Una isla, un pasado, unas gentes que viven entre magias inexplicables y un lenguaje propio.
Existe una isla de la que la gente no se marcha, aunque hayan construido un puente. Y si lo hacen siempre vuelven, ya sea en vida o con los pies por delante. Es una isla que ata y amamanta como una madre colectiva. En ella viven mujeres que se ahuman con laurel después de ir a un entierro, que no silban de noche porque el silbido llama al trasno, que han parido a sus hijos en las casas baratas, hechas con arena de playa. Islas dentro de islas. Mujeres que saben ver más allá de la vida y lavan a los niños con hierbas y les quitan el mal do aire.
Jarroa es desencanto y enraizamiento, volver al lugar del que una vez quisiste marcharte. Niñas con los ojos muy grandes por donde se les mete el mundo y los espíritus. Gheada, seseo, truque. Querer huir y quedarse dentro, hacerse isla y dejar que la marea suba y baje. Recuperar lo que una vez se perdió: la vida y la muerte bailando juntas sin mirarse los pies. Lo cotidiano, la memoria y los mitos se mezclan en una novela sostenida por los rituales de un pueblo marinero donde sigue existiendo una sabiduría poderosa que las mujeres de la isla ya conocían antes de que llegara el puente. Esa magia hace de pegamento de todo un pueblo. Jarroa es una historia para mantener a la isla con vida.
Una mujer joven vuelve a su casa después de pasar años fuera, estudiando y trabajando en una ciudad grande. Regresa a una isla donde el tiempo parece detenido, pero solo lo parece. Las personas que viven en su recuerdo, sus abuelos, ya no están, aunque puede sentirlos cerca cuando va a su casa, los huele y piensa en ellos. No es magia, es el poder de nuestra memoria, un proceso doloroso pero reconfortante, sentir que tenemos cerca a quienes más echamos de menos.
No es este un libro de duelo o, más bien, no es solo un libro de duelo, aunque es un tema que atraviesa la novela. Es una historia de arraigo y como a veces nuestras raíces duelen. Pero también hacen daño las expectativas que tenemos ante la vida, y como la realidad a veces nos devuelve a la tierra no de la manera más amable. Sin embargo, la vida adulta (no remiendo) también tiene cosas buenas y es que ya has aprendido que cambiar de opinión no solo está bien, sino que es natural y hasta deseable. Y a veces, solo a veces, es encontrar tu sitio en el lugar del que soñaste con irte.
‘Jarroa’ presenta una estructura de capítulos cortos con una narración fragmentada que nos lleva de puerta a puerta, de vida en vida, de recuerdo en recuerdo, a conocer a numerosos vecinos de esa isla. Historias pequeñas, la mayoría de mujeres, que, de existir, seguro que jamás pensaron en aparecer en un libro. Esas que son, precisamente, las que yo quiero leer.
La lectura te lleva directa a Galicia, pero tiene también la magia de poder leerse desde tu propia experiencia, y marque el camino a tu lugar al que volver.
Me ha encantado como la autora inmortaliza tradiciones y creencias locales tan particulares, aquellas que, si no se escriben, si no se cuentan… cuando muera la última generación que creyó en ellas, caerán en el olvido, haciendo un poco más pobre nuestra cultura y nuestra memoria.
Pero lo que más he disfrutado de todo es lo bonito que está escrito. De verdad, de esos textos en los que puedes recrearte releyendo tus frases favoritas una y otra vez.
Hacía mucho que no me encontraba con un libro así. Un libro que sin saberlo, sin conocerlo, echaba de menos leer.
Me ha recordado a otros libros, podría decir que a Canto yo y la montaña baila o La nostalgia de la mujer anfibio. Y a su vez me ha parecido único.
Es un entramado de arraigos, de pertenencia, de nostalgia, de liturgia y magia, de costumbres… este libro tiene su propia atmósfera creada por Andrea de manera brillante.
La isla de la que habla nuestra protagonista fue hogar, lo sigue siendo, pero parece que axfisia. Por eso esa necesidad de irse para volver. Y cuando vuelve todo cobra vida en la casa que era de sus abuelos: recuerdos, sueños, el propio cuerpo, la casa… Hay un cordón umbilical que nunca se corta, que se conserva.
“Los días que llevo de vuelta en la isla me palpitan dentro como un corazón que quisiera escaparse”
En realidad, esta isla la componen sus habitantes. Pero sobre todo sus mujeres, esas que componen el horizonte en Galicia mariscando “cómo montañas salidas del mar”. Son particulares, únicas, extrañas y curiosas criaturas. La isla son ellas y su historia, sus saberes, sus rituales y su mitología. Maruja, Berta, Elcinia, Carmen, Flora… siempre ellas en la memoria colectiva.
“… ellas eligen la isla. Las mujeres. Las golondrinas. Y quizá yo también”
Me quedo con la escritura de Andrea, con su prosa que parece poesía, con lograr una identidad propia dentro de sus páginas. Gracias Andrea, por darnos este relato. Un maravilloso descubrimiento.
“Ya no sé que busco. Soy un cristal sin punta que brilla en medio de la playa. El futuro me ha devuelto como devuelve la marea lo que no le pertenece”
Lo he dejado a mitad porque no sé qué objetivo tiene la autora. Es un libro enteramente descriptivo, basado en la acumulación de metáforas poéticas que acaban empalagando. El tema es muy bonito, pero no consigo conectar con él con tanta descripción.
Si en Jarroa existe una trama es aquella que consiste en volver. La de corresponder a la tierra, en lo que afectos se refiere, al arraigo, la idiosincrasia y al pertenecer. Este libro es para los exiliados que abandonaron sus orígenes con la idea de un futuro mejor, sin saber que ese mejor residía en lo que dejaban atrás.
No hay trama más allá del volver. Es lo que mi amiga Berta llama novela atmosférica e Irene la literatura por la literatura; y yo me encuentro con una voz, la de Andrea, con una fuerza y belleza inconmensurables.
Redescubro en estas páginas y a golpe de nostalgia el arraigo y no puedo evitar sentirme parte de esa isla. Jarroa es un viento, pero también una polifonía costumbrista. Una polifonía de mujeres y de la intimidad del hogar. Escribe Andrea: "Sigo llamando casa a la casa de mi madre", y yo, como niña exilio, me vuelvo a reconocer porque casa es hogar y el piso es tu vivienda de paso.
El día que abandoné Almería me guardé su luz y sus paisajes, esos que responden a una tonalidad concreta, como si únicamente pudieran ser comprendidos y admirados en el lugar al que pertenecen. Aquellos que desde el mar son aún más bonitos. Cierro los ojos y me baño en ese desierto turquesa, tan agreste como bondadoso. Esa paz, esa inmersión de paz, es lo que me ha proporcionado este libro. A mí manera, me ha permitido volver.
. . . "Me siento pegada a esta isla como un chicle a la tripa de una mesa. Mi carnet deberia certificar que soy un ser acuático, como los mejillones". . . . "El parentesco hacía que la pena también se extendiera. Ir al entierro suponía volver a la isla". . . . "Me disfrazaba con la ropa de lo muertos, pero ellos no decían nada". . . . "Creo que la gente se queda en la isla para no morirse nunca. Hablan del pasado para mantenerlo con vida, con la esperanza de que les pase lo mismo a ellos y que, en un despiste de Ia historia, la muerte los salte". . . . "Cómo reconocerte en un lugar del que te has ido. Cómo acoplar tu vida a la de las que no quisieron marcharse nunca. No dejo de pensar en que los emigrados no tienen de recho a quejarse. Los que, como yo, pudieron salir y quisieror volver". . . . "De todos los lugares posibles, ellas eligen la isla. Las mujeres. Las golondrinas. Y quizá yo tambiến". . . .
"Tampoco quiere que el dia pase y se acabe. Si siempre es noche, la mañana nunca llega y la muerte tampoco. La vida se queda estanca en un lago". . . . "La humedad le deja los huesos blandos, también las palabras, que le resbalan adentro de la boca, encima de la loza, por el piso, antes de que pueda decir nada. Lleva sola mucho tiempo. Ya no sabe cómo explicarse". . . . "Me pregunto dónde irá todo esto después de mí. Esta casa es como un cuerpo que ha dejado que le pase la vida, La miro y siento que todos estos años me ha estado esperando". . . . "Yo pensé que ahí se acababa la tierra. Que ese lugar era el fin del mundo". . . . "Si vinieras a verme, atravesaria los dias como lo hace la noche. Ya no tendría agujetas de tanto agarrarme a la vida y preguntarme cuánto tiempo pasa hasta que una persona desaparece del todo". . . . "Las nubes iban rellenas de algo que no se atrevian a soltar y la jarroa anunciaba el fin del verano. Su abuela siempre decia que los dias así es mejor no salir porque el viento desentierra lo que está perdido". . . . "Ahora pertenecía al mundo de las cosas que van y vienen pero nunca se quedan. Como la marea y la jarroa". . . . "Tirábamos todo el cuerpo yel deseo hacia delante. Teníamos miedo de mirar atrás y hacernos piedra". . . . "La muerte necesita tener la puerta abierta para no saltar a otro cuerpo [...] Los espíritus a veces se confunden y no encuentran el camino. Nadie quiere morir, ni siquiera los que ya están muertos". . . . "Dicen que o mal do aire es el espíritu de un muerto que se te pega. Así como se pega la humedad a los huesos aquí, en la costa. Un día te sale moho por dentro y dejas de comer". . . . "Quieres escapar de algo a lo que siempre te gustará volver. Esa será tu casa. Ahora que has vuelto, quieres agarrarte, porque fuera todo sigue cambiando. Porque no era lo que esperabas. Porque quizá aqui sí pueda ser". . . . "La tristeza también es una habitación iluminada, el olor a suavizante, a café templado. La tristeza también es un cuerpo de recién nacido".
é un libro moi bonito, moi poético, que fai volver á infancia, ás orixes, á casa. igualmente, se ben conectei con moitísimas partes do libro, non conectei en absoluto con outras (e tampouco din conectado de todo co libro en xeral, como se pode inducir da puntuación que lle dou). igualmente, creo que é imposible que esta historia non sexa capaz de transportarte á túa infancia e levarte a recordos bonitos
a nivel persoal, chegou a molestarme bastante a gran cantidade de recursos do estilo bolboreta-axóuxere-morriña-riquiño que emprega a autora, porque non acaban de vir a conto e fan que a historia se sinta coma un anuncio do gadis. supoño que na súa cabeza son recursos que sitúan a historia no contexto illa-galega-na-que-a-voz-poética-viviu-a-súa-infancia, pero comigo crean o efecto contrario que supoño que busca que produzan no lector
2,5. É un no plot just vibes, pero esas vibes veñen cunha narración excesivamente ornamentada e chea de reviravoltas para finxir unha profundidade que está bastante lonxe de ter. (Es esto la escuela de Berta Dávila?)
Igual é defecto do animal (o animal son eu) pero non entendo o concepto de facer unha oda a Illa d’Arousa en castelán e menos para acabar caendo na exotificación de aiiii los meighallos jeje vistes que bonita mi terriña jejeje golfiño-bolboreta-xoaniña
Vamos, é coma un anuncio do gadis pero cun valium enriba
qué libro más bonito sobre raíces que tiran de una y puentes que permiten volver al lugar del que quisimos irnos pero al que necesitamos volver. un libro que se lee con la misma tranquilidad y la misma tensión que una barca siente cuando la mece el mar
“el futuro me ha devuelto como devuelve la marea lo que no le pertenece”
No le pongo las 5 estrellas por mi culpa, en realidad, en el sentido de que el libro es precioso, pero yo soy una lectora impaciente y nerviosa.
Quizás por eso, necesito y necesitamos más lecturas como Jarroa, lecturas que sean un momento de pausa, calma y paz. No le pongo las 5 estrellas porque me ha costado continuarlo hasta el final, pero como soy consciente de que ha sido por mi impaciencia, tengo que aclarar que es de los textos más bonitos que he leído en mi vida.
Creo que refleja muy bien cómo influye crecer en una isla y que incluye reflexiones verdaderamente universales. Tengo páginas enteras subrayadas porque las imágenes son preciosas, llenas de sensibilidad e increíblemente identificables.
Creo que con este libro me he sentido comprendida y cuidada. Ojalá en un futuro, pueda alcanzar la calma necesaria para sumergirme mejor en sus páginas.
«Cada cual hace sus Américas. Lo que traigas de vuelta quizá no se exótico, nada que enmarcar en una pared, ni contar en una reunión con mucha comida y mucho humo mientras la gente te mira esperando algo que pueda servirles. Nada por lo que felicitarte. Pero el hecho de salir para volver ya es suficiente. Tirar el cordón umbilical y estirarlo hasta que sea como los cables de los tendidos eléctricos».
Irse, volver, buscarse, escuchar y mirar; lo que se ve y lo que no, sitios y personas, palabras, recuerdos y perfumes.
Delicado, este libro es delicado y original y sus páginas saben a “saudade”.
Poesía. En estas páginas hay poesía que se mezcla a la ternura. Leerlo regala una sensación agradable y emocionante, como soñar con el abrazo de una abuela que ya no tenemos.
Jarroa es un viaje poético y nostálgico a través de los recuerdos, las raíces familiares y el peso emocional de los espacios habitados por el pasado. Ambientada en una isla de Galicia donde la protagonista ha vivido parte de su vida, funciona tanto como un lugar físico real como un símbolo de aislamiento y memoria. La trama, más emocional que argumental, teje una atmósfera envolvente donde los fantasmas de la nostalgia y los miedos personales caminan al lado de los personajes.
La autora crea un lenguaje onírico con supersticiones, rituales y vidas pasadas. aborda temas como la precariedad, la enfermedad mental, la feminidad y el duelo con sensibilidad poética. Jarroa destaca como una obra cargada de simbolismo y profundidad, donde el lector no solo es testigo de las historias de los personajes, sino también partícipe de una meditación sobre la memoria y la identidad.
Los lugares quedan suspendidos en el tiempo de la memoria pasada humana.
Yo, personalmente, me siento identificada con lo que narra Andrea: irte de tu pequeño lugar, te asfixias en la gran ciudad, vuelves, ¿has fracasado? sientes que has fracasado. La ruralidad y la magia envuelven las vivencias de los personajes de esta isla en un cuentito que, a pesar de ser corto, se hace largo. Creo que el problema es la falta de trama, un nexo que una todos los recuerdos embarullados de la protagonista que, sin un fin al que llegar, se quedan sueltos en el aire.
Aún tengo miedo de ahogarme, no sé si permanecer del todo aquí. Yo no tengo las manos hechas para la tierra. No son de mar como las tuyas, tía. Son de aire. Cómo construyo una casa con manos que no pueden agarrar nada
Hay libros que son menos entretenidos que ver secar pintura…pensaba que iba a conectar mucho más con la historia por los temas que trata (vivo en crisis por un futuro que supuestamente iba a ser mío y estoy traumatizada con mi ciudad y comunidad de origen, me moría por huir de allí y siempre digo que si vuelvo lo haré en caja de pino) pero me ha costado muchísimo avanzar con la lectura, hasta el punto de que casi lo dejo a medias. Tiene frases bonitas, pero creo que en general peca de excesivamente poética y abusa de las metáforas. Una pena porque me apetecía mucho una novela ambientada en el norte (mar cantábrico supremacy).
Me llamó la atención el libro por el título y la portada. La palabra Jarroa me sonaba. En la contra me encontré que se trataba de una historia en A Illa de Arousa y decidí llevármelo como buena emigrada gallega que soy.
Leí el libro de viaje por Asturias este verano, con el mar de fondo. Lo sentí como una poesía.
Los últimos dos años estoy leyendo a Sabina Urraca y todo lo que la rodea, ediciones y sugerencias. Estoy acertando bastante con lo que me gusta leer.
Bastante contraste es este libro de Andrea Fernández respecto a otros editados o escritos por Sabina, este se siente como un baile lento, mar con oleaje tranquilo, transmite cosas que llegan a mis sentidos. En cambio, libros como El Celo, Leche Condensada o Seismil, transmiten sentimientos.
He acabado un año y empezado otro entre las páginas de Jarroa. Jarroa es paz. Jarroa es amor. Jarroa es mar, es Galicia. Somos todas las gallegas juntas. Jarroa es tradición, pura prosa poética. Una historia de huida y morriña. De ganas de volver. De volver aunque nunca te hubieras ido del todo. De sentir que todo sigue como lo dejaste, pero que ya nada es igual. De sentirte extraña y arropada al mismo tiempo. Leyendo a Andrea he sentido que me abría las puertas de su casa de par en par.
una mirada puente hacia el pasado de lo que fue una vida en una isla, pero también en el presente con ansias camufladas de un futuro que realmente nunca será. me hubiera encantado seguir una trama que me guiara entre tanta descripción pero quizás el objetivo es precisamente ese, alargar la sensorialidad y la memoria hasta que los límites geográficos dejen claro el estancamiento del aislamiento
Comencé confusa, un libro lleno de poesía pero muchos nombres, muchas historias, me preguntaba hacia adónde iba, que quería contar, si iría a algún lado. Sí, todo acaba teniendo sentido. Este libro quizás me enseñe, como las abuelas de Andrea, que la vida es suficiente.
Lo que más me ha gustado de este libro, a parte de su carácter anecdótico, es su lenguaje envolvente. La autora emplea la palabra exacta, que provoca que el lector se adentre en todas y cada una de sus narraciones. Además, la inclusión de vocablos gallegos hace la atmósfera más rica si cabe.
"A veces sueño con soltarme, como los globos de feria, y, convertida en un personaje trucado, flotar por encima de las cabezas de los niños del pueblo, verlos dar saltitos para intentar cogerme, mientras yo, isla completa, me voy en busca de otros mares'.
Al iniciarlo, la forma de narrar se me hacía bella y a la vez extraña. Una vez me he dejado llevar por la corriente lo he terminado en 2 días. Qué belleza.
Jarroa es un poco como ser niño escuchando una conversación de adultos: no entiendes bien, pero sabes que da igual, porque estás en casa. Me ha abrazado mucho este libro y no quería que terminara.
Existe una isla de la cual la gente no se marcha, y de la que aquellos que se marchan intentando perseguir sus sueños, siempre vuelven. Esa isla que físicamente se encuentra en la Illa de Arousa en Galicia, de donde precisamente es oriunda la autora, se transforma también en una isla metafórica que todos llevamos en nuestro interior y a la que siempre regresamos. Porque Jarroa es hogar, es volver a los orígenes, a las raíces, a la familia, al lugar donde la paz confluye con la felicidad, esa vía de escape, ese ciclo del eterno retorno, donde viven los recuerdos.
Cargada con toques mágicos y mitológicos, Jarroa es también un mapa de mujeres, aquellas de las que mamamos física y emocionalmente, que han construido una tierra y una tradición, guardianas de un saber ancestral. Con una ambientación marinera, que ensalza a las trabajadoras del mar y al paisaje isleño, sus localismos, su gheada, su seseo, todo respira a Galicia.
Una historia sin trama, estructura, ni hilo conductor, una novela donde los sentimientos y los estados de ánimo conviven con la tradición, el folklore y la magia más ancestral, la de nuestros orígenes y antepasados, aquella de la cual la tierra mama. No esperéis en Jarroa una historia para leer seguidamente, es este un libro de lectura pausada y sosegada, que va calando página a página como el orballo gallego.
Jarroa es lírico, es sensorial, pura poesía en prosa.
“Hay mujeres que recogen el peso del mundo en la cadera…”
Jarroa es el único libro en mi vida, que he estado esperando su lanzamiento con auténtica necesidad, con la fecha apuntada en la agenda, y que fui ese mismo día a comprármelo.
En Jarroa acompañamos a una joven que regresa a su tierra, su casa, las calles de su infancia, la isla, los vecinos, el mar. Compartimos con ella esos sentimientos de añoranza de la tierra, de pertenencia, pero a la vez de desapego, de necesidad de volver y de la necesidad de irse. De lo que se deja atrás, del sentimiento de culpa en ocasiones, de fracaso si se regresa, la dificultad de volver a encajar en esa tierra.
Es un libro que me ha llegado especialmente, me he sentido muy representada como persona que sintió ese fuego que te quema dentro, esa necesidad de salir del terruño, de dejar ese espacio que nos constriñe y asfixia, de volar, de descubrir y que desea regresar, pero a la vez le da miedo no volver a encontrar su espacio, sentirse desubicada, compartir cada vez menos cosas con la gente que se quedó allí. En mi cabeza siento que he sido un pájaro migrante, y mi nido siempre será mi tierra natal, al que volver, aunque no pueda quedarme.
Es un libro precioso, me ha gustado hasta la fuente utilizada. Ya sólo por el capítulo que dedica a su abuelo, “Su vinieras a verme”, merecería la pena leerlo. Tengo un montón de citas marcadas, pero al volver a revisarlas para escribir esta breve reseña, me he dado cuenta de la bellísima escritura de Andrea.
(3,5/5) • Empecé muy mal con este libro. Porque tiene un montón de palabras en gallego que no sé qué significan, y tenía que estar constantemente buscándolas en Google. Eso a mí me saca de la historia. Y tenía que volver a empezar. Y así una y otra vez. Y veía que no avanzaba y se me estaba haciendo bola el libro. Y no lo entendía, porque recordaba la nota de prensa que leí y me decía, pero si este libro parece de los míos, de los que me gustan…
Total, que decidí empezar de nuevo a leer pero sin pararme a buscar todas esas palabras en el diccionario. Y así sí he podido leerlo, y hasta disfrutarlo. Aunque me quedo con la sensación de que me falta parte, pero ahora ya tranquila iré buscando qué significan.
🗯️«Jarroa» es no olvidar de dónde venimos. Un canto a nuestros orígenes. Al de su autora, en particular. «Jarroa» es Galicia. Es Isla de Arosa. Su gente. Su pueblo. Sus mujeres, que son como islas dentro de una isla. «Jarroa» es ría. Es faro. También sus vientos. Sus supersticiones. Sus ungüentos. Sus miedos. «Jarroa» es magia. Es arraigo. Es una tierra que atrapa. Que te ata por los pies a su suelo y no te deja marchar sin añorar. Es familia. Es amigos. Es sol y lluvia. Y sus lunas. Es pasado y es presente. «Jarroa» es memoria.🗯️ • ¿Qué encontraréis en este libro? Una bonita historia sobre el poder de la tierra que te vio nacer. • Erratas encontradas: 2 (¡psicoanalista ven a mí!). • FRASES SUBRAYADAS: ➰«Mi carnet debería certificar que soy un ser acuático, como los mejillones». ➰«[…] jerséis enormes que me ponía encima de los míos. Esa ficción de poder llevarlo a la vida durante unos segundos […]». ➰«En el pueblo pensaban que el fuego era la luz de los que ya no podían […]». ➰«[…] la pereza es una costra que no puedes arrancarte a destiempo, porque luego vuelve a salir». ➰«Mira cómo abre los ojos para que el mundo se le meta dentro». ➰«[…] los temporales hacen falta para remover el fondo del mar. Se necesita revoltura para limpiar lo podrido». ➰«Ella concibe su vida como algo elástico donde los demás meten el dedo y se llevan trozos de a poco». ➰«[…] escaparse es querer salir de un lugar para meterse en otro». ➰«Reemplazando el amor para tener siempre una figura a la que adorar, a la que cuidar, a la que rezar». ➰«Porque las lágrimas nacen y se evaporan en el presente». ➰«Sigo llamando casa a la casa de mi madre». ➰«Una isla es un agujero en el tiempo». ➰«Encima de mí duerme un pasado, cogiendo polvo». ➰«Los hijos hacen casa con sus padres, las vidas se juntan como los vagones de un tren». ➰«Hay mujeres que recogen el peso del mundo en la cadera y saben curar las fiebres del corazón». ➰«La tierra que pasa hambre queda llena de difuntos […]». ➰«Reconozco el mundo de fuera a través de los sonidos que la casa filtra». ➰«Nosotros pasamos más hambre, más necesidad, pero éramos felices». ➰«Cómo puede un día darse tanto la vuelta». • Lectura para 5 de los #24retosdelectura: 4.- La portada tiene sólo dos colores (sin el título) 9.- Hay mayoría de personajes femeninos 10.- Una gran parte tiene lugar en la costa 14.- Toda una vida (real o ficticia) 24.- Novedad 2024 • #LeoYComparto #bookish #DimeUnLibro #bookaholic #booklover #instalibros #bookworm #bookstagram #LeoAutoras #AndreaFernándezPlata #Libros #BlogLoQueLeo • #Jarroa #Caballo de Troya @penguinlibros @randomhouse_es @andreafernandezplata
Cuando leí la sinopsis de este libro sabía que era algo que me podía interesar ya que, últimamente, lo que busco son libros mas intimistas, donde tampoco suceda algo demasiado importante, me basta con que nos muestren el trascurrir de una vida o de un día pero, sobre todo, lo que busco es esa sensación acogedora, hogareña, nostálgica pero, todo ello, con un punto positivo y esperanzador y esta historia me lo ha dado.
En Jarroa nos encontramos con una mezcla de pensamientos, sensaciones y anécdotas de las personas que viven en una isla. Yo, que aunque no viva en una, soy de La Mancha, me he sentido muy identificada en muchas cosas, tanto en las descripciones de esa tierra más silvestre o natural y de como, cuando no estás en ella, esta tira de tí pero, cuando vuelves, tampoco terminas de sentirte parte de la misma.
Tengo que admitir que Andrea plasma todas esas sensaciones de una forma magistral. A veces puede parecer algo confusa o dispersa pero todo está bien estructurado y narrado, por lo que se sigue disfrutando.
Hay muchos galleguismos pero aunque no sepas lo que significan por el contexto se puede intuir. Además, esto consigue nutrir, ubicar y ambientar muchísimo más todo lo que se nos va contando.
Esta es una historia que, si quieres, puede leerse en unas horas pero yo recomiendo, sin duda, darle su tiempo, pausarla, saborearla.
Termino confesando que ha sido una lectura que me ha emocionado, tanto por lo que se describe como por como se narra. Andrea escribe muy bonito, los símiles que utiliza son perfectos. Es que cosas tan simples, como la narración de una madre y una hija lavándose las manos, las hace especiales por su forma de escribir.
Esta ha sido una lectura que he disfrutado mucho, que me ha emocionado y que me ha hecho empatizar. Lo recomiendo si lo que buscas es algo tranquilo, hogareño, con un punto de realismo mágico incluso y escrito de una manera muy bella.