Llegué a ese nivel de fanatismo por el animé de Gintama en el que a uno le dan ganas de volver a las fuentes y leer el manga. Suele pasar que los mangas salen perdiendo comparados con su versión animé, sobre todo aquellos con increíble animación, voces y/o música. En el caso de Gintama, si bien las voces de los personajes son buenísimas y la música es increíble, siendo que lo más importante es la inventiva, lo irreverente y el humor de su historia, se puede decir que el manga y el animé son igual de geniales. Es más, resulta muy interesante la forma en que cada uno de los medios condiciona el humor, sobre todo la ruptura de la cuarta pared, en un caso recordando al espectador que está mirando un animé, en otro mostrando al lector que está leyendo un manga (¡lo hicieron, Macedonio, lo hicieron!). La parte de la ucronía histórico-política de Gintama es increíble: aliens llamados amanto invaden el Japón feudal, arrasando con la cultura nativa y terminando con el estilo de vida de los samuráis, algo así como una parodia de la restauración Meiji y la invasión occidental-yankee a Japón. En ese contexto, los tres protagonistas, un samurái retirado aficionado a los dulces, el heredero de un dojo caído en desgracia y una extranjera con increíble fuerza que no para de morfar, aceptarán cualquier tipo de trabajo ocasional para subsistir, mientras se ven arrastrados en tramas absurdas, paródicas e irreverentes. Este primer tomo reúne los primeros seis capítulos de la historia y cuenta, básicamente, el encuentro de los tres personajes: es el punto de partida, lo mejor está por venir.