Cynhia Rimsky nació en Santiago de Chile, en 1962. Ha publicado Poste restante, La novela de otro, Los Perplejos, Ramal, Fui, El futuro es un lugar extraño, En obra, La revolución a dedo. Escribe crónicas y columnas para diversas revistas y da clases en la UNA. Vive en Argentina desde 2012. Ganadora en 2026 del Premio Nacional de Literatura de Chile.
Una historia que te permite conocer una parte de los pueblos y la gente que habitan entre Talca y Constitución (Chile), unidos solo por un tren (Buscarril) que circula dos veces al día. Difícil de pensar en estos tiempos, en donde tenemos ciudades llenas de automoviles, carreteras urbanas y en donde llegar primero parece una prioridad.
Después de haber leído Clara y Confusa, hay algo que me hizo volver a Cynthia Rimsky, a pesar de que ese libro no me gusto mucho.
Ese algo son las historias que se convierten en historias a pesar de que en principio no valiera la pena contarlas, o querer armar una novela desde ahí.
Ramal sigue los días de un hombre que debe hacer un estudio para mantener el recorrido del tren entre Talca y Constitución. Este argumento improbable se expande en historias de las personas que va conociendo en este viaje, mientras va lidiando con sus propios conflictos. El libro va acompañado de muchas fotos e imágenes de las estaciones y lugares por las que pasa el tren. Es una especie de crónica y diario, pero no termina de ser nada concreto.
Esa indefinición no le quita impacto, por el contrario, logra hacer un hibrido que funciona, tanto como una crónica bastante bella, cruda y sincera de la vida de la gente rural del centro sur del país; como una novela centrada en los dilemas de un hombre, sus conflictos existenciales y los demonios de su pasado.
No es una novela que impacte o golpeé, tampoco que atrape; más bien es una novela sutil, como una película de Kaurismaki, que, sin darse cuenta, después de algunas paginas, uno ya esta dentro de ese mundo, y desea conocer un poco más.
«No escucha la cuenta de las enfermedades que llevan los ancianos, no repite que la vida se debe tomar al pie de la letra; se atrinchera en la cabina del conductor, enfrascada en la lectura de una escueta hoja de papel. Lee sin creer en lo que lee. Agotada por el intento, muestra las palabras al conductor y ambos reprueban con la cabeza. El conductor va más allá y, con otro movimiento de cabeza, da a entender que él continuará haciendo lo de siempre y que las palabras se jodan. La cobradora sabe que la actitud del conductor es ilegible. En la Estación del Poeta enseña las palabras al jefe de estación y al conductor del otro tren; estando en desacuerdo, ambos opinan que de todas maneras las palabras van a pasarles por encima. Al sonido del pito, el jefe de estación vuelve a la oficina y los conductores».
Me ha gustado mucho cómo él lenguaje se va desplegando de a pocos en este libro, con una lentitud serena, que contraviene el ritmo de las ciudades. Personajes que pululan cual fantasmas y deambulan por el imaginario del “de afuera” y también en el de nosotros tras cerrar el libro.
Ramal fue una lectura difícil al comienzo ya que avanza lento, describiendo con detalle y realismo los viajes del protagonista casi como un diario. Esto ofrece una experiencia nutritiva al lector que retrata la realidad y costumbres de los lugareños de dichos entornos en abandono de la "urbe". Debo reconocer que a este punto leí más por compromiso que por gusto.
Sin embargo, a medida que la narración se desarrolla y se interna en capas más profundas de la experiencia vital del narrador, aparece un giro que cambia la lectura y te atrapa. Ese quiebre resulta inesperado y, sobre todo, significativo: resignifica el trayecto, el abandono y la sensación de desplazamiento constante.
Al terminarlo, queda la impresión de que sí valió la pena, como esos viajes largos que se hacen pesados, pero que, vistos en retrospectiva, cobran sentido una vez que ya han terminado.
Un viaje raro es esta ¿novela? donde se vuelve a recorrer las vías de un trayecto casi extinto. La importancia de una ruta para los pueblos que una vez muerto el ramal también mueren, los comercios quiebran, los hijos se van a otras partes. Un ir y venir en postales viejas que aunque no se hereden directamente hablan de algo que formó el Maule como lo conocemos, pero que también nos fue negado, porque de esas ventanillas se veía más que un paisaje, si no también el progreso y conectividad entre los pueblos
El ramal Talca Constitución esconde en su recorrido pueblos perdidos, casas deshabitadas, historias que devienen en mitos, prácticas ancestrales que sobreviven al paso del tiempo. La gente se desintegra en los diálogos, los cuales se vuelven a hilvanar en otras bocas, con otras palabras en el lento tránsito por el ramal a orillas del río Maule. Un viaje a las regiones ocultas del campo chileno, esas que aparecen en el Obsceno Pájaro o El Lugar sin Límites de Donoso, matizadas por la ausencia, la espera, la búsqueda de los significados que se van diluyendo entre las vías férreas.
No sé que acabo de leer. Podría definirla como una novela sin inicio. O en la que no importa el inicio. O en la que a mí no me importa cómo comienza porque su relevancia se encuentra en el final. Y también en esas fotos que registran lo que ya se abandonó.
Solo destacar la descripción de lugares y espacios en la región del Maule y la capital. La monotonía hace perder el interés por seguir adelante con la lectura. No encanta al lector.