Vera tiene 13 años y está rodeada de silencios. El de su padre, tan violento, mientras espera el juicio que puede acabar de romper a su familia. El de su madre, tan repentino, encerrada en una casa de reposo donde van a parar quienes se han convertido en molestia. El de todos los adultos que la rodean, tan injusto. Vera es totalmente inadecuada y no tiene ni idea de la vida.
El verano borbotea y Vera se refugia en su rumor. En el arrullo del río, en la algarabía de la vendimia, en la inquietud de los primeros besos sin sordina. Mientras garabatea “me la suda” en los papeles y busca por todas partes quien le explique qué pasará después de estos meses eternos, pasa el rato con un extraño hombre vestido de monja que se mueve en bicicleta, bebe de los charcos y se arroja desde las alturas. Pero Vera solo quiere gritar.
Después de sorprender al público lector con su libro de relatos EN LA CELDA HABÍA UNA LUCIÉRNAGA, Julia Viejo nos vuelve a enamorar con su novela MALA ESTRELLA.
En esta novela de ficción onírica, la autora nos cuenta la historia de Vera, una chica de trece años que intenta encontrar su lugar en un mundo que se desmorona. Su familia ha sido sacudida por un escándalo de corrupción, las rarezas de su madre han pasado a ser demasiado preocupantes... y va a tener que pasar ese verano en un caserón familiar de pueblo cargado de silencios. Cerca de allí, una institución psiquiátrica ejerce sobre la chica una atracción que la llama como la luz a las polillas. Y, en medio, los chicos de su edad, tan distintos a ella, con familias normales y futuros esperanzadores.
Julia Viejo tiene una gran capacidad literaria y es capaz de encontrar poesía en lo cotidiano. Sus textos están cargados de imágenes evocadoras de una belleza tan deslumbrante como incómoda. Estupendo libro, estupenda autora. Se hablará mucho de ambos este año.
No voy a olvidar a Vera. No voy a olvidar como va creando su propia visión de la vida sin tener ni idea de ella con tan solo trece años. Comienza a descubrir el mundo adulto y va desarrollando la autoculpa, la inseguridad, el dolor y a la vez la aceptación de todo esto por la indiferencia recibida de sus grandes influencias, sus padres. Una historia dramática llena de situaciones complicadas, contada desde el desconocimiento, la inocencia y la imaginación que puede llegar a tener una adolescente que no tiene ningún tipo de guía. Una historia contada desde la soledad pero que a la vez está llena de momentos divertidos por el particular tono de humor que usa la protagonista sobre ella misma y sobre todo y todos los que la rodean. Hace ya días que terminé de leerlo y me deja con una sensación de nostalgia porque hoy todavía sigo pensando en Vera. Estoy segura que pasa a ser uno de mis libros favoritos de este año.
Un coming-of-age español que podría catalogarse como una carta de amor en forma de novela a El sur, de Víctor Erice y que me ha encantado. Los paralelismos con la película están ahí: transcurre en La Rioja y aparecen detalles como la figura del zahorí, la entrega de un colgante del padre a la hija, etc.; por no hablar del peso de la relación paternofilial. Además, la protagonista de la película se llamaba Estrella: otro añadido referencial al título del libro (que alude a la canción de Imperio Argentina).
Sin embargo, la primera novela de Julia Viejo es más que eso. Habla de cómo se heredan las maldiciones familiares y cómo cambian de forma, igual que un broche de oro que se funde y se convierte en un grueso anillo, más tarde en dos alianzas y tras una nueva fundición en un collar. Y hay herencias que erosionan, que dejan cicatriz. Habla de puertas que se abren y se cierran, de ocultar las realidades que incomodan y, por qué no, de los primeros besos y de la imaginación como vía de escape a la realidad.
Cuando se centra en el aprendizaje de las cosas del mundo de los adultos que nos son desconocidas lo hace evitando el enfoque de “la pérdida de la inocencia”, tan manido en este subgénero. Vera no es inocente en el verano en que cumple trece años. Ha crecido conviviendo con el conflicto entre la grandeza del abuelo y el no estar a la altura del padre, un personaje tan frío como vilipendiado. Crece y ve la imagen idealizada de su abuelo fragmentándose (como una estatua a la que le arrancan un brazo) cuando los vecinos del pueblo mencionan la palabra “cacique”. La institucionalización de su madre es otro añadido a la lista de circunstancias que hacen de Vera un personaje obligado a madurar en algunos aspectos antes de tiempo.
Me quedo con la evolución del lugar que ocupan para Vera sus padres a medida que avanza el relato; cómo es consciente de quién es su padre y eso le hace rabiar y, por otra parte, el modo en que la relación con su madre se va acercando a una especie de comprensión y reconciliación. Hay páginas para enmarcar. La relación con Miguel y Carmen me parece muy tierna, y la subtrama de Ana y Hattie directamente me ha roto el corazón. Qué necesario.
Me ha parecido una novela conmovedora y emotiva en cuyos diálogos (frescos y agudos) y situaciones hilarantes se advierte el ingenio chispeante que Julia Viejo demostró en su primer libro de cuentos, que tanto me gustó.
Ojalá su voz, como la señora del Colegio, no se muera nunca.
«Me decía que estaba hecha de otra pasta y yo me la imaginaba de diversos materiales, áspera o espumosa, hasta que llegué a la conclusión de que mi madre realmente era metálica. Brillaba pero se hundía, como las monedas de la suerte en los estanques. Y a medida que yo crecía ella se iba haciendo más pequeña, cada vez más callada y más quieta, se olvidaba de las cosas y me hacía olvidarlas a mí».
Es raro, es bonito, es onírico, tiene mucho encanto y sobre todo mucha rabia. La prosa de Julia es como un sueño de esos que te dejan pensando varios dias.
De pequeño quiero ser como Vera. O como León. Gracias, Julia Viejo, por llevarme al verano, a la infancia y a una vivencia extraordinaria en lo más mundano.
lo que más me ha gustado de este libro ha sido cómo de verdad está escrito tan desde esa voz en crecimiento. hay huecos en la lectura que reconstruyes porque eres mayor, porque entiendes secretos que de niña se te negaban. eso es muy bonito. y los personajes femeninos, su manera de observar a Vera, de velar por ella como pueden… ❤️🩹
En 𝘔𝘢𝘭𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘳𝘦𝘭𝘭𝘢 la voz de Vera resulta fresca, ácida y auténtica; la trama familiar que descubre está llena de silencios, heridas y una carga que pesa como una losa. El inicio atrapa con misterio, tensión y revelaciones. Sin embargo, hacia el final el ritmo se ralentiza, lo simbólico gana terreno sobre lo narrativo y esa fuerza inicial se diluye un poco. Es una lectura con estilo, temperamento y tema relevantes, aunque no logró mantenerme entusiasmada hasta la última página.
Sí, pero no. Sí porque está narrado desde la voz de una niña de 13 años y a mi las narraciones en voces de niños me enamoran el alma. Pero no, porque no sé por qué no he llegado a conectar. Es tierna y dura y adorable y la he disfrutado, pero no. Y Vera me parece un personaje muy potente, pero me faltó algo. No eres tú, soy yo seguro leyendo todas las buenas críticas que tiene.
Hace un par de años me enamoré de la forma de escribir y del mundo que Julia Viejo creó en su libro de relatos “En la celda había una luciérnaga”, en los que hacía gala de una imaginación y un talento desbordantes, con una peculiar mezcla de cotidianidad, magia, esperanza y un humor absurdo que conseguían ponerte cara a cara con una realidad incómoda de mirar en ocasiones. Ahora se pone de largo (y nunca mejor dicho) con la publicación de su primera novela, “Mala estrella”, la historia de autodescubrimiento de Vera, una chica que se resiste a crecer, pero que se verá forzada a hacerlo a lo largo de un verano en el que dejará atrás a la niña que fue.
Vera tiene 13 años y vive rodeada de silencios. Su padre está implicado en un caso de corrupción y se encuentra a la espera de juicio, y su madre ha perdido el control y se encuentra ingresada en una casa de reposo al cuidado de unas monjas. Vera pasa los días de verano sola en la casa familiar, convirtiéndose en centro de los cuchicheos y rumores de los vecinos. Mientras el verano, cargado de incertidumbres, avanza lentamente, Vera trata de buscar respuestas en el río, en un amor de verano y esos primeros besos, o en compañía de León, un hombre vestido de monja que se pasea en bicicleta.
“Mala estrella” es un viaje por uno de esos veranos que te cambian para siempre, en el que veremos el mundo a través de los ojos de una niña cuya mirada va dejando atrás la inocencia de la infancia a medida que pasan los días. Vera se encuentra en esa difícil etapa de la vida en la que no sabes bien quién eres, pero tampoco tienes claro quién quieres ser, y el mundo a tu alrededor no te lo pone nada fácil, ya que muchas veces eres invisible para él. Dice la contraportada del libro que “Vera solo quiere gritar”, y al leer su historia, tú solo quieres darle un altavoz para que por fin sus gritos sean escuchados.
Vera tiene que enfrentarse a los silencios, silencios atronadores, a la incomprensión y a la soledad, no disponiendo de las herramientas necesarias para defenderse de todo ello. Debe enfrentarse a unos padres ausentes y a una incomunicación familiar que le llevan a desarrollar su mundo interior, encontrando en León esa vía de escape que le permite huir de su día a día y alguien con quien compartir esos sentimientos y sensaciones que necesita expresar.
La voz de Vera resulta de una frescura apabullante. Inocencia, ternura, rebeldía y humor van de la mano en una voz infantil que conoce los problemas a su alrededor, pero no tiene ni idea de cómo resolverlos, habla con la mayor naturalidad de realidades sórdidas, pero no es plenamente consciente de sus implicaciones, con un perfecto equilibro entre la ironía o el cinismo y la candidez e ingenuidad de la infancia.
En “Mala estrella” realidad y ficción están separadas por una fina línea, con un costumbrismo salpicado de elementos mágicos, en el que la magia es necesaria para poder sobrellevar la propia existencia. Con una prosa cuidada, delicada y detallista en su justa medida, la autora consigue crear multitud de imágenes poéticas y evocadoras que consiguen trasladar al lector la belleza incómoda de lo sórdido.
Con “Mala estrella” Julia Viejo confirma lo que ya se intuía en “En la celda había una luciérnaga”, y es que ha venido al mundo de la literatura para quedarse, demostrando una vez más un enorme talento y tener una mirada que no solo mira, sino que también ve.
si hubiese leído la sinopsis de esta novela, sin saber la autoría, no creo que le hubiese dado una oportunidad. pero creo que eso es precisamente lo bonito de tener autoras favoritas: te invitan a arriesgarte.
julia es originalidad, tanto en forma como en fondo: mala estrella me ha parecido una novela divertida, dura a ratos, conmovedora, y creo que funciona muchísimo contarla a través de la lente de una preadolescente de 13 años, la edad más caótica del mundo.
me la leí en un fin de semana y ahora solo me toca esperar, pacientemente, a la nueva historia loquita que nos quiera regalar julia
Julia Viejo siempre escribiendo tan bonito y definiendo a la perfección a las que fuimos niñas raras (ahora ya adultas raras), acompañando la historia de secundarios maravillosos. Tierna y fuerte. Es combinar un mini vestido de flores con botas militares.
Algo falla cuando un libro está escrito desde el punto de vista de una niña y a mí no me encanta, porque estas historias son mi punto débil y, sintiéndolo mucho, en esta no he podido entrar.
Para mi gusto, una novela juvenil ejemplar. Está muy bien escrita y, lejos de los tópicos, aborda una historia de fin de la infancia y de la inocencia desde la atención a la riqueza (y las zonas oscuras) del mundo de su protagonista, Vera, cuya mirada no es que condicione cómo conocemos todo, porque no media sobre nada: es lo primordial. Se trata de seguir su transformación, su aprendizaje, de entender la relación que ella establece con un entorno que es hostil en muchos aspectos, pero donde también hay todavía espacio para la ternura y el descubrimiento; la familia de ella puede ser lo que sea, pero, al fin y al cabo, ella es una niña. Precisamente el libro es más y más emocionante cuando Vera tiene ocasión de conocer bien a quienes tiene alrededor, acercarse a quienes forman su ecosistema y nadar en esa tensión entre lo que podemos llamar la maldición de la sangre (o su mala estrella, simplemente), lo más coercitivo y condicionante sobre la identidad, y los caminos y oportunidades que anárquicamente siempre abren todo lo que hay alrededor en la vida, como la irrupción repentina de un señor vestido de monja que te quita una magdalena. Hay además pasajes literarios realmente hermosos, especialmente en el último tramo. Me perdí el libro de cuentos de Julia Viejo el año pasado, pero me alegro de haber llegado a este libro y confío en recuperar el anterior pronto.
Estaba escéptico al principio pero UFFFFFFFF. Me ha recordado gratamente (y salvando las distancias) a Los Mariachis de Remón (pueblo, corrupción, el padre que lega a su hijx un accesorio que es un símbolo…). Una cosa sutil y construida de a pocos, con una prota que aprende y que no deja de ser extraña pese que a mucha gente me gustaría erradicar sus rarezas ❤️🩹
Un libro que mi niña de trece años interior todavía necesitaba, por allá en la época en la que cada verano, como Vera, rezaba para que no fuera el último. Julia Viejo, mientras encuentra poesía en lo cotidiano, ayuda a cerrar heridas que años después siguen abiertas.
Con todo el dolor de mi corazón he de confesar que he sido incapaz de entrar en la novela. Me ha costado un montón terminarla. Igual era yo que no estaba receptivo para una historia así, pero es que me ha resultado algo difusa y redundante. Venía entusiasmado con los cuentos que publicó, pero aquí no he conectado nada. Una pena, aunque igualmente estaré pendiente de lo que haga porque por encima de todo, escuchándola hablar me parece una chica majísima esta Julia
Al final mejora y se recrudece, pero no he llegado a engancharme a nada. Especialmente pesado todo lo relacionado con el Colegio. Me ha gustado que no cuente explícitamente toda la historia del padre, especialmente con las píldoras finales (las iniciales bastante burdas). Creo que la autora tiene un buen estilo y cosas que contarnos, pero le falta terminar de centrar el tiro, a mi modo de ver.
Este libro sin duda es un río. Un rumor subterraneo que se nos presenta transparente y metálico, a veces divertido y a veces despiadado, arrastra inevitablemente y cala si te sumerges. Necesario en tiempos de sequía.
Con solo 13 años, Vera tiene que afrontar el verano más difícil de su corta existencia. Hace unos meses que se ha mudado al pueblo, donde su familia es la comidilla por un escándalo político y su madre está encerrada en una casa de reposo. Además, está en tierra de nadie entre ser niña para algunas cosas pero casi mujer para otras, y carga con el peso de la 'Mala estrella' que la acompaña desde hace generaciones.
Lo reconozco: tengo debilidad por las historias de adolescencia y descubrimiento protagonizadas por voces que rozan la consideración de bichos raros. Quizás sea porque yo siempre me he considerado un poco eso, un bicho raro. O quizás ya que mi adolescencia fue anodina, falta de emoción, de exploración y efervescencia, ahora vivo historias como la ideada por Julia Viejo como si fuese un relato aspiracional a destiempo.
La novela me tenía ganado de inicio, y el clic se hizo realidad desde las primeras páginas. Y todo pese a que me pasé los primeros capítulos buscando que apareciese algo que no llegaba. La sinopsis me daba a entender que habría un tono más fantasioso por la descripción de un personaje (León) que, en realidad, aparece muy bien integrado en la cotidianeidad de Vera. Desde que asimilé que se trataba de una impresión y descarté ese componente, la disfruté incluso más por lo que es, en lugar de por lo que esperaba de ella.
Aun así, es cierto que el componente onírico está ahí. Es una novela donde las imágenes tienen una carga importante y le dan una gran riqueza al texto. A través de ellas conocemos mucho más a Vera, que pasa mucho tiempo refugiada en su propia mente, en parte por la falta de apoyos y en parte también como forma de suplir los silencios que la rodean.
Esos silencios harán que algunas tramas no estén del todo resueltas, pero al estar narrada en primera persona y desde el punto de vista de ella debemos comprenderlo y no exigir que tenga acceso a conocimientos que le son negados sistemáticamente.
Vera es, en conjunto, un personaje muy entrañable, con una voz muy rica y una gran consciencia de sí misma que, lejos de intentar encajar, busca justo lo contrario. Julia Viejo recoge perfectamente en ese carácter solitario (pero que también necesita de apoyos) el cóctel hormonal donde conviven en armonía la frustración, la incomprensión, el despertar sεχυal, la imaginación o la rebeldía. Su mundo, tanto el real como el ficticio, está lleno de pequeños detalles que nos trasladan a él sin esfuerzos, aunque al igual que Vera, sí querríamos poner todo nuestro empeño para cambiarlo.
Un coming of age singular. Hay locas y monjas y besos con lengua y gatos y amigos imaginarios una familia disfuncional corrupción estatuas vandalizadas y alguna lesbiana. Quizás la trama no sea trepidante ni extraordinaria, pero el libro está escrito con mimo, sembrado de metáforas de lo cotidiano que dan brillo a las páginas. Julia Viejo practica una escritura sensible, plástica, que en los momentos más lúcidos se pega al mundo y lo convoca.
Pese al tinte de fábula de algunos pasajes, los personajes rehúyen el maniqueísmo. Guarda parecidos con matilda, o con cualquier novela en las que las circunstancias obligan a una niña a apañárselas con el mundo por su cuenta, llevándonos de la mano para mirarlo a su manera. Transportarse al punto de vista infantil o adolescente sin fracasar estrepitosamente en el intento me parece una proeza y un regalo. Creo que la autora conserva mucha de la imaginación desbordante atribuida a la infancia (quizás esto se aprecie más en su antología de relatos) y por eso logra esculpir este texto anfibio, en sus propias palabras, entre dos edades que se extrañan y se entrecruzan.
En definitiva, me ha gustado, es cuqui., aunque he tardado en terminarlo. No ha sido un deslumbramiento, pero conservo la sensación cálida de los destellos poéticos de algunos pasajes.
Por lo general me suelen encantan los coming of age. Este es un coming of age que me ha sorprendido ya que el género suele girar en torno a la pérdida de la inocencia de sus protagonistas. Aquí nunca hubo una inocencia que perder y el viaje de Vera, con sólo 13 años, no va de eso sino de la aceptación del mundo tal como es y del lugar que le han dejado ocupar sus circunstancias. Me encanta Vera como narradora. Me ha encantado leerla descubrir las pocas cosas buenas que se han querido asomar a su mundo y que le han ido dando las ganas de no continuar la maldición familiar, al menos este verano. Pensaré durante mucho tiempo en abuelos caciques, monjas circenses, puertas cuyos ambos lados pueden ser excitantes y coplas sobre mujeres condenadas.