En vísperas de las Navidades del año 2000 aparece asesinado en su casa de Buenos Aires el profesor de biología Aníbal Doliner. El crimen le hunde las vacaciones a la secretaria de la fiscalía, Silvia Rey, que debe hacerse cargo de las diligencias. Las pistas apuntan a un taxi boy albino apodado Copito, que frecuentaba el piso del asesinado. Pero cuando parece que el caso está a punto de cerrarse, la cosa se complica y se cruza con otro asunto criminal en el que está involucrado un brujo africano. Conforme avanzan las investigaciones, todo se va enmarañando y resulta que nada es lo que parecía en un principio.
Y es que la investigación policial, con sus deducciones y conexiones inesperadas, se parece mucho a un juego al que Silvia Rey juega con su padre desde que era niña. Consiste en acumular referencias inconexas al mismo objeto. Si las referencias son dos, se llama «duquesa». Las duquesas son bastante comunes. Si el referente se manifiesta tres veces, ya sea como palabra, como imagen o en carne y hueso, entonces se trata de una tricota. Duquesas y tricotas, cadáveres y sospechosos, acertijos y respuestas.
¿Cuánto de lógica deductiva y cuánto de puro azar hay en la resolución satisfactoria de un caso policial?
Pablo Maurette ha escrito una novela detectivesca repleta de ingenio, con unos personajes impagables —empezando por la secretaria de la fiscalía y su padre— y que funciona como un sofisticado mecanismo de precisión narrativa.
Pablo Maurette received his BA in Philosophy from the University of Buenos Aires, an MA in Late Antique and Byzantine Studies from the University of London (Royal Holloway College), and a PhD in Comparative Literature from the University of North Carolina at Chapel Hill. Between 2013 and 2017, he was a Harper Fellow in the Humanities at the University of Chicago. And in 2018-2019, he was a Fellow at Villa I Tatti, the Harvard University Center for Italian Renaissance Studies.
Maurette specializes in Early Modern comparative literature and the Classical Tradition and his approach is trans-historical, multilingual, and interdisciplinary. His research focuses on the intersections between literature, science, and the history of ideas in the period between 1400 and 1650 in England, Italy, France, Spain, and the New World.
In 2018, he published The Forgotten Sense: Meditations on Touch (The University of Chicago Press), a collection of essays dedicated to the role that the sense of touch has played throughout the Western literary and philosophical tradition, from Homer to Karl Ove Knausgaard.
He also published three books of essays in Spanish: La carne viva (2018) and Por qué nos creemos los cuentos (2021), and Atlas ilustrado del cuerpo humano (2023); and a novel, La migración (2020), that has been translated into Italian and Romanian.
Maurette also writes for wider audiences in Lapham’s Quarterly (USA), La Repubblica (Italy), and Letras Libres (Mexico/Spain). His second novel, La Niña de Oro, is forthcoming with Editorial Anagrama (Spain) in 2024.
Al principio dije "está bueno pero no tiene final, nada se resuelve". Y quizás eso es lo que lo hace un policial argentino, que todo está ahí pero nada termina.
La resolución de la novela quizás no cumpla con las expectativas que uno puede tener del género policial... lo que podría considerarse tanto un defecto como una virtud.
En Buenos Aires, alrededor del cambio de milenio, un mórbido crimen sacude la vida de Silvia, secretaria de la fiscalía. La investigación la lleva a interesarse por el extraño mundo de los excluidos de la sociedad, los científicos tercos y los magos africanos. Maurette entrega un libro muy divertido y algo preocupante en cuanto a su imaginación. Desde mi punto de vista y con lo que pude entender en el lanzamiento del libro en la CDMX, al cual tuve el gusto de asistir, ese libro es, sobre todo, una excusa para escribir anécdotas refrescantes, describir personajes reales bajo el manto de la ficción y comunicar algunas costumbres divertidas que el autor ha recogido a lo largo de su vida. Me divertí leyendo sobre albinos, enanos, prostitución y especulación científica, con un toque de crimen organizado. Todo esto me llevó a reflexionar sobre cosas tan simples como la racionalidad y el aspecto místico de algunas personas. Me sentí transportado al Buenos Aires de hace 25 años. Creo que el hecho de haber podido conversar con el autor antes de la lectura del libro le dio un sabor gracioso e íntimo que despertó en mí el deseo de repetir este tipo de eventos, en los cuales los autores se enfrentan a un ejercicio complicado: el de mostrarse vulnerables, pararse frente al público, sin pudor.
Como paseo por Buenos Aires tiene su encanto y que el investigador del policiaco sea una fiscal le da un giro curioso a la novela de detectives, pero la narración es demasiado convencional, la detective antipática y la trama inverosímil.
Resulta siempre curioso hacerle caso a la publicidad que pregonan las editoriales, prestarle atención para que, a su manera, te vendan una novela. En este caso, llegué a “La niña de oro” por la charla que el autor sostuvo con Carlos Zanón dentro del canal de vídeos de la editorial. La novela se presenta dotada de “una frescura inusual para el género”, con ciertas novedades brillantísimas que el autor mismo atribuye a la escasa afición por el género, a su insuficiente interés a lo largo de los años como ensayista y profesor. Pero que, gracias a una idea que mantuvo durante diez años, se puso al día leyendo una lista de policiales, para escribirla. Otra de las garantías que prometen placer lector es que la novela es “magistral” en el estilo y el ritmo. Enrigue, Álvaro, asegura que es “alta literatura policial”. Pauls, Alan, también escribe maravillas de la novela. Llama al autor “renacentista depravado” y asegura que deben “Abstenerse los multitaskers”. ¿En serio? Pero aquí llega el giro de guion. Y lo diré como se dicen las cosas en la Baja Andalucía: —Andevá shavá, que tampoco es pa tanto. Sí, la lectura es ágil. Pero con esa agilidad joeldickeriana que acaba directamente en el olvido una vez han pasado dos semanas de haber leído la novela. -¿De qué carajo iba esto? -Ni idea. Se trata de una facilidad para leer muy buena y positiva para la gente que se encasquilla y no avanza en los farragosos párrafos de novelas que, según ellos, “son lentas porque no pasan cosas todo el tiempo, porque describen mucho la ciudad, a los personajes, lo que hacen los personajes y apagan la trama espídica poco a poco”. “La dejé”, aseguran como si la novela fuera una suerte de fentanilo trucho, quiero decir, falso. Un hecho similar me sucede con las SIETE novelas de Guido Guerrieri, el abogado de Gianrico Carofiglio. Se leen a todo meter. A todo puño. Pero una vez acabadas, desaparecen. No recuerdo la trama de ni una sola de las novelas, que, repito, son ágiles, se leen de un tirón con esa idea facilona y básica de lector de novela negra: saber qué ha pasado. Para cerrar el caso. “Aditivas”, que calificarías Álvaro Enrigue. “Abstenerse vazquezmontalbianos, paladeadores de estilo y amantes del policial que analiza una sociedad y sus males”, afirmaría Alan Pauls. El problema de esta forma de escribir es que van pasando capítulos y todo se hace plano, rápido, ágil pero escaso en sustancia, en profundidades de la trágico-stand-comedy humana. Y esta planicie o meseta afecta también a los personajes. No es que sean planos o tengan poco “arco”, como se argumenta en los talleres de escritura donde se ensaña el joeldickerismo. En la publicidad se afirma que son “impagables”. Cuando en realidad tienen que pagar su terraplanimo acérrimo. Y ahí entra lo raro: recordamos a los personajes por su aspecto (albino, enana) o por lo que toma (caramelos o corticoides). Y un detalle que me derrumba: ¿qué me dicen de la sagacidad de la protagonista que no sabe por qué come tantos caramelos el policía y tiene que preguntarle casi doscientas páginas después de reseñar ese detalle de su personalidad? ¿No se ha dado cuenta? ¿De verdad? -Joeldickerismo al canto. Pero vayamos a los trucos del autor para no ser Joel Dicker. ¿Cuáles? Como ya dijimos, Maurette se centra en lo raro, en el sentido que le da el tan citado Mark Fisher (oh, acabo de citarlo otra vez, meu deu). Es decir, el recurrir al albinismo o al enanismo o al volantazo de guion que nos merecemos: la magia negra, el curandero negro y su negocio de talismanes albinos. Maurette recurre continuamente a lo raro para que el personaje llame la atención, brille entre tanta meseta: científico independiente que no es científico, la extraña conexión con los albinos de Etiopía, un profesor húngaro (sí, si aceptamos Hungría como exotismo para un bonaerense) que tiene el libro de Linneo (aunque aquí vemos una suerte de capita de distinción novelística bourdieuana en el plano intelectual). El albinismo diluye su fuerza cuando aparece el primer libro del tema (en inglés) en el piso del asesinado. El que lee se dice: “ya verás que salen albinos o hay algo extraño y misterioso con los albinos”. Ea, pues salen rápidamente. Y todo al garete. ¿Se cree Maurette que somos tontos? No creo, pero es bastante facilón el recurso. Todo eso está ahí puesto para llamar nuestra atención en una trama, repito, bastante plana, lineal, por lo cotidiana (pero sin analizar realmente lo cotidiano a fondo, de verdad), sin giros peliculeros de thriller (esto es bueno). Solo sobrevive el escuálido y básico interés carofigliano de “saber lo que ha pasado”. Lo que unos analizan como “hallazgos del género” yo veo “trampitas”. También se habla mucho de la casualidad y de las Duquesas y de las tricotas como señuelo. Se explicita en la ficha del libro como si fuera algo importantísimo. Pero acaba siendo un recurso baratito que solo sale tres veces en la novela. Una para explicarlo, otra sin motivo y la última como guiño en el vacío. Porque es un detalle sin trascendencia. Y el truco final: el llamado “sofisticado mecanismo de precisión narrativa”. La secretaria de una fiscal lo único que hace es entrevistar a los testigos, sospechosos, amigos de la víctima y demás. Casi en fila. Lo más facilón del mundo. Apenas tiene que descolgar el teléfono y quedar con ellos. ¿Es ese el tan aclamado ingenio de Maurette? ¿Quedar día y hora con los implicados e interrogarlos? ¿Ya? ¿Eso era? Este sofisticado mecanismo es fallido. Sobre todo, a partir que sabemos qué le pasó realmente a Copito, cómo, quién y dónde lo matan. Entonces la novela se hace bola. ¿Para qué alargar más? ¿Para marearnos con ese humor (que incluye juegos de palabras de los que mejor no hablar como Copito-Coputo) que a mí no me ha sacado ni una sonrisa? Ah, es para hablar (¡Sí, por qué no!) de magia negra, de una sociedad enferma de magia y supersticiones. Porque el molinete de guion es contar toda la historia de un brujo que usa a los albinos para curar el mal. Echémosle al caldero, además del brujo negro emigrado, sacrificios humanos, dos macarras de barra brava que secuestran y mutilan, clientes adinerados, una red de gente importante y muy supersticiosa que compra talismanes albinos. Ja. El final, a la altura de lo dicho. Parece que todo está dispuesto, así en orden, para que el libro llegue a la gran masa de los llamados “no lectores” y allí encuentren su sitio, su goce de leer, su ración de “lo raro”, su pizquita de “misterio sin resolver por culpa del mal funcionamiento de la justicia y sus investigadores”, su mijita de “oscura conspiración”. Y olvidar. Todo está joeldickerizado: el título, el estilo, el ritmo, personajes. Menos mal que no alcanza el despropósito de vergüenza ajena de la “narrativa” de Joel Dicker en la que todo sucede por la mismísima cara porque solo lo afirma el narrador, y palante. Y aclaro, no veo mal que se lea a Dicker. Lo que no compro es que “eso” que perpetra sea buena literatura policial. Hay quien alaba el lenguaje argentino repleto de recontras, soretes, milanesas, tuco. Es la cuota de color local o trampantojo de lugar de enunciación. Porque la ciudad de Buenos Aires está ausente en la novela, no existe. No aparece. ¡Y además la Buenos Aires de 1999! La de la precrisis. La dejaste pasar, che. Aquí la ciudad es un decorado de cartón piedra de lo que al final es un capítulo de una serie de relleno que vimos a las dos de la mañana un martes de noviembre y que nos ha ofrecido un misterio que nos distrae con esa indolencia de los casos facilones que van sucediendo delante nuestra. Así. Aún así digo: me voy a leer su primera novela. A ver qué tal. Es una distopía. Deséenme suerte.
"La niña de oro" es un libro del cual el disfrute del mismo se verá condicionado de acuerdo a las expectativas de género literario que se tenga, y es uno de estos casos de aquel tipo de títulos que se ven acompañados de sinopsis no muy precisas o ligadas en cuanto al contenido de la obra.
Para empezar, si bien el libro tiene pretensiones de ser una novela policial, el acercamiento al género resulta ser en su media fase, puesto que también es en sí una exploración hacia la cultura y vida del ciudadano en Buenos Aires, Argentina. Tal es el motivo que lleva a contener diversos capítulos que, por sus propios medios, no aportan en lo absoluto al progreso de la historia, pero contribuyen a elaborar un bosquejo de la vida citadina bonaerense.
Igualmente, debe de resaltarse que los asuntos propios del género pretendido, como lo es la investigación que ocupa centralmente la historia, son los que más brillan dentro del mixto conjunto. Particularmente el último segmento de la narrativa es en donde más se ocupa en desentrañar los misterios del crimen, del cual parten afortunadas ideas creativas, conjurándose elementos de magia negra y corrupción que no muchas veces tienen oportunidad de presentarse en conjunción. En dado caso, lo negativo de esta faceta de la novela es su poca extensión, más tomándose en cuenta la corta extensión de esta novela.
Se tiene que cerrar comentando que su historia da a entrever posibles continuaciones, siendo esto muy común dentro del género. Pero mi interés en querer continuar futuros trabajos del autor (porque, tal como he dicho, cuando se ocupa del género policial sabe aportar contenidos frescos) se encontrará directamente suscitado a la presencia, dentro de la futura secuela, de un enfoque más restricto en aquello que realmente es lo que pudiera retener a un lector: La novedad en las ideas y escenarios planteados.
No está mal este libro, si bien creo que se queda por debajo, tanto de las expectativas como del planteamiento de la historia, que inicialmente es muy atractivo.
Un solitario profesor de instituto aparece asesinado en su domicilio, siendo la principal pista una relación que el mismo tenía con un chico de compañía albino (taxi boy según el argot manejado en el libro) que se encuentra desaparecido. La búsqueda del asesino por parte de la fiscalía argentina nos conducirá a conocer el funcionamiento de la policía y justicia de ese país, dibujada como ineficaz y corrupta. Junto a esta trama conoceremos la historia de un africano que practica magia negra para las altas esferas de Argentina, confluyendo ambas tramas en parte de libro.
un extravagante profesor de biología acaba de aparecer asesinado en su casa. silvia rey, secretaria de la fiscalía, asumirá las diligencias judiciales. a medida que el caso avance, silvia empezará a ver similitudes entre la investigación y un juego que ha practicado durante años con su padre, estableciendo conexiones entre hechos aparentemente no relacionados entre sí. si las referencias son dos, se tratará de una "duquesa". y si son tres, una "tricota".
"la niña de oro" es un peculiar híbrido entre novela policíaca y un supuesto juego de observación que, aunque prometedor en un inicio, termina tomando un rumbo frustrante. como thriller, la investigación es arquetípica —o directamente irreal: ¿en serio una secretaria de fiscalía debe recurrir forzadamente a su ex para obtener una información importante?— , la presentación de los sospechosos forzada y la temática escogida bastante anodina por mucho que se la haya querido contextualizar. como juego literario, la presencia de duquesas y tricotas a lo largo de la historia propone cierto juego con el lector, pero sin que en ningún momento sea tan relevante como para haberlo rescatado en la contraportada del libro como elemento diferencial de tantos otros relatos de investigación, culminando, además, en un final anticlimático que termina dejando la historia en un extraño e insatisfactorio limbo.
No hay acción trepidante, ni persecuciones, ni tiroteos, ni genios del bien o del mal. Hay funcionarios cansados, sobrepasados, voluntades que chocan con la falta de medios y los intereses. Hay relaciones que no son perfectas, gente con problemas, dudas y limitaciones que vive su día a día tratando de llegar a fin de mes. Hay casualidades, corazonadas y mucho trabajo. Lo que sí reconocemos del imaginario estadounidense es ese héroe solitario que lucha contra el mal, aunque Silvia Rey es argentina, lo que marca ciertas diferencias. El autor construye un caso interesantísimo con un ritmo lento pero sin pausa. La forma de narrar te atrapa y te lleva de paseo por Buenos Aires. Maurette, además, hace confluir varias historias, muy bien documentadas, con momentos de la vida cotidiana que les sirven de contrapunto, pero también de reflejo. Personajes humanos, bien construidos. Un caso misterioso. Un submundo (o mundo) oscuro y cruel. Una narración ágil y una prosa precisa y sobria.
Esta novela negra tiene las características que a mi me gusta encontrar en obras de este género: lenguaje original, en este caso los giros argentinos, en algunos casos cerca del lunfardo. Estar más cerca del arpa que de la guitarra, Más duro que un sanguche de tortuga; información relevante sobre el ambiente donde se desarrolla la trama, de los procedimientos policiales de la investigación. Información extra de algún aspecto de interés, en este caso sobre la situación de los albinos en África. Me ha desorientado que en un momento de la novela la voz pase de la investigadora que avanza entre sombras al narrador omnisciente; este cambio queda justificado a la conclusión de la novela con la resolución o no resolución del caso.
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Una de detectives en la que toda la información les llega a la oficina a los investigadores. Eso en cine es mala escritura. No hay deducciones ni juegos de ingenio ni pistas ni trabajo intelectual ni puntos de giro, solo informantes que aparecen de repente y avisan, a este lo mató este, o ese no es, es este otro. Y si no es un informante, es el propio autor que, para no poner a trabajar a la investigadora y dejarla que se divierta con alguno en el cine, cambia el punto de vista y nos explica a los lectores algunas truculencias secundarias. Eso sí, es toda una fiesta escuchar hablar a los porteños.
Lo que más me gustó fue la teoría de las duquesas y las tricotas. También los diálogos entre Silvia y Francisco, entre Silvia y Carucci, entre Silvia y Ana María. En definitiva, me enterneció la obsesión de Silvia, su mundo rico en historia que se entreveía en sus teorías opacado por lo meticuloso de su método.
Por momentos no pude parar de leer. Por otros tuve que dejar pasar días hasta reencontrarme con la historia. No me canso de decir que cuando un libro logra eso es porque está bien escrito. Espero seguir leyendo a Maurette.
Se supone que el policial es el género de la racionalidad, sin embargo Pablo Maurette convierte a su heroína en una fanática del azar desde la niñez. Y no será el pensamiento sino la aleatoriedad lo que la acerque a develar el misterio en el corazón de este libro. Me costó bastante el principio hasta que me di cuenta de lo muy paródico de su registro. Maurette usa el policial como un playground, lo llena personajes peculiares e inabarcables y los echa andar. Más que policial, un experimento.
Lo mejor que tiene (los capítulos alrededor del malauí) solamente me remitieron al trato muy superior (por desbocado, absurdo, desquiciado) que le dio Farrés en Las Series infinitas al albinismo. Capaz cuenta como duquesa.
Lo demás es color local que, bendito sea Maurette, logra ambientar una historia en Buenos Aires en 1999 sin caer en el fatalismo que, sin necesidad, hace de todo un anuncio agobiante del 2001.
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No me ha enganchado nada. Comienzo convencional, al llegar al sexto capítulo me he rendido. Aburrido. Complicado en su lectura porque está escrito siguiendo las formas de expresión coloquiales argentinas (voseo, ausencia de vocales en los sufijos verbales…) por no decir los errores gramaticales (esporádicos, todo hay que decirlo) cometidos por el escritor.
es atrapante y me ha generado intriga pero hacia el final se pincha mucho y queda todo sin resolverse. toda la parte final de *cierto continente* y esos capítulos me han parecido al pedo porque no suman mucho y me dejaron esperando más. otra cosa que me dio paja es que tiene algunos lugares comunes que ZzzZz pero en general me gustó.
Un policiaco! Escrito con humor, pero con humor porteño! Unos personajes muy bien cerrados! Una trama que te engancha y bien resuelta! Resultado OBRA MAESTRA! Esta novela pide a gritos que la pasen a película y que la secretaria de fiscal Silvia Rey sea @malenaalteriooficial !! La recomiendo y mi enhorabuena a su autor.
Increíble comienzo. Decepciona darse cuenta que a pesar de la cantidad de temas que involucra la historia, se queda con la resolución más aburrida, convencional, esperable de sus personajes, acercandose a la sorpresa pero eligiendo lo predecible, haciendo que parezca una sombra de un libro mejor.
Es entretenido pero el final es decepcionante: uno viene enganchado leyendo y es una pena que el final no tenga resolución. Las frases y lugares comunes que usa el autor cansan un poco, le pongo un tres porque el 85% del tiempo me enganchó.
me dejo un poco con ganas de más el final perooo me gustó mucho que el hecho de que la novela suceda en buenos aires se habla sobre las calles y lugares específicos ahí, los modismos también fueron algo que me gustó siendo mexicana el descubrir qué significaban fue interesante
Si es un policial es una versión entretenida a lo argento. Algunas situaciones me parecen divertidas pero en la medida que leía, tenía expectativas; alguna vuelta de tuerca. Pero nooo nada se resuelve.
Atrapante. En un primer momento el final me decepcionó. Pero después llegué a la conclusión que la historia terminó tal cual uno espera que termine un caso policial en Argentina. Y ahí me amigué con el final. Podría ser mi favorito del año.
Me ha gustado. Buena narrativa y personajes y ambientación muy lograda (yo paré un tiempo a pocas cuadras de la casa del profesor), pero le quito una estrellita por el Deus ex machina que se marca a 3/4 de libro. ¡Eso no vale, hombre!
3.5⭐️ Una lectura rápida, atrapante y, por momentos, perturbadora, como todo buen policial. No tiene nada de otro mundo, pero resulta muy entretenida. El final se resuelve de una forma algo vaga, aunque creo que sigue siendo una lectura ideal para una tarde, que se puede disfrutar sin problemas.
7/10. Libro corto escrito en español argentino. A pesar de que está muy bien escrito, no me ha terminado de gustar la historia. Final sin cerrar, y algún episodio narrado forzosamente. Entretenido para un rato.
De lectura rápida, te atrapa en la primera página. No se queda en detalles y aún así logra sumergirte en cada escenario de la historia. Lo lees como si vieras una serie, tiene el encanto leer argentinxs