Setenta escritos (minificciones, desahogos e imaginaciones) que se pasean entre lo fantástico y lo real; asomos hacia el dolor y la incertidumbre que provoca estar a punto de caer, ver lo abismal e intentar traducirlo.
Me atrapó. Las primeras minificciones son como piezas que van construyendo (¿o debería decir "destruyendo"?) algo, jalándote hacia un abismo en el que te encuentras de pronto sin saber cómo llegaste. Como dice Jazmín en un breve aviso inicial, "ningún elemento ha sido pensado en condiciones céntricas". Va desgrananando las periferias que rodean a cada uno de los "bellos" centros desde los que formamos nuestro pensamiento, no desde un sentido necesariamente geográfico y socioeconómico (aunque en una buena parte sí), sino también desde el cómo comprendemos nuestra vida y desde qué realidades decidimos excluir de nuestra comprensión del mundo y trasladar a la periferia de nuestro entendimiento. No sé si me estoy dando a entender. El punto es que lo recomiendo.
Comparto el prólogo ("Pequeñas tormentas") que tuve el honor de escribir para este libro:
En su mítico estudio sobre el género —Breve manual para reconocer minicuentos (UAM, 1997)—, la venezolana Violeta Rojo propone cinco características esenciales: 1) brevedad 2) argumento definido o implícito 3) estructura proteica (ensayo, poesía, cuento, reflexión, anécdota, listado, fábula, palíndromo, definición, etc.) 4) lenguaje extremadamente cuidado 5) intertextualidad Y aunque 23 años después —La minificción ya no es lo que era (El Taller Blanco Ediciones, 2020)— la propia Violeta confiesa que mientras más estudia la minificción menos certezas tiene sobre el género (pero que justo esa incertidumbre —esa niebla y nube y titubeo— es lo que la hace tan atractiva), los “experimentos” de Jazmín García Vázquez cumplen a cabalidad esas características esenciales. Además, su “nubosidad” (que augura tormentas) es lo que vuelve tan original, íntima y transgresora a esta colección. Así como lo hizo Violeta, en mi primera aproximación a estos abismos logré vislumbrar cinco grandes temas (o preocupaciones) en los que podríamos agrupar su poética:
Lo marginal. Como Jazmín nos lo advierte, sus elementos no fueron pensados en condiciones céntricas; este es un libro periférico, para leerse en las orillas. Y no sólo geográficas, sino también en la gama de sus personajes (que viven angustiados por llegar incólumes a la quincena, por alcanzar el último camión que los acerque a casa o porque su sexualidad no sea rechazada de forma violenta).
El género. Jazmín conoce muy bien las posibilidades de los géneros literarios para abordar reclamos de género. “Érase más de una vez” los representa de forma magistral, pues le da voz —como lo hiciera Angela Carter en La cámara sangrienta— a ocho “princesas” de los cuentos de hadas (Cenicienta, Rapunzel, Caperucita, Aurora, Ariel, Blancanieves, Bella y Alicia) para denunciar las diferentes violencias machistas de nuestros tiempos.
La dualidad. La tinta de Jazmín está hecha de azogue y le gusta garabatear los reflejos distorsionados de las dicotomías bien-mal, cielo-infierno, grotesco-sublime, vida-muerte.
El desencanto. Cada línea transpira el hartazgo, el cansancio y el sinsentido ligottiano que asfixian tanto a la autora como a sus personajes.
El horror corporal. El miedo a la pérdida de la identidad —manifestado a través de la enfermedad, la desfiguración y la muerte— infecta cada una de sus páginas.
(En una segunda reflexión, todas estas preocupaciones podríamos considerarlas cualidades fantasmagóricas.)
Por todo lo anterior (y en especial sobre lo que no se dice, que es donde reside el verdadero encanto del género) propongo —además de leerse en las orillas— que al mismo tiempo en que se abra el libro se abra un paraguas, pues no sabemos si nos enfrentaremos a una lluvia suave que apacigüe nuestras angustias o a una tormenta torrencial que nos hunda en el lodo.
Este libro fue elegido como una lectura alterna de uno de los clubes a los que pertenezco.
Enfocándonos a las mini ficciones sobre las protagonistas de los cuentos infantiles famosos.
Cada una de ellas abarca ideas desde una perspectiva que nunca si quiera hubiera imaginado. Palabras que desgarran, que desnudan y que reflejan el horror y dolor.
Varios fueron mis favoritos.
Esperaré con ansias leer el segundo libro en el Club de lectura.
Tan breve como precisa, así es la narrativa de estas minificciones, donde el terror de lo cotidiano va acompañado de arquetipos, maldiciones y un toque de antifantasía. Y ya que las princesas no quieren ser parte de la corte y los ángeles han sido desterrados, en esta miscelánea de lo terrorífico, el Doctor Simi es el rey.
Alerta de spoiler: no me había dado miedo hasta que la autora al final tituló la última serie como “estas tampoco son minificciones” y la frase “basada en hechos reales” quedó retumbando por la eternidad.
Nota. Lo de arriba es mitad mentira, la piel de gallina ya la traía desde el primer relato. Y aunque algunas de estas minificciones no superan las cinco líneas, sí quedan retumbando, y esos ecos me carcomen, conversan entre ellos, me quedo escuchando sus voces.
Nota 2. A Quiroga. Ninguna gallina fue degollada en ninguna de estas minificciones.
Aproximaciones desde el abismo es un libro de minificciones que, desde sus primeras páginas, advierte que «Para mejorar las condiciones de la siguiente práctica se aconseja leer el libro situándose en una orilla (ninguno de los elementos ha sido pensado en condiciones céntricas)». Al encontrar esta advertencia pensé que Jazmín se refería a un espacio físico; pero conforme avanzaba entendí (desde mi punto de vista) que la invitación es otra: salir de lo conocido —de lo céntrico— para cuestionar todo lo que hemos normalizado. Este libro consigue que unas cuantas líneas sean suficientes para dejarte reflexionando durante un buen rato.
No. Mucho ruido y pocas nueces. Esta escritora encarna perfectamente bien el problema de la literatura actual en México: la pretensión y el esfuerzo cansino por querer sorprender. La escritora se asume como la heredera de una tradición literaria mexicana entre cuyas principales exponentes destacan Adela Fernández y Amparo Dávila (al menos así lo deja entrever en las entrevistas, y vaya que abundan; pareciera más preocupada por este ejercicio superficial que por escribir), y es tal la necesidad de querer llenar los zapatos que en ese ingenuo intento se queda cortísima. Sería mejor desprenderse de la pretensión de llamarse autora de terror y ciencia ficción y dedicarse en serio a buscar un registro propio. Este libro se siente más como una copia de todo lo que la.autora ha leído he imparte en sus cursos. Eso: este fragmentario es más un recorrido apresurado por la bibliografía de sus cursos. No siempre todos los que enseñan pueden escribir obras notables. Estos... ¿textos? No pueden ser tomados como minificciones sino como fragmentos de algo que no termina por cuajar. Muy parecido a lo que pasa con ese libro de "culto" al que su prologuista le rinde pleitesía: Los sueños de la bella durmiente, que cuánto daño ha hecho a sus adeptos. Es lo malo de escribir y esperar que el círculo de influencias más cercano diga: "Oigan, este libro es buenísimo. Yo se los recomiendo". Qué perniciosa es la influencia de ciertos autores en la obra de un autor novel. Quizá es tiempo de dejar las entrevistas y los focos y ponerse a escribir en serio. Segundo libro que leo y segunda decepción. Pensé que por usar un formato mucho más breve la autora demostraría el talento que tantos dicen que tiene. Otra decepción.
Hubo momentos que no me tragué, la mayoría siendo las reimaginaciones de las "princesas" sin embargo, hay fragmentos muy sólidos, intrigantes y varias frases destacan por encima de sus historias. Hay una mejoría en relación al libro anterior con todavía mucho espacio a la perfección del estilo y forma.
Es el segundo libro de la autora que leí. Esta microficciones siento que las desarrolla bien, cada uno tiene un enfoque diferente, no necesariamente todo es terror. En este libro se descubre una voz más oral en el estilo narrativo, que se harán presentes en su último libro _Más allá de la carne_. Sin duda una buena opción para esos ratos en que tienes libre y quieres leer ligero.