Un relato que explora las complejidades de la dinámica familiar, la lucha contra la enfermedad y la búsqueda espiritual. La historia sigue a Fernanda, quien regresa a su hogar después de una larga ausencia, embarcándose en un intento desafiante de reconectar con su madre, una figura clave en su vida llena de complicaciones y emociones profundas.
Mantis ofrece una narrativa desgarradora y poderosa que entrelaza las voces de varias mujeres de una familia en un lugar remoto de Chile. Con habilidad, Gómez desentraña una trama llena de fracturas y deseos no cumplidos, donde el pasado se entrelaza ineludiblemente con el presente. La presencia omnipresente de la Mantis-madre persigue a la protagonista a lo largo de la historia, llevándola a buscar la curación en los paisajes desolados de la pampa y en las tradiciones religiosas.
Lo que más celebro de esta novela es su sintaxis. Qué buen ritmo tiene. Las voces compartimentadas de sus personajes —todos femeninos— se contaminan las unas con las otras sin que nos demos cuenta. De pronto, emerge como un torbellino también el imaginario de la religiosidad popular, vinculado a una leve écfrasis del Ángelus de Millet. Bellísima escritura.
Que hermosa la manera que tiene esta novela de trabajar el lenguaje, la manera en que a través de las madres, construye una historia de mujeres que cargan con el peso del dolor de la generación que las antecede. En un diálogo novedoso, y muy bien elaborado, con la religiosidad popular, la muerte y lo pagano, la autora presenta un pueblo que es desconocido para la mayoría, lo que cual destaco, no solo por la novedad, sino como a través de su escritura, es capaz de imbricarse lo particular con la violencia de una historia compartida por tantas. Que gran y hermosa primera novela, toda mi admiración a Rafaela.
Es una obra de oscuridad religiosa. Ciertas imágenes me hacían empatizar con un tipo de claustrofobia que experimentaban las protagonistas antes de llegar al clímax. Lo mejor es el tono de realidad al desarrollar la historia, muy bien logrado.
Una novela corta que es hermosa y triste, está tremendamente escrita y bien ejecutada. Los ritmos de cada párrafo, y del texto en lo macro son brillantes. Fluidos, aparentan simpleza y entregan pura intensidad. Los vínculos mateno-filiales, el vinculo de la protagonista con su historia personal y familiar, nos dan un mapa del "emocionario" femenino transgeneracional de varias décadas, y vemos cómo las fracturas y heridas pasadas van marcando generaciones incluso a través (o quizás debitado a) del silencio.
Es un libro súper interesante que parte muy potente en cuando a establecer el mundo de estas mujeres. Sin embargo, a medida que avanza el libro se me queda muy atrapado en reflexiones y el libro no avanza. El texto se hace un poco pesado y, personalmente, me termino aburriendo un poco. Se vuelve un poco repetitivo y no termina pasando mucho. No cierran muchas cosas. Asume otras! De repente hay saltos temporales donde se asumen que pasan algunas acciones. En algunas partes me perdí. Es una buena primera novela.. hay que ver cómo sigue evolucionando esta escritora
Con el corazón en la mano. La trama de la reconstrucción de vínculos y la sanación de heridas me encantó, es muy desgarrador y al mismo tiempo igual de acogedor, recomendado.
Estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. Así describe Lacan el deseo materno. En Mantis, Fernanda viaja a las fauces de su madre, Clarina, como Clarina viaja a las de Clemencia, su propia madre. La muerte las rodea y las enfrenta a pensar en sus segundas madres: la tía Rosa y Leonor. Rafaela Gómez construye con prolijidad complejas relaciones entre mujeres que se aman sin compartir material biológico, que se necesitan para escapar de sus propias madres. Porque Fernanda y Clarina comparten una herencia o destino del cual no se habla, que queda enterrado entre los recuerdos, que se esconde y se acumula como tantos secretos familiares. Fernanda y Clarina vuelven a sus madres, porque no son solo las madres las que vuelven a sus crías, sino que son las hijas quienes necesitan el hogar de infancia para reconstruirse.
"Me dice, Fernanda, grita, desahógate. Entonces siento un fuego que quema y el grito se me sale por la garganta, gritar, gritar, gritar, y grito. Grito junto a mi madre hasta que ambas voces se unen en medio de la nada, en medio de cientos de autos que siguen sin bajar la velocidad y nos ignoran, que pasan y nos tocan bocinazos. Madre e hija, ave madre y polluelo, romero y tomate. Era mi madre, y yo era su leche"