culpa ni añoranza. Un relato exento de juicios, que simplemente refleja lo que fue.