Jump to ratings and reviews
Rate this book

Enseñar entre iguales: La educación en tiempos democráticos

Rate this book
La búsqueda de la igualdad no es simplemente un hecho, sino también una pasión que inunda todos los aspectos de la vida social. Fuerte e insaciable, ese ímpetu democrático ha modelado al hombre moderno, trayendo consigo avances indudables, pero también tensiones y puntos ciegos. La fragilidad del principio de autoridad es solo uno de ellos, y las consecuencias están a la vista tanto en las dinámicas familiares como en la esfera política. Sin embargo, el fenómeno se revela de manera especialmente aguda en un espacio que alberga gran parte de nuestras esperanzas: el sistema educativo.

¿Cómo justificar la autoridad en la sala de clases? ¿Es posible enseñar cuando la desconfianza en nuestros semejantes no hace más que agudizarse? Qué significa educar en democracia, educar a un igual? Sin desconocer el peso de la contingencia —y en permanente diálogo con ella—, en este ensayo de filosofía política Daniel Mansuy decide abordar este conjunto de interrogantes desde un ángulo novedoso, dirigiendo su mirada al fondo del asunto: los dilemas surgidos en el seno de la modernidad que hoy tienen a la educación en la encrucijada. A partir de autores canónicos como Tocqueville y Rousseau, y de la mano de pensadores contemporáneos como Bourdieu, Delsol o Meirieu, Enseñar entre iguales ofrece al lector una reflexión en torno a la naturaleza del vínculo educativo y, sobre todo, acerca del desafío —tan urgente como ineludible— de rehabilitarlo.

188 pages, Paperback

Published December 1, 2023

3 people are currently reading
16 people want to read

About the author

Daniel Mansuy

12 books22 followers

Ratings & Reviews

What do you think?
Rate this book

Friends & Following

Create a free account to discover what your friends think of this book!

Community Reviews

5 stars
0 (0%)
4 stars
4 (80%)
3 stars
1 (20%)
2 stars
0 (0%)
1 star
0 (0%)
Displaying 1 of 1 review
Profile Image for Franco Bernasconi.
107 reviews11 followers
December 24, 2023
Me pareció un libro bastante interesante. Su estructura me recordó a los de Carlos Peña. Es una aproximación desde la sociología y la filosofía política a la educación. Lo que ocurre en la sala de clases influye en la sociedad, es cierto, pero también ocurre en el sentido inverso: los cambios sociales afectan al aula.

La idea central del libro es que los valores democráticos han afectado y transformado la labor pedagógica. La democracia desemboca en un anhelo de igualdad entre las personas (Tocqueville), un deseo de horizontalización de las relaciones sociales (Kathya Araujo). Una vez todos nos percibimos como iguales nos olvidamos de nuestra interdependencia. Si todos somos iguales en sentido estricto, no hay nada que aprender de otros. Nadie es significativamente más inteligente que yo, no hay nadie a quien valga la pena admirar. Nos vamos encerrando en nosotros mismos. La educación se vuelve difícil en un medio que rechaza la superioridades intelectuales y, en general, cualquier tipo de autoridad. No habría nada que aprender del otro y tampoco se puede formar un vínculo significativo entre profesor y estudiante, pues todo vínculo requiere al menos un grado de desigualdad (Tocqueville). ¿Por qué yo, estudiante, debiera prestarle atención al profesor? ¿Por qué debiera creerle o hacerle caso?

La versión más pura de este proyecto igualador se puede ver en la obra de Rousseau. Un individuo aislado, alejado de la cultura, pues esta es la que pervierte al ser humano. Además, ningún niño o niña escoge la cultura que le es impuesta. En ese sentido este proceso tiene un aspecto violento. El Emilio: un estudiante sin familia, o al menos lo suficientemente alejado de ella, a cargo de un tutor que lo guía, pero que no le enseña. El ideal es que el estudiante pueda ser él mismo, sin interferencia de otros, sin recibir nada para lo cual no haya dado su consentimiento.

El homólogo de este proyecto igualador en el ámbito educativo es la obra del pensador francés Philippe Meirieu. En su visión de la educación el estudiante debe ser protegido de la autoridad que puede ejercer el profesor. Aquí los estudiantes no se unen a un mundo con ciertas reglas ya definidas; son ellos quienes deben crearlas. El profesor no debería ser amante de su disciplina (pues en ese caso estaría oculto su deseo de oprimir), en cambio debe ser experto en metodología, en el proceso mismo de enseñanza-aprendizaje. Pero si no pertenecemos a un mundo común, la fragmentación solo puede agudizarse. Además, no habría un método único para enseñar, pues este debe acomodarse a lo enseñado (Aristóteles).

En el cierre, Mansuy nos llama a pensar que es propio de la naturaleza humana el recibir una cultura que no hemos elegido. Ella es el punto de partida para pensar y para incorporarnos al mundo. Es cierto, esta cultura en algún sentido se nos impone, pero al tratar de evitarlo (como creen Bourdieu o Rousseau que debiéramos hacer), terminamos más cerca de la bestialidad humana que del buen salvaje. Parte de ser humano es aprender de otros, vincularse con otros, ser cuidado y amado por un adulto durante la infancia y, en general, pertenecer a un mundo que no elegimos. La relación pedagógica exige el reconocimiento de cierta superioridad, pero no por ello debe tratarse de un vínculo opresivo. Simplemente es la condición de posibilidad del aprendizaje humano.

Hasta aquí lo que opina Mansuy. Mi reflexión: es cierto que el vínculo pedagógico es clave para el aprendizaje. Sin embargo, me pregunto: ¿qué tan real es que todo vínculo requiere un grado de desigualdad, como dice Tocqueville? Creo que ahí está la clave para aceptar o no su tesis. Por lo demás, creo que todo esto se trata de una cuestión de grado. Diría que cierta igualdad es positiva en la escuela (si no, basta pensar en cómo eran las cosas hace 100 o 50 años atrás), pero el problema viene cuando esta llega con demasiada intensidad. Tanta, que efectivamente puede ser plausible pensar que no tengo nada que aprender de mi profesor.

Por último, adhiero al punto antropológico de los últimos capítulos. Pensar que la imposición de toda arbitrariedad cultural es violencia (como piensa Bourdieu) me parece que es poner al ser humano patas para arriba. Parte de serlo es pertenecer a una cultura que no elegimos, al menos en primera instancia. Después podremos elegir si salir de ella o no, pero no se puede pedir que los niños vivan en algo así como un estado de naturaleza acultural hasta ser adultos, ya que lo contrario sería opresión. Inevitablemente recibiremos aprendizajes explícitos o implícitos de nuestra familia, nuestra cultura, o incluso nuestro lenguaje, porque esa es la estructura fundamental del ser humano. Es condición necesaria de toda antropología filosófica razonable el hecho de estar inevitablemente inmersos en una cultura.
Displaying 1 of 1 review

Can't find what you're looking for?

Get help and learn more about the design.