Vuelvo al título: Pasivas. Bitácora sexual. “Pasivas”, repito. Me digo que, aunque se pretende sinónimo de “sumisas”, el vocablo bien puede ser reemplazado por “insumisas” (también por “desobedientes”, “impúdicas”, “rebeldes”), pues se trata de un cuerpo penetrado/sometido que elige su propio quiebre como ocasión para pensar, problematizar, dar testimonio, fabular y declarar a cielo abierto sin pudor alguno. Es decir, se trata de un cuerpo que hace de su desgarradura el lugar de su enunciación. Así, esta escritura borra con su solo gesto la frontera normativa que suele dividir a las personas “entre quienes ejercen el poder y las que son poseídas”. Por ello, si “pasiva” responde a una lógica binaria que clasifica las conductas según la posición de los cuerpos, esta Bitácora reinventa el vocablo para cargarlo de ironía, fuerza lúdica, promesa de aventura, posibilidad de reflexión y cuestionamiento.
Es una sumisa muy pedidora que de tanto enamorarse de los hombres se agotó. No presentó su tesis pero sí estos retazos de incomodidad. Escribe sobre la memoria trans y ahora incursiona en la autoficción.
“Existió alguna vez la lengua de las mariconas: palabras que provocaban arcadas a la sociedad. Hoy, nuestras consignas son arropadas por el hetero y aplaudidas cómo inclusión en su tóxica y envenenada sociedad”