Este libro me resultó complicado, cada página exigió toda la atención ya que la manera en que está escrito no daba descanso y si cualquier distracción terminaba perdido en la trama. En pocas palabras el libro trata de Acapulco, trata precisamente sobre la ciudad, pero no está contado de una manera tradicional, sino que pareciera que uno es un acapulqueño caminando entre las calles y escuchando distintas historias de la gente que vive ahí; desde las casas y zonas más exclusivas, hasta los lugares más marginales, de como es su día a día, el día de un político en campaña caminando por las calles y platicando con los reporteros sobre sus promesas, o la de un sicario contándote sobre su reputación.
Para lograr este efecto, el de ser un peatón, Garibay toma muchísimos recursos literarios: ensayo, crónica, cuento, relato y otros tantos, para luego mezclarlos en una sola narrativa, iniciando el párrafo como una crónica termina con un minicuento conectado con una anécdota, es un ritmo vertiginoso.
Enciclopédica crónica de una sórdida realidad. Narración poética de los desposeídos y opulentos actores de nuestro mágico Acapulco. El señor se compromete a desafiar con humildad la percepción del mexicano sobre su mítico paraíso, no sin aplicar retórica y metáfora de lo que significa esta infernal provincia. Ricardo Garibay hace un tour de force, de sacrosanta maestría, para contar las historias más recónditas del puerto, y yo sin poderlo adivinar, me quedo anonadado por su anécdota pero también por sus imágenes de enaltecida divinidad literaria. Hasta envidia me causa, su ojo, su ángulo y su prosa. Te quiero mucho Acapulco.
Este libro me resultó complicado, cada página exigió toda la atención ya que la manera en que está escrito no daba descanso y si cualquier distracción terminaba perdido en la trama. En pocas palabras el libro trata de Acapulco, trata precisamente sobre la ciudad, pero no está contado de una manera tradicional, sino que pareciera que uno es un acapulqueño caminando entre las calles y escuchando distintas historias de la gente que vive ahí; desde las casas y zonas más exclusivas, hasta los lugares más marginales, de como es su día a día, el día de un político en campaña caminando por las calles y platicando con los reporteros sobre sus promesas, o la de un sicario contándote sobre su reputación.
Para lograr este efecto, el de ser un peatón, Garibay toma muchísimos recursos literarios: ensayo, crónica, cuento, relato y otros tantos, para luego mezclarlos en una sola narrativa, iniciando el párrafo como una crónica termina con un minicuento conectado con una anécdota, es un ritmo vertiginoso.