Desde la primera página, el autor aclara su afán: dar al lector un Acapulco de bolsillo; la geografía espiritual y física de un lugar inabarcable. Para esto, conocedor del oficio, camina y recorre —a pie y en carro— la postal del sitio, la leyenda, el sueño y la pobreza de lo que es, debiera ser y dejó de ser Acapulco por el hambre de políticos que malvenden todo a extranjeros con la billetera llena.
La denuncia del libro es múltiple, dando espacio a todos los sectores para agregar su porción de verdad y mentira. El militar dice: "Por esto mato al guerrillero"; el guerrillero agrega: "Por esto mato al militar". El comunista preso y el que lo metió en la celda se justifican —todos santos y todos diablos— en la poliédrica realidad en que les tocó nacer. La fe, que en un lugar así, violento y desenfrenado, pareciera no tener cabida, la obtiene a base de sacrificios inverosímiles, con pocos hombres y mujeres que saben que están en tierra estéril. Sus relatos son especialmente estremecedores por la bestialidad de los guerrerenses, que llega en algunos puntos a hacer tambalear el relato oficial de "tierra de oportunidades y goces" que prometen sus innumerables playas.
Y así, consecutivamente, Garibay pasa de un público a otro, haciendo hablar al lanchero, la mujeruca, los millonarios, los gringos, el periodista comprado, al hotelero, la madrota, los guaruras, las sirvientas, los borrachos... Lo que digo de hacerlos hablar es tal como suena: replicando obsesivamente, y sílaba a sílaba, la palabra, el modo y la forma de cada hablante, para que el que lo lea escuche con su propia voz, y como en grabadora, al minúsculo protagonista de cada historia.
Aunque su estilo no deja la complejidad en ningún momento, entreverando los relatos como el barullo de una plaza llena, se tiene la certeza de asistir a algo que nos supera. En número, en cantidad, por el dolor y la dicha. Un Acapulco de bolsillo. Sí. Eso es el libro.
Este libro me resultó complicado, cada página exigió toda la atención ya que la manera en que está escrito no daba descanso y si cualquier distracción terminaba perdido en la trama. En pocas palabras el libro trata de Acapulco, trata precisamente sobre la ciudad, pero no está contado de una manera tradicional, sino que pareciera que uno es un acapulqueño caminando entre las calles y escuchando distintas historias de la gente que vive ahí; desde las casas y zonas más exclusivas, hasta los lugares más marginales, de como es su día a día, el día de un político en campaña caminando por las calles y platicando con los reporteros sobre sus promesas, o la de un sicario contándote sobre su reputación.
Para lograr este efecto, el de ser un peatón, Garibay toma muchísimos recursos literarios: ensayo, crónica, cuento, relato y otros tantos, para luego mezclarlos en una sola narrativa, iniciando el párrafo como una crónica termina con un minicuento conectado con una anécdota, es un ritmo vertiginoso.
Enciclopédica crónica de una sórdida realidad. Narración poética de los desposeídos y opulentos actores de nuestro mágico Acapulco. El señor se compromete a desafiar con humildad la percepción del mexicano sobre su mítico paraíso, no sin aplicar retórica y metáfora de lo que significa esta infernal provincia. Ricardo Garibay hace un tour de force, de sacrosanta maestría, para contar las historias más recónditas del puerto, y yo sin poderlo adivinar, me quedo anonadado por su anécdota pero también por sus imágenes de enaltecida divinidad literaria. Hasta envidia me causa, su ojo, su ángulo y su prosa. Te quiero mucho Acapulco.
Este libro me resultó complicado, cada página exigió toda la atención ya que la manera en que está escrito no daba descanso y si cualquier distracción terminaba perdido en la trama. En pocas palabras el libro trata de Acapulco, trata precisamente sobre la ciudad, pero no está contado de una manera tradicional, sino que pareciera que uno es un acapulqueño caminando entre las calles y escuchando distintas historias de la gente que vive ahí; desde las casas y zonas más exclusivas, hasta los lugares más marginales, de como es su día a día, el día de un político en campaña caminando por las calles y platicando con los reporteros sobre sus promesas, o la de un sicario contándote sobre su reputación.
Para lograr este efecto, el de ser un peatón, Garibay toma muchísimos recursos literarios: ensayo, crónica, cuento, relato y otros tantos, para luego mezclarlos en una sola narrativa, iniciando el párrafo como una crónica termina con un minicuento conectado con una anécdota, es un ritmo vertiginoso.