Relata la epopeya de un grupo de hombres y mujeres tras la búsqueda del mineral de plata en el norte de Chile, en 1842. Hasta allí llegan aventureros de todas partes del país para hacerse millonarios por un golpe de suerte. Chañarcillo se constituye en una obra clave en la dramaturgia nacional.
Antonio Acevedo Hernández (Tracacura, Angol; 8 de marzo de 1886 - 1 de diciembre de 1962)1 fue un prolífico escritor y dramaturgo chileno, de formación autodidacta. Escribió teatro, novela, cuento, crónica literaria y periodística, ensayo, poesía popular y recopilación folclórica. Su obra, junto a la de autores como Germán Luco Cruchaga y Armando Moock, consolidó los inicios de la dramaturgia chilena.
Premio Nacional de Arte mención Teatro en 1954.
Su trabajo rebelde, diferente, que hizo historia en la creación teatral y artística, siempre unido al pueblo, a la masa anónima que con sus dramas, vivencias y simpleza inspiraban su creación.
A la primera lectura que hice me pareció una obra sin ningún sentido, sin ninguna gracia, pero después de leerla una segunda vez me pareció un escrito realmente divertido. Es verdad que los personajes son machistas y que el trato hacia la mujer deja mucho que desear, sin embargo, el autor debió escribirlo de esa forma para representar las fechorías y los vicios en los que caían las personas de aquellos lugares en determinada época. Por lo anterior, puede llegar a ser una lectura bastante turbia y pesada; ahora, si elegimos verla desde el lado cómico y más reflexivo, es una obra muy completa y armoniosa. En el fondo la obra está rodeada de poesía y situaciones muy reales, da a entender la vida tan pesada en la que solían desenvolverse los mineros chilenos, y lo hace a través de distintos puntos de vista, de modo que podemos penetrar desde todos los ámbitos en esta obra tan potente y tan linda.
El chuncho canta y el indio muere, no será cierto, pero sucede.
LA PLANCHADA: Vos te callái, roto intruso, perejil sin hojas... Digo que es cuestión de decir sí a tiempo..., cuestión de ojito, de estirar la mano y sacarla cerrá. Los hombres son como los relámpagos en materia de amor, se apagan en cuanto nacen. Hay, pues, que aprovecharlos.
EL CHICHARRA: Ustees saben que yo vine del sur, que soy lo que se llama un maucho. Vine... no sé por qué... Tenía fuerzas en los hombros y firmeza en las piernas y me llamaban los caminos... Cuando cantaba, parecía que me contestaban dende lejos.
LA CARMEN: Señor, yo no estoy con nadie, acostumbro a estar conmigo misma.
PEDRO EL SUAVE: Soy güeno porque es más cómodo. Al desierto me lancé no a buscar riquezas, quise encontrar la muerte, y como la muerte es mujer, tamién se m'escondió. Soy cmo todos, aunque a veces me salga la conversación medio parecida a la de las personas decentes...
A mí me llaman Chicharra y soy bueno pa cantar; soy valiente pa pedir y cobarde pa pagar. (Bebe).
EL CHICHARRA: No sé si estoy loco o embrujao; pero oí cantar los derroteros, oí hablar los caminos.
Trae fortuna y amor, trae una pasión inmensa, pero duro es el corazon, del amor de Juan Atienza.
LA CARMEN: Yo tomo por toos, y... porque Atienza no me quiera, no me gusta que me quieran.