Azara nos acerca a la vida en una pequeña colonia de inmigrantes ucranianos en su particularidad, con su belleza, y mediante el sutil desarrollo de sus personajes y costumbres: Lucía viaja de regreso a su pueblo, Azara. Esta vez lo hace para acompañar a Marina en la búsqueda de su madre biológica. Con el correr de las horas, Lucía hará su propio viaje, revisitará su infancia, a sus amigos y sus muertos, volverá a recorrer sus heridas. Entre la exploración sensible de un Azara espectral, el thriller y el relato erótico-amoroso, Lucía y Marina desandarán la memoria y los hilos del poder.
La historia es interesante y el modo de narrar de la autora me gustó mucho, pero sentí que el ritmo era monótono aún cuando los conflictos dentro de la trama se resolvían, como si quedarán cosas inconclusas al final.
Es la búsqueda de la identidad y la historia propia de vida que está entrelazada de un pueblo. El pueblo de Azara se puede definir con la famosa frase, “pueblo chico, infierno grande” un pueblo pequeño pero con muchos secretos a voces, chismes entre las viejas que sacar las silla a la vereda de la calle para saber que está pasando. La protagonista nos presenta el dilema de hacerse adulto y reencontrase con su pueblo qué significa volver a recodar el pasado para entender su presenté y poder decidir siendo grande.
Una novela de verano que desde la primera hora te deja con ganas de saber hacia donde va. El universo de los personajes se encuentra construido de manera armónica y con los que podes empatizar con tus propios amigues de la vida. Más allá de eso desde el segundo acto hasta el final se acelera la narración y te lleva a un final igual de entretenido pero que te da ganas de saber más de Azara y de su protagonista. Recomendadísimo para destrabajar bloqueos lectores.
Me gusto la temática, las descripciones del pueblo. Siento que el ritmo fue muy lento y el desenlace muy rápido y se perdieron algunas cositas en el camino
Estoy para una segunda parte, Ana. Se lo recomiendo a todos aquellos falsos porteños que fueron nacidos y criados en algún pueblo, está muy bien representado el asunto.
Me encanta como este libro te hace sentirte parte de un pueblo que no conocías y nunca pisaste, y de un circulo de personas que no existen.
Azara tiene misterios, familias complicadas, un pueblo chusma, ternura, gracia, romance y seducción, y de alguna forma todo tiene sentido en el libro y se siente muy ameno.
Se lee rápido porque no podes soltarlo hasta terminarlo.
“Hay muchas cosas para las que ya no voy a tener respuesta, y lo acepto. Cargo con el peso de todas las preguntas que elegí no hacer.”
No se como explicarlo pero la forma en la que esta escrito encaja perfectamente con el ambiente en el transcurre la historia. Es lento pero cómodo, como un verano con mucha humedad y algunas ráfagas de viento muy breves y que sofocan mas que refrescan. Pero no se sufre, como si uno estuviera en una colchoneta en la pileta con un licuado de durazno en una mano y el celular en la otra (muy específico I know).
Genuinamente me gustó mucho. No es un libro en el que PASE mucho, es mas bien un rejunte de recuerdos y como el pasado se refleja en los personajes actualmente (salvo excepciones que hacen avanzar la trama).
Capaz es mucho 4 estrellas, pero me sorprendió porque no daba ni dos mangos por esta historia. Y al recordar leerlo solo se me vienen buenas sensaciones a la cabeza.
La colección "la novela del verano" del gran pez no decepciona. Pueblito, historias de pueblo donde todos se conocen con todo, fantasías y personajes copadísimos. Es un sí rotundo.
Me gustó mucho! Me gustó el contexto de pueblo, los temas que trata y cómo los trata. Me quedé con ganas de más. Y creo que la temática “pueblo” y “familia” da para mucho, para una continuación o para otras historias. Está bien escrita y es atrapante.
Rápida, entretenida y con una prosa que da gusto leer. Azara es la historia de dos jóvenes valientes que, cada una a su manera, vuelven al pueblo en que nacieron para encontrarse con su historia.
Me tuve que hacer un mapa de las personas porque el chisme era tan jugoso que requería entenderlo bien. Lo tiene todo: chisme de pueblo, drama, religión y erotismo lésbico. La novela del verano no defrauda.
Este libro está espectacular! La descripción de los lugares y los personajes es execelente. Siento que conozco todo de primera mano. Y la historia cuenta una realidad que insistimos en negar. Abrazo a todas las mujeres que protagonizan la historia (y a las de reparto también).
La escritura de Ana Iriarte está marcada por la construcción, paciente pero constante, de una geografía, un paisaje literario. Como la selva que avanza sobre Azara (la Santa María de Iriarte), el paisaje va colonizando el texto no solo con descripciones, sino también (y sobre todo) con tonalidades, colores, personajes enraizados en la tierra colorada como orquídeas. Una escritura con voz y acento propios, con raíces y cantos de aves, sabores, texturas, los perfumes de las flores, secretos que transcurren bajo la sombra de la siesta. Azara es un relato del retorno, una odisea: el viaje iniciático a la tierra de la infancia. Lucía regresa a su Ítaca acechada por fantasmas, y una vez allí se reactivan los terrores, los silencios y obsesiones que definen su existencia. Pero Iriarte, la mayor parte de las veces, no nos cuenta todo esto: nos lo muestra. El procedimiento clave aquí es la evocación: las palabras, los sonidos, las texturas, traen cosas del pasado: “El pasto me roza las pantorrillas, me descalzo, estiro los dedos. Hasta mí llega el humo del asado, el carbón quemándose, el olor de la carne y la madera ahumada que son uno, y el recuerdo del abuelo Demetrio diciendo que el sabor de la carne asada está en la madera. A veces usaba las ramas del mango del fondo como leña: partía una al medio adelante de mío, la ponía frente a mi cara y decía, ves gurisa, la madera del mango recién partida huele a mangos. Yo respiraba profundo y sonreía.” El pasado es el verdadero protagonista de esta historia, oculto bajo el nombre propio de un pueblo misionero cualquiera que es todos los pueblos. El pasado es el cuerpo de Leo, sus caricias que son para Lu el bautismo del placer y por ende la vara con que se miden todos los placeres de la carne. Y el presente es el deseo de otro cuerpo, el de Marina, que está ahí, al alcance de la mano, como fruta rebosante, dulce y jugosa: “A mí de a ratos me distrae la bikini mínima de Marina, esas tetas abultadas que cuelgan como melones doblegando una rama fina, y que miro con la excusa de pasar algún tereré. Cuánto quisiera estirarme y rozarla apenas con la punta de los dedos, esperando que se desprendan solas del triangulito de tela y caigan pesadas, maduras entre mis manos, y estar ahí para probarlas con la lengua dulce, lista.” En la tensión entre el pasado y el presente se define a la protagonista, la Odiseo de este cuento, atravesada toda ella por mujeres: Leo y Marina, Marcia (el vacío de una madre que escapó), cientos de tías que son facetas de LA tía, y la Virgen que aparece cada tanto y nos regala diálogos de enorme ternura (si hay un Dios, que su madre sea como Iriarte la dibuja). Las apariciones de la Virgen no están fuera de contexto, no son paréntesis oníricos (porque Azara es sueño) ni disrupciones místicas del mundo real, porque todo lo real cobra sentido y se organiza a través del ritual. Iriarte, quiera o no (habría que preguntarle), reivindica la liturgia como fuente de sentidos. Nuestra generación ha abandonado los rituales (los sagrados y los otros), sin que nada los reemplace, y quedamos huérfanos de sentido: no sabemos qué hacer con la muerte, la soledad, la tristeza. No podemos dar sentido a la opresión en un relato consistente. Las viejas, como siempre, estaban en lo correcto. Azara triunfó sobre la soberbia Buenos Aires, aunque póstumamente. Varios tópicos universales y de época atraviesan la novela: el deseo, el retorno, la violencia de género, la maternidad, el desarraigo. Pero todos estos temas aparecen en contexto, arraigados en una geografía, un lugar propio, y allí reside la eficacia del relato. Azara es la patria de la infancia que se evoca, que nos sigue a todas partes, pero a la cual es imposible retornar: “Esta Azara a la que volví se parece tanto a la mía como la Ucrania que visitaron mis abuelos se parecía a la de sus padres. Como mis abuelos, quizás siento nostalgia por un lugar que nunca existió. Me empeño en preservar un idioma inventado, que ya no se habla en ninguna otra parte del mundo salvo en mi cabeza, en mis recuerdos, todos los días.” Azara es una novela hermosa justamente porque aborda estos temas, tantas veces recorridos, con eficacia y ternura, y entonces conmueve. Iriarte logró eso que es tan difícil para cualquier escritor, y se ganó su lugar propio en el mundillo de las letras y en el corazón de quienes lean.
4.5 Azara me resultó una historia muy entretenida y atrapante. Dentro del subgénero mujervuelvealpueblodesuinfancia, esta obra se destaca por el hecho de que en Azara, básicamente, pasan cosas. Con una prosa simple pero atinada, la autora nos presenta a quienes habitan esta colonia y el enriedo que configura sus entrelazadas vidas. Estos entrelazamientos -que me retrotrajeron a otra hermosa obra de pueblo/barrio, Permiso para quererte- y los sucesos que van teniendo lugar son los que, por lo menos a mí, me mantuvieron al borde del asiento, muy enganchada con la trama. Asimismo, la propia historia de Lucía, sus relaciones con la Virgen, su madre, su familia y su sexualidad -despierta y presente- bautiza con gran ¿verosimilitud? ¿atractivo? a nuestra protagonista. Además, se evidencian trazos de feminismo y lo queer que no resultan para nada forzados pero construyen y complejizan el desarrollo de la trama; aspecto que aprecio inmensamente. Por último, quiero destacar la soltura con la que Iriarte maneja los diálogos, con una cadencia que te mantiene ahí, sin llegar a aburrir. Recomiendo mucho esta historia y recomiendo, principalmente, acercarse a ella sin conocer mucho sobre la misma, como tuve la suerte de hacer yo misma.
"Cuando llegué, la Virgen había encontrado la yerba, había calentado la pava y tomaba mate en silencio. La reconocí por el halo de luz blanca que le rodeaba la cabeza, como si un foco de bajo consumo irradiara desde su cuero cabelludo." ___________________________ De pronto me voy dos veces en un mes a Misiones, esta vez a Azara, un pueblo de poco más de 3 mil habitantes. Lucía, la narradora de la novela, está por recibirse de psicóloga en la UBA y regresa a Azara, su pueblo natal, junto a Marina, una chica que conoce muy poco, pero a quien la une una profunda ausencia. Marina busca a su mamá biológica. Lo único que sabe es que nació en la clínica más importante del pueblo y que fue dada en adopción ilegalmente. Azara: un pueblo fundado por ucranianos, una comunidad cerrada y endogámica donde no existe el anonimato, donde todo tiene otro ritmo, donde todo es chisme, opinión y juicio ajeno sin respiro. Azara, una población que comparte un estigma imborrable. Azara es una historia sobre la búsqueda de la identidad y de un lugar de pertenencia. Una novela hermosa, de fácil lectura, de capítulos breves y con mucha energía de Cáncer.
Es un libro de verano, no significa un gran hallazgo. Sin embargo, creo que su lectura se tornó muy amena ya que está escrito de una forma sencilla y para lectura rápida. De las cosas que más me gustaron de éste libro son, en primer lugar, la capacidad que tiene la autora para posicionarte en el escenario que plantea. Fue un libro que me dió calor, que hizo que me picaran los mosquitos. Me sentí en misiones, con esa humedad y esa lluvia de la noche pero que no aplaca el calor. Si bien el prólogo te plantea una novela un poco erótica, no lo es. Tiene pocas anécdotas al respecto que no son más que dos perlitas dentro de una historia muy interesante. Abordar la sexualidad de la protagonista (creo yo) no es el objetivo de la autora. Por otro lado, es interesante que, durante las primeras 40 páginas, no tenía idea de que se trataba el libro. Finalmente, termina abordando un tema que es vox populi en nuestro país y que es la primera vez que lo veo abordado en un libro, aunque sea ficción (o quizás no tanto).
“Pueblo chico, infierno grande”. Es la frase que le queda a la perfección a esta novela. La leí de un tirón, me acompañó en mis tardes de playa. Es una novela que por momentos te da risa, nostalgia, amor y mucha rabia. Injusticias, situaciones de violencia, vulnerabilidad, violencia de género, el rol de la mujer en los pueblos chicos (y no tanto), son algunos de los temas sobre los cuales se construye la historia de Lucia. Pero también gira entorno a la amistad, la familia, la sexualidad y los deseos de crecer con nuevos rumbos. Me gusto mucho! Me encantaría saber un poco más qué pasó con Lucia y su mamá, si logra superar ese miedo o intentar cerrar esa parte de su historia donde claramente no supo toda la verdad.
Azara rescata el relato subterráneo que se teje entre todos y cada uno de los pueblos que forman nuestro país. Una historia de inmigrantes, de pobreza, de bebés apropiados y de corrupción teñida del calor y la tierra local. Coincido en que la lectura ideal de este libro es en una reposera mirando el mar, pero yo lo leí en colectivos lluviosos en la Ciudad de Buenos Aires y la experiencia fue muy buena. Es una historia que te atrapa, que te sumerge en el calor agobiante y no te deja salir hasta que no conocés el último detalle del "chisme". Me gustó que se estructure en capítulos cortos y que dure solo un fin de semana. A veces la vida es eso, pequeños momentos que hacen un gran todo y construyen nuestra identidad.
Lucía vuelve a Azara luego de muchos años, esta vez con Marina, una joven a la que ha decidido ayudar para encontrarse con su historia. El problema es quién puede ayudar a Lucía a resolver su propia historia? Marina sabe que nació en ese pueblo y que su madre la entregó en adopción, Lucía sabe que en su pueblo había una clínica donde los niños y las niñas era robados y comercializados, de hecho su director médico fue encarcelado, pero poco después puesto en libertad. Un libro super interesante, con una narrativa que atrapa y no querés dejar de leer. Claramente, si sigue la historia de Lucía, estoy!
Este libro es precioso y fue una gran elección para inaugurar el año. La narración me encantó, no sólo te mantiene atrapado hasta el final sino que además las descripciones son bellísimas y te transportan a Azara (casi que sentía la tierra colorada de Misiones en las piernas). Recomiendo fuertemente.
Muy monótono, tuvo unas cuantas partes que bien podrían no haber estado y el libro iba a seguir siendo lo mismo. Me costó seguirlo, pero me gustó algunos momentos de narración, sobretodo en las descripciones del pueblo, de las personas, no así de los sucesos en general.
Me gustó pero me quedé con sabor a poco en algunas temáticas. El desarrollo fue lento y el final muy rápido, pero creo que eso también ayuda al ambiente de verano en un pueblo como Azara. Me dejo con ganas de más
QUE BUEN LIBRO LOCOOOOOO! Me lo leí en dos días, te metes tanto en la historia que sentís que sos parte de ellos, y en parte me sentía una de ellas, porque yo también me llamo Lucía, que verdad tan cruda porque lo de los bebés, sigue pasando hasta el día de hoy… Super recomendado! /⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️