Hace un año, durante mi tercera cita con un madrileño alto y guapo fuimos a una tienda pequeñita por Lavapíes. Habíamos visto un reloj azul en el escaparate, y queríamos saber el precio. “¡Seguro que sale caro!” —pero no. Al final nos cobraron 15€ por un reloj que era tan guay que no nos lo podíamos creer. Mientras ese madrileño hablaba con la gente de la tienda, yo me puse a ver los libros. Saqué un libro y pagué el eurito que me pidieron. Sonaba esa canción ‘Como Camarón’ de Estopa, y hablábamos de la misión de la tienda, una tienda solidaria para los niños con piel de mariposa, una enfermedad genética.
Más tarde, dejé este libro en el piso del madrileño para tener una excusa para volver—clásico, ya lo sé. ¡Y funcionó! Nos besamos por primera vez esa noche, y sigue siendo el mejor beso de mi vida. Después de esa noche estuve leyendo el libro poco a poco. Lo estaba terminado hasta que el tío va y me dice que solo quería ser amigos. Me sabía mal leer un libro que nos había unido, así que lo dejé.
Un año después, hace unas semanas, lo empecé de nuevo, y acabo de terminarlo. Ha sido un verdadero placer experimentar esta historia tan hermosa. Se cuenta con una voz tan real, tan sincera, que no he podido leerlo sin sonreír. Cuenta una historia sobre el primer amor de un chico de 16 o 17 años, sin filtro. ¡Qué bonito el amor! Tan bonito como este libro.