Una familia que vive campo adentro. Un embarazo no deseado llena el universo de miedo y precariedad. Marta toma la decisión de realizarse un aborto con la curandera del campo. La situación se complica exhibiendo el terror que desviste la decisión. Villamil aborda la maternidad desde el deseo descarnado de cada uno de los personajes que tejen su historia en ese encierro rural. Aunque haya tierras por recorrer y montes por andar, los alambrados serán una trampa.
La historia enclavada en el campo de provincia de Bs as, un campo pobre, escaso, seco. Acá las mujeres que son parte de un mismo territorio nos van relatando sus experiencias (gran hallazgo: cada una de ellas toma la voz en cada capítulo) experiencias siempre acuciantes, descarnadas, solitarias que nos hacen sentir la atrapante necesidad de seguir leyéndolas. Las mujeres como sostén de mujeres. En estas historias nada llega a buen puerto quedándose en ese campo, aunque no queda otra. En el súmmum de la locura, retraso mental, desesperación, depresión, aborto y desamor, queda un resto de fe de un pasado que tal vez en algún momento fue mejor. Hermoso: los detalles y descripciones poéticas de climas que nos trasladan a las escenas como si las conociéramos. Me sentí cerca de estas mujeres, tal vez pienso, tiene que ver con sentir que nuestras madres o abuelas pueden haber vivido alguna situación de este relato..
Dos familias, o mejor dicho sus mujeres, las desigualdades sociales, el campo profundo sus cosmovisiones... y algo de Sara Gallardo que subyace. Me gusta además cómo está contado: va y viene en el tiempo y la historia la narran diferentes voces. Tiene con una prosa sencilla pero al hueso. Nada de pretensiones. De esos libros que no pasan como uno más porque algo te mueven y una vez que lo terminas, te quedas extrañando a sus personajes.
Un drama rural, una tragedia en los bordes de la sutileza y la tormenta de los sentimientos. Bellísima. La escritora escribe hermoso y los personajes se quedan con vos, con esa tristeza que te provoca el campo adentro.