¡Ufff, tremendo! ¡Esta vez, sí he sentido miedo!
En El color que cayó del cielo, H.P. Lovecraft nos presenta un relato buenísimo, cargado de horror, ciencia ficción y una atmósfera siniestra en todo el sentido de la palabra. Dicen que los relatos antiguos —y yo también lo pienso— no suelen generar miedo a las personas que vivimos en esta época porque pasan los años, cambia nuestra cultura, nuestros pensamientos, y de la misma forma también cambian nuestros temores y miedos más profundos; no obstante, en este relato no aplica esa condición, ya que realmente sí se siente el miedo en las palabras de Lovecraft. Quizás la combinación de ciencia ficción y horror es la que permite que esto suceda. Lovecraft usa la hipotética caída de un meteorito a la Tierra como centro de su historia, y un evento así, naturalmente siempre será objeto de especulaciones, debido a la ignorancia que tenemos con respecto a lo que verdaderamente se encuentra en el espacio exterior. Por tanto, pienso que esta historia no tiene fecha de vencimiento. De la misma forma en que este cuento generó miedo a muchas personas en el siglo XX, asimismo puede causarnos miedo a nosotros, a los del siglo XXII, a los del siglo XXX, etc., siempre y cuando hayan incógnitas relacionadas al espacio exterior: Es decir, por mucho tiempo, ¿verdad?
Otra razón importante para que este cuento cause miedo al lector es por su inicio. En la parte inicial Lovecraft usa descripciones muy bien detalladas que permiten que como lectores nos adentremos en su mundo, imaginando el movimiento y sonido de los árboles, el silencio de la noche, el cambio de colores, etc. Si logramos imaginar un escenario con aquellas descripciones, sentiremos que nunca nos gustaría estar en un lugar así. Hace pocos días finalicé de leer una colección de cuentos de Edgar Allan Poe, que se destaca justamente por la misma característica de describir escenarios, y por ello puedo decir con seguridad que es notable la fuerte influencia de Lovecraft hacia las características narrativas del autor estadounidense. Su prosa ha sido muy buena, la estructura de su cuento muy bien planeada, y el ritmo de la lectura fue ligero del inicio hasta el final.
En verdad me ha gustado mucho. De hecho, tengo que confesar que efectivamente sentí miedo porque me sumergí mucho en la historia. Quizás leyéndola a la luz del día no produzca esa sensación, pero la noche es diferente porque es misteriosa, silenciosa y mágica. Yo, he leído este cuento a la una de la mañana, en una habitación oscura, en silencio, y en un segundo piso. Les dejo a su imaginación, la cobardía que sentí, cuando comprendí que tenía que orinar y necesitaba ir al baño que queda en el primer piso.
Leer esta historia ha sido como un creepypasta sin fecha de vencimiento, que me dejó claro la hora a la que debo leer a Lovecraft en el futuro. Relato muy recomendado.