Es como una autobiografía de Dominique Lapierre, como una línea de tiempo de las historias que ha escrito y que lo cambiaron.
"La pena de muerte sólo da miedo a los hombres honrados. ¡A los otros no!"
Y si las historias de Lapierre te gusta, como a mí que me encantan, que cada vez que pierdo la fe o las ganas de leer, agarro un libro de su autoría, y sin sanseacabó, porque vuelvo y me dan ganas de decir a viva voz: "¡Así es que se deberían escribir las historias."
"Aunque la adversidad sea grande -como decía el gran poeta bengalí Tagore- el hombre es aún más grande que la adversidad."
Las historias detrás de las historias. El detrás de cámaras de cómo se enamoró de un tema, de un sitio, de un personaje, y junto a Larry Collins, su amigo y compañero de escritura, o cuando escribía solo, aquí, en Mil soles, es la oportunidad de entender mejor, si dudas te quedaban o lagrimas te sobraban.
"Pero Dios parecía haber olvidado la sala de llegada del aeropuerto de Lod."
No me he leído todo de Lapierre. Y me dio una lástima tremenda porque me perdí lo bello que es verle las costuras a las historias, y al mismo tiempo me dio una alegría tremenda, porque tengo la fortuna de tener 3 a 4 libros que pintan que la historia es brutal.
"Okomoto: "verdadero momento de éxtasis durante los cuales cada uno de nosotros podía meditar como un poeta haku sobre el carácter efímero de la vida de las mariposas."
Es como leer historia y filosofía revuelto con chisme. No hay nada mejor. Bueno, estar ahí en el momento de los hechos, pero seguro algunos no los soportaríamos.
"En Yalta, una anciana llegó a implorarnos que deshincháramos un neumático "para respirar el aire de París". Radio Moscú había anunciado nuestra expedición y nos esperaban por doquier en una ambiente febril."
Un libro que muestra por qué las historias de Dominique Lapierre fueron escritas como con el dedo de la inspiración. Tal vez lo único que había, y fue suficiente, era un ser humano honesto, profesional y muy buena persona, escuchando y tomando nota. Con eso fue capaz de escribir historias que no te dejan que las abandones. Y cuando terminan, quedas mal, porque la historia humana es de por sí un mar de lagrimas, y a la vez, quedas a la vez muy bien, como liviano. Sabiendo de historia y un poquito de humanidad.